Galería: Estas son las fotos de Damien Fellous, el francés que se internó en la selva Nariño, 2009. Un grupo de la guardia indigena Nasa se reune en formacion, durante una Minga Humanitaria destinada a encontrar los cuerpos de la familia indígena Awa, víctima de una masacre cometida por guerilleros de las FARC. Foto: Damien Fellous
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Galería: Estas son las fotos de Damien Fellous, el francés que se internó en la selva

María Rodríguez - Octubre 3, 2018

Hablamos con uno de los fotógrafos más experimentados en el cubrimiento del conflicto armado colombiano.

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En 2007, cuando la política de seguridad democrática estaba en el ojo del huracán, los ataques contra la libertad de prensa eran constantes. Cada dos días, según la Fundación para la Libertad de Prensa – FLIP – , se registraban agresiones contra los comunicadores. Ser periodista en Colombia, especialmente en regiones, no era tarea fácil. Por esa época, Damien Fellous, fotógrafo francés, se obsesionó con retratar el conflicto armado y logró entrar a lugares inhóspitos. Justamente ese año, 2007, retrató las filas del ELN.

Cauca, 31 de diciembre de 2007. Unos jóvenes guerrilleros del frente étnico ‘Benkos Bioho’ del ELN celebrando el año nuevo en una gallera. Foto: Damien Fellous

Fellous pensó que permanecería un tiempo en Colombia, uno o dos años como máximo. Haciendo fotoperiodismo encontró un largo camino por recorrer. En 2007, Ingrid Betancourt estaba en la boca de todos por las imágenes de superviviencia que mostró las Farc de la rehén. Ingrid, colombo-francesa, conmovió a Europa con las imágenes. Esta situación motivó a Damien para internarse en las entrañas de la insurgencia. “En Francia se hablaba muy poco del conflicto y lo que se hablaba, se hablaba mal. La información era muy imprecisa”, nos explicó Fellous, quien ahora vive en Cali.

Intentó buscar a Betancourt entre las filas farianas, pero la entrada fue imposible por la lucha constante entre las Farc y el Ejército. No obstante, el fotógrafo logró llegar al ELN y allí entendió por qué la guerra tenía que acabar en Colombia: “La mayoría de los combatientes eran menores de edad, muy poco capacitados. Muchos estaban ahí porque no había otra autoridad en la zona en la que vivían. No era gente que luchaba por sus ideales, sino que solo estaban ahí; no entendían nada de política, eran pura carne de cañón”, nos contó Fellous sobre sus días en los montes del Cauca.

Chocó, diciembre de 2017. Oficial del ELN con un preso perteneciente a las Autodefensas gaitanistas. El CICR rechazó organizar la liberación, y los elenos simplemente soltaron el joven paramilitar, a pesar de que él pedía presencia de una institución por miedo a que sus ex-compañeros de las AG lo mataron antes de que pudiera salir de la zona. Foto: Damien Fellous

Desde lo más profundo de la selva, su visión sobre la insurgencia cambió para siempre. Antes de su encuentro con los elenos, creía que la lucha guerrillera tenía un objetivo claro: tomar el poder político a través de las armas.

Tenía este imaginario sobre la guerrilla de la izquierda en Colombia porque a los 17 años fue novio de la sobrina de Carlos Pizarro, el máximo comandante del M-19. El romance comenzó a finales de los ochenta, cuando Pizarro mandó a su madre a Francia, quien se volvió muy amiga de una tía de Damien. Valeria, la sobrina de Pizarro, fue a visitar a su abuela y lo conoció en sus vacaciones.

Valeria regresó a Colombia en 1988. Ese mismo año Damien vino a visitarla. “Cuando llegué no sabía nada del país, solo que había muchos gamines en Bogotá, que se cultivaba marihuana y del café famoso, ni siquiera se sabía mucho de la coca”, recordaba Fellous.  

La mamá de su novia trabajaba como periodista en el periódico de la Unión Patriótica, y mientras Valeria se iba al colegio, ella le hablaba sobre la represión contra el Partido Comunista, sobre la “guerra sucia” del Gobierno. El fotoperiodista rápidamente se dio cuenta que la familia de su novia no tenía una inclinación política: “Todo fue muy obvio y se hablaba abiertamente del M-19 y de Pizarro”.

En medio de las conversaciones vespertinas, Damien decidió hacer un documental del M-19 para mostrar parte de “la guerra sucia en Colombia”. Antes de realizarlo tuvo que regresar a Francia para recoger dinero e intentar financiarlo. Estando en Europa apeló a una beca, con un compañero, para financiar el documental. A los encargados del premio les dijeron que ya tenían acordada una cita en los campamentos del M-19, que en ese momento (1989), se encontraba en medio de un proceso de paz con el Gobierno.

En Francia les otorgaron la beca, pese a que el contacto con el M-19 no estaba definido. Con cámaras recién compradas y sin idea sobre periodismo ni conflicto armado, los dos jóvenes llegaron al país, “yo a esa edad no le tenía miedo a nada. Tenía 19 años y cambié el curso de mi vida”, relata Damien de su segundo viaje al país.

