En tiempos de Paro, escuchemos las voces de los mamos de la Sierra Nevada | ¡PACIFISTA!
En tiempos de Paro, escuchemos las voces de los mamos de la Sierra Nevada Collage por: Sebastián Leal.
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En tiempos de Paro, escuchemos las voces de los mamos de la Sierra Nevada

Daniela Arenas G. - Noviembre 26, 2019

Las comunidades indígenas kogui, wiwa, arhuacos y kankuamo denuncian el grave riesgo de exterminio físico y cultural del Corazón del Mundo, la Sierra Nevada.

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Las comunidades indígenas Kogui, Wiwa, Arhuacos y Kankuamo denunciaron el grave riesgo de exterminio físico y cultural del Corazón del Mundo: la Sierra Nevada de Santa Marta.

El pasado 5 de noviembre, en el Teatro del Agrado de la Procuraduría General de la Nación, los Cuatro Pueblos hicieron un comunicado dirigido a la opinión pública y a la sociedad civil para que se reaccione y se tomen medidas urgentes y efectivas sobre la amenaza que está destruyendo su lugar de vida. Gran parte de los manifestantes del Paro Nacional se han unido a esta causa.

Organizaciones como Cumbres Blancas Colombia, Juventud de la Tierra y el Movimiento Ambientalista Colombiano marcharon por la protección de los derechos ambientales.

El escenario de la Sierra representa la existencia de una preocupación ecológica colectiva que reúne comunidades indígenas, jóvenes, académicos y políticos conscientes. 

Actualmente, los ecosistemas necesitan la implementación de modelos de desarrollo viables para garantizar su conservación y protección. Estamos hablando de una emergencia climática que debe ser resuelta en el menor tiempo posible

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Foto por: Mauricio León de El Tiempo

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“Yo soy naturaleza”

En el marco del foro “Salvemos al Corazón del Mundo: perspectivas, amenazas y retos en la Sierra Nevada de Santa Marta”, mamos (autoridades espirituales), gobernadores y otros miembros de estas comunidades pudieron entablar diálogos con voceros de diferentes instituciones.

Entre los representantes indígenas estuvo Jaime Arias, cabildo gobernador kankuamo; José de los Santos Sauna, cabildo gobernador kogui; Gelver Zapata, del equipo territorio de la Confederación Indígena Tayrona (CIT); Vicencio Torres, mamo arhuaco; y José Gil, mamo wiwa, entre otros.

En nombre de la Procuraduría, Richard Moreno; el ex-ministro de medio ambiente, Juan Mayr; Fernando Salazar, biólogo, profesor y activista que ha trabajado con la Sierra durante un largo tiempo; y Julia Miranda Londoño, directora de Parques Nacionales, por mencionar algunos.

Y, claro, no sobra mencionar la ausencia de magistrados de la Corte Constitucional y ministros como Ricardo Lozano, ministro de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, Nancy Patricia Gutiérrez, ministra del Interior, y María Fernanda Suárez, ministra de Minas y Energía, quienes –valga recordar– tienen competencia directa en la responsabilidad sobre este tema.

En su intervención, Juan Mayr –que además de ser ex-ministro y diplomático, es un gran fotógrafo, ecologista y creador de la Fundación Pro-Sierra Nevada de Santa Marta– recordó cuando un mamo le dijo:

“‘Yo soy naturaleza’. Así, con esa palabra híbrida, identificó claramente la relación inseparable e indisoluble entre hombre y naturaleza. Mientras tanto, nuestra cultura se apropia del territorio con fines de acumulación de su riqueza. Ahí está la gran contradicción que estamos viviendo, la contradicción que se tramita en nuestro país a través de las cortes.

»Para nadie es un misterio que hoy todos los procesos ambientales y culturales están en las altas cortes y eso lo que muestra es que no hemos tenido la capacidad para lograr establecer diálogo con el respeto que merece cada uno de los sectores, particularmente los grupos indígenas de nuestro país. Estamos en un momento tan difícil del país, pero particularmente de la Sierra. No se avanza hacia soluciones concretas. Las palabras de dolor y de queja de los indígenas van a continuar en aumento”.

La normatividad del Estado colombiano es una voz que se enmudece y pierde valor en la acción, en aquello en lo que realmente debe ser. Y esto tarde o temprano lo siente ese otro, ese pueblo diverso que necesita de una coherencia entre la palabra y su ejecución. 

Finalmente de eso se trata todo: un diálogo con respeto, un intercambio de pensamientos, la posibilidad de escuchar y ser escuchado para llegar a algo mejor, algo que nos permita avanzar conjuntamente a través del reconocimiento de las necesidades propias y ajenas.

Cuando hablamos de la Sierra Nevada, estamos hablando del hogar donde habitan y se alimentan pensamientos milenarios, estamos hablando de una identidad que nos pertenece y frente a la cual hay una responsabilidad colectiva.

Richard Moreno, representante de la Procuraduría, tiene razón al resaltar la importancia de entender que la Sierra no es un problema para el país: 

“Los Cuatro Pueblos de la Sierra no son un problema, son una oportunidad de materializar la Constitución Política de Colombia. Si somos un país pluriétnico y multicultural, si realmente eso es así, ¿por qué tenemos que buscar relacionarnos entre poderosos y débiles y no, mