Al fracking no le quedará tan fácil llegar a Colombia
La resistencia ha funcionado: el fracking no la tendrá tan fácil en Colombia Foto: Observatorio petrolero sur opsur.org.
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La resistencia ha funcionado: el fracking no la tendrá tan fácil en Colombia

Santiago Valenzuela A - Febrero 18, 2019

El país desconoce por lo menos el 85% de su agua subterránea, un factor clave para dimensionar los efectos de la fracturación hidráulica

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Fracturar las rocas en el subsuelo colombiano para extraer petróleo es una escena que, por lo menos en el próximo año, no vamos a ver. Esta fue una de las conclusiones a las que llegó  la Comisión de Expertos que creó el Ministerio de Minas para evaluar la posibilidad de implementar la técnica del fracking en Colombia.  ¿Una buena o mala noticia? Depende de quién responda. Lo paradójico es que tanto al gobierno como a los grupos ambientalistas les parece una decisión negativa: al primero porque esperaba una ruta rápida para sacar adelante los proyectos de fracking en el Magdalena Medio. A los segundos porque al final la Comisión dejó abierta la puerta para una técnica inexplorada en Colombia y que puede, como lo han demostrado estudios en otros países, afectar las fuentes hídricas y a los ecosistemas.

Aunque la Comisión no ha entregado el informe final – se prevé que lo haga en dos semanas – existen, por lo menos, las siguientes certezas que reveló en una presentación preliminar: las comunidades afectadas desconfían de los efectos del fracking y de las supuestas compensaciones que recibirían; no se ha cumplido con la Ley de Transparencia y Acceso a la información pública; se necesita capacidad institucional, capacitación de personal; una tecnología desarrollada; regulación ambiental, un plan de salud para la población que habita en los alrededores de los  proyectos; mecanismos de participación de veeduría ciudadana y la construcción de una línea de base social que garantice, como mínimo, salud en las comunidades, beneficios económicos y la supervivencia de los ecosistemas terrestres y acuáticos.

Esta serie de requisitos difícilmente la cumplen otros países, de ahí a que los expertos concluyan que, como mínimo, pueden pasar dos años mientras el gobierno se prepara para el “fracking seguro”. Este término ha sido rechazado por los líderes que defienden el medio ambiente en las zonas donde el gobierno quiere sacar adelante proyectos piloto de fracking, como en Puerto Wilches, Santander, municipio en el que Exxon Mobil realizaría la primera operación. James Murillo, activista ambiental de la zona, nos dijo que no confían en los planes del gobierno actual: “Nos preocupa que se deteriore el recurso hídrico, en ese tema no hay ninguna garantía y los expertos pareciera que lo confirman. Si los métodos tradicionales siguen generando afectaciones como el derrame del pozo de La Lizama el año pasado (vistió crudo todo el mes de marzo), ¿qué nos hace pensar que van a controlar el fracking? Si antes no tenían en cuenta a las comunidades, ¿por qué creeríamos a que ahora sí?”.

Algunos de los expertos – principalmente  los que no han trabajado antes en proyectos petroleros – coinciden con el escepticismo de Murillo, algo que seguramente no le gustó a la ministra de Minas, María Fernanda Suárez. Si el gobierno quiere ejecutar un proyecto piloto debe entregar la información ecosistémica, hidrogeológica y de eventos sísmicos en el territorio a intervenir. La empresa que lo hagas debe gestionar una licencia social para la exploración y, como se decía antes, identificar las afectaciones ambientales que se pueden causar en el área de influencia.

Otro requisito que planteó la Comisión, y que no es menor, es que la empresa y el gobierno definan los mecanismos para identificar las utilidades que van a ser transferidas a las comunidades por el “fracking comercial”.  El gobierno, antes de pensar en otorgar alguna licencia, tendrá que presentar un plan de fortalecimiento de las entidades que participan en el control ambiental de este proceso, como la ANLA (Autoridad Nacional de Licencias Ambientales), el Ideam, las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR), la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), entre otras.

El concepto inicial de la Comisión de Expertos está en sintonía con la postura del Consejo de Estado, tribunal que suspendió las normas que el gobierno creó para las normas de exploración y explotación de fracking. La razón de fondo es la misma: no existen suficientes garantías para evitar consecuencias irreversibles en el territorio. En San Martín, Cesar, Barrancabermeja y Puerto Wilches ,Santander, la Comisión encontró que las comunidades rechazan el fracking por la ausencia de información transparente, la distribución desigual de ingresos o, en otras palabras, por las pocas compensaciones económicas que reciben.

Este último aspecto no es menor: según Ecopetrol, con el fracking Colombia podría tener unas reservas adicionales de 5.000 millones de barriles de crudo. Con esta dudosa técnica, el país pasaría de producir 100.000 barriles diarios da 400.000 barriles de crudo liviano. Los cálculos de Ecopetrol son los siguientes: el país tiene una reserva de 2.000 millones de barriles, lo que garantiza una autosuficiencia de seis años aproximadamente. Utilizando el fracking, argumenta la empresa, el periodo de autoabaestecimiento podría triplicarse.

Hasta ahí, las supuestas bondades. Lo difícil, y que la Comisión de Expertos al parecer tuvo claro, son los efectos que esta técnica puede tener en la naturaleza.

¿Es difícil cumplir esos requisitos?

Sí. La misma comisión de expertos lo dijo: el país desconoce por lo menos el 85% de su agua subterránea, un factor clave para dimensionar los efectos de la fracturación hidráulica – de hecho, el Atlas de Aguas Subterráneas solo cubre el 30% del territorio– . Recordemos que en el “fracking” se utilizan pistolas de perforación de rocas a más de dos kilómetros de profundidad. Estas pistolas inyectan agua y arena con alta presión y liberan alrededor de 800 químicos tóxicos para que sea posible el fluido de hidrocarburos dentro de los tubos. Cuando estos fluidos ascienden es cuando se pueden contaminar las fuentes hídricas. Además, para explotar estos pozos se necesitan alrededor de 10 millones de litros de agua.

Por ahora no está claro si quiera cómo se van a construir esas tuberías enormes cubiertas de concreto que tendrán 2 o 3 kilómetros de profundidad y que no afectarían, supuestamente, los ecosistemas. Existe, sin embargo, un riesgo latente: si el agua se filtra por errores en la construcción de la tubería o la fractura de la roca es incontrolable, el petróleo y los gases podrían mezclarse con el agua subterránea. ¿Qué tecnología van a utilizar las empresas como Exxon Mobil para fracturar las rocas en subsuelo colombiano? No se sabe. Por eso una de las obligaciones es entregar todos los detalles sobre la operación.

De acuerdo con la Asociación Colombiana del Petróleo, existen por lo menos 12 pozos de petróleo que pueden ser explorados con la técnica de fracking y esperan que el gobierno pueda cumplir pronto con las condiciones. Sin embargo, en la otra orilla está la Alianza Colombia Libre de Fracking, que asegura que no hay forma, hasta ahora, de evitar consecuencias ambientales, como los millones de litros de agua con los que se fractura la roca que quedarán contaminados y será imposible verterlos nuevamente en las fuentes hídricas.

Ahora, es importante decir que Colombia no empieza de cero. El gobierno de Juan Manuel Santos identificó 43 zonas en las que se podría extraer petróleo de manera no convencional. Las regiones en donde se realizarían los primeros proyectos serían Santander, Cesar, Bolívar, Antioquia, Cundinamarca y Tolima. La mayoría de reservas están, según el Ministerio de Minas, en la Guajira y en el Magdalena Medio. Varios proyectos tendrían que pasar por consulta previa porque existen resguardos indígenas y zonas de reserva, como el Valle del río Cimitarra.

En estas zonas, donde sus habitantes –en algunos casos– han comenzado a movilizarse en contra del fracking desde 2016,  la preocupación principal es el uso del agua. En países como Estados Unidos, por un pozo, se pueden utilizar 19 a 46 millones de litros de agua. Otra implicación ambiental certera y que ha sido comprobada es que el fracking genera una liberación alta de gases efecto invernadero. El riesgo de contaminar las aguas subterráneas es uno de los puntos más álgidos en este debate, pues el 75% de los recursos hídricos del país están en fuentes subterráneas.

De acuerdo con una investigación de los ingenieros colombianos Sharel charry y Anibal Pérez, desde 1982 hasta 2013 se reportaron, en Estados Unidos, 100 pozos subterráneos y dos acuíferos  contaminados . “La literatura hace referencia a más de 30.2832 metros cúbicos de fluidos de fracturamiento vertidos al subsuelo en los Estados de Pennsylvania, Wyoming y Ohio. En los mismos Estados se han reportado problemas con acumulación de gas en pozos domésticos de agua dulce [43], explosiones [16] y vertidos intencionales de fluido de retorno a humedales y a ríos”.

Por último, el gobierno colombiano deberá evaluar los riesgos en materia de sismos. Un estudio reciente de la Universidad de Santa Cruz (California), publicado en la revista Science Magazin, señala que la inyección de agua y diferentes químicos pueden causar una actividad sísmica mayor. Así la falla geológica no esté sobre el pozo, se puede activar por el fracking. De hecho, el Servicio Geológico de Estados Unidos  reveló en 2014 una cifra que debe tomarse a consideración en el debate que viene: “desde 1999, cuando se implementó el fracking en los estados de Colorado y en Nuevo México se registraron 16 terremotos en esa zona de magnitudes superiores a 3,8 en la escala de Richter”.

En marzo, la Comisión Quinta del Senado revisará el proyecto de Ley que busca prohibir el fracking. Si el gobierno quiere utilizar esta técnica tendrá que responder, con programas y estudios en mano, cómo va a garantizar el cuidado del medio ambiente y el bienestar de las comunidades. De lo contrario, lo saben, la movilización por el medio ambiente puede detener el aterrizaje del frakcing en Colombia.