Fernán dejó las pandillas y se convirtió en chef | ¡PACIFISTA!
Fernán dejó las pandillas y se convirtió en chef
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Fernán dejó las pandillas y se convirtió en chef

Staff ¡Pacifista! - Enero 9, 2016

Después de haber sido atacado brutalmente durante una guerra de pandillas, un joven bogotano abandonó el conflicto y decidió apostarle a la gastronomía.

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Por: Daniel Montoya 

Fernán y su novia, Carolina, se levantaron todas las mañanas de novena a preparar natilla. Hicieron 3.600 para cubrir eventos empresariales.

Fernán y su hijo, Mario, de 5 años, viven en un tercer piso en el barrio La 22, en la esquina del edificio Julio Mario Santo Domingo de la Universidad de los Andes. A Fernán le queda difícil seguirle el paso a Mario, porque el 5 de mayo de 2013 la pandilla del barrio La Paz lo apuñaló cinco veces, afectando su médula y dejando sus piernas con movilidad y sensaciones limitadas.

La guerra

Existen dos barrios al oriente de Bogotá, cerca a la entrada a Monserrate, que vivieron años de peleas entre pandillas. Separados por la calle 26, los barrios La Paz y La 22 se organizaron para atracar autos y estudiantes de la Universidad, que suelen parquear en La 22. Se dividían los días de la semana y cada quien sacaba su botín como podía.

En La Paz la pandilla está organizada alrededor de los Medina. Un tío, el mayor de la familia, es quien los financia. Según los vecinos del barrio, él tiene dinero para armar a sus hijos y sobrinos, porque viaja fuera del país a robar. Roba en dólares para comprarles en pesos las armas a los jóvenes.

Por el lado de La 22, las pandillas están conformadas por jóvenes de entre los 15 y los 20 años, que abandonaron o andan mal en el colegio, no consiguen trabajo o están sumidos en las drogas.

El balance que existía entre los dos barrios se acabó cuando en el barrio La Paz decidieron eliminar a la competencia y tomar el control de los atracos. Comenzaron robando a las pandillas de La 22 en la noche, cuando habían recogido lo del día. Luego se formó una guerra de pandillas.

A medida que avanzó el conflicto se fueron uniendo más y más personas: hermanos, primos, novios y novias, padres, amigos. El rencor y el afán de venganza hicieron que las pandillas crecieran, ya no para seguir robando, sino para acabar con la otra.

En ese entonces, cuando terminó metido en la guerra de pandillas, Fernán trabajaba en un parqueadero para estudiantes de Los Andes.

La historia de Fernán

Fernán estudió en el colegio Camilo Torres hasta noveno, cuando perdió el año y se retiró. En bachillerato comenzó a consumir drogas. Cuenta que “yo me daba muy duro en la cabeza. Pero ese problema no estaba en el barrio, tenía muchos amigos de Suba y pasaba mis fines de semana allá”.

Desde pequeño sabe conducir y conoce el oficio de panadero, que lo aprendió a los 6 años con su papá. A los 16 años fue taxista y a los 17 empezó a trabajar en el taller de carpintería de su tía, haciendo muebles para vender a grandes almacenes del norte de Bogotá. Más adelante buscó trabajo en su barrio y se vinculó a un parqueadero que los estudiantes de la zona conocen como “Donkeys”.

Por entonces Fernán contaba con una solvencia económica que le daba renombre en el barrio.

Él no estaba metido en problemas, pero su hermano Ramón sí, porque andaba en cuentos con la novia de uno de los pandilleros de La Paz.

Una noche, mientras Ramón visitaba a su novia, los del barrio La Paz lo encerraron. Fernán se enteró, consiguió un arma y se fue a buscar a su hermano.

Esa noche no se disparó una bala, nadie tuvo una cortada, ni hubo muertos. Pero Fernán se convirtió en el nuevo objetivo de los de La Paz.

En la mañana del 5 de mayo, yendo al parqueadero a trabajar, después de dejar a Mario en el jardín, lo apuñalaron cinco veces.

 

 

Carolina y Fernán 

Carolina pasaba todos los días caminando frente al parqueadero donde Fernán trabajaba. No tenía de otra, era su ruta. Vive en el barrio La Paz con su familia, pero a Fernán no le importaba. Él llevaba mucho tiempo intentando conquistarla, pero ella no había querido ponerle atención.

Cuando Carolina se enteró de lo que le había pasado a Fernán, se dio cuenta de lo que sentía por él. Están juntos desde el ataque. Ella  lo acompañó durante todo el proceso: Fernán recibió dos puñaladas en la médula, que le quitaron la sensibilidad en las piernas y, por un tiempo, la movilidad. Le tomó ocho meses volver a caminar.

Ahora llevan casi tres años juntos, pero no revueltos. Fernán no puede ir a visitar a Carolina, porque no puede pasar al barrio donde ella vive. En La Paz, la pandilla aún le carga rencor. Desde que están juntos sólo ha subido tres veces a visitarla, siempre con la cara tapada y en una moto. Lo ha hecho en ocasiones especiales, en las que le desespera estar solo en su casa.

Aún así se las amañan: Carolina baja a visitarlo a La 22 y juntos estudiaron gastronomía en la Escuela Taller de Bogotá. La Escuela Taller capacita a desmovilizados y a personas de bajos recursos en gastronomía, carpintería, jardinería, forja, pintura, cerámica e infraestructura. Su lema es “Herramientas de paz” y están ubicados en la antigua estación de Ferrocarriles Nacionales de la Sabana y en la Casa Venado e Iregui, a una cuadra de la Plaza de Bolívar.

Carolina y Fernán se formaron allá durante siete meses. Ahora ofrecen servicio de catering en diferentes eventos y quieren montar un restaurante en el barrio. “Estas manos qué no han hecho… y ahora alimentan gente”, reflexiona Fernán mientras sigue sirviendo natillas.

Fernán y Carolina buscan tener un negocio propio para darle empleo a jóvenes entre 12 y 19 años que no están en el colegio. “Yo quiero que los jóvenes vean que hay oportunidades y que uno se las pueda brindar”. Su idea es eliminar la razón por la que los jóvenes deciden irse a las pandillas tras retirarse del colegio: porque no encuentran otra manera de ganarse la vida.