Cuando llegó, contactó a la mamá de Valeria para entrar al campamento del M-19.

– “¡Ni locos!”, les decía “eso es un suicidio y los van a matar”.

– “Pero vamos a parecer unos bobos con los del premio”, le respondieron.

– “¡Bobos, pero vivos!”, les gritaba la mamá de Valeria y periodista de la Unión Patriótica.

Las conversaciones de paz en esa ocasión fueron en el municipio de Santo Domingo, Cauca. Entonces, los dos jóvenes franceses, al ver que la mamá de Valeria no los iba a ayudar, abrieron un mapa y cogieron un bus para Santo Domingo. Cuando llegaron al destino, muy cerca a Santander de Quilichao, alquilaron un campero para llegar al campamento.

Damien cuenta que el viaje fue muy fácil de hacer: “Pasamos tres retenes de Policía y dos retenes de la guerrilla. Éramos dos jóvenes de pelo largo, pero estaba claro que éramos extranjeros y justamente por eso nos dejaban pasar a cualquier lugar. Decíamos que éramos periodistas y veníamos a cubrir desde Francia el proceso, entonces no nos preguntaban nada ni nos pedían acreditaciones. Es esa época había muy pocos extranjeros y nuestra cara de ‘gringos’ nos abría muchas puertas en muchos lugares”.

Entonces, sin mucho problema, llegaron al campamento del M-19. Filmaron algunos momentos importantes,  como las votaciones internas para saber si firmaban la paz con el Gobierno y cuando decidieron que partido político se iba a llamar AD M-19. Sin mucha experiencia, los dos franceses no filmaron mucho material y volvieron a su país rápidamente: “Era bastante inocente, si ahora tuviera un hijo y quisiera hacer eso, le diría que está loco”, nos explicaba Damien por teléfono.

El documental, como lo previeron sus directores, fue muy malo por la falta de experiencia y apenas se mostró en algunas casas culturales en pueblos cercanos a París. Pero al final, como cuenta Damien, “se me pegó el virus de Colombia y el periodismo”. Estudió en Francia y volvió al país después de 10 años con la idea de hacer fotoperiodismo, eso sí, no sin antes haber viajado por el mundo durante cinco años para capacitarse “y sentirme listo para Colombia”. En 2007, llegó a Colombia con su novia y desde ese momento ha retratado todo tipo de historias. 

Cuando le preguntamos sobre el Acuerdo de Paz con las Farc, Fellous dice que lo ha visto con buenos ojos y ha notado que el gobierno “tiene un interés en ver la paz en términos de desarrollo a través de proyectos sociales”. Por el lado de la guerrilla, y hablando con los militantes, se dio cuenta que “desde el Plan Colombia entendieron que no había camino por la vía de la lucha armada, al final la lucha armada puede ser un obstáculo para tomar el poder. Las guerrillas de izquierda vieron esto con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela, de Rafael Correa en Ecuador y de Evo Morales en Bolivia”.

Además de entrar a las filas elenas durante un tiempo, se dedicó a retratar la realidad de las comunidades afrodescendientes e indígenas. “Me interesaban mucho las luchas sociales dentro de la comunidades, por eso me acerqué a las comunidades afrodescendientes en el Chocó y las comunidades indígenas en Putumayo. Es una forma de lucha no armada, donde existe  una voluntad social  para defender los derechos propios de las comunidades. Con mi trabajo intenté hacerle publicidad a estas luchas”.

Suárez, Cauca. Un pequeño minero tradicional de la Toma, después de lograr la cancelación de la consulta previa de la comunidad de la concesión dada a la minera multinacional AngloGold Ashanti. Foto: Damien Fellous
Bogotá, 2011. El Taita Victor Jacanamijoy liderando una ceremonia por el agua en la plaza Bolívar. Foto: Damien Fellous

Damien tiene un interés especial en la lucha de los líderes sociales que han sido asesinados desde que se firmó el  Acuerdo de Paz en 2016. Sin embargo, hablar de líderes sociales le parece “un poco raro, porque organizar las comunidades y pelear por derechos en un Estado democrático es algo completamente normal”, y la connotación de líderes sociales es vista como algo peligroso en Colombia, “los líderes solo levantan acciones no violentas que terminan al final pagando con sus vidas”, dice Fellous.

Damien está seguro que su nacionalidad le abrió muchas puertas. En los últimos años los países nórdicos son los que más han pedido las fotos y las historias de Fellous. En un principio, mantuvo su bajo perfil “para trabajar de forma más serena entre sectores insurgentes. Al ser un país tan polarizado, ambos lado pueden molestarse con mis fotografías”, explica.

Sin embargo, al ser francés, no tenía “legitimidad para explicarle a los colombianos sus propios conflictos, entonces me descalificaban. En cambio para Francia soy un legítimo conocedor del conflicto colombiano”. Por esto, para contribuir a lo que el país le ha dado, decidió abrir una agencia de fotografía en Cali llamada Mira-V. De esta manera, quiere llenar a Colombia con fotografías que “contribuyan a la reconciliación del país”.

Más de sus fotos a continuación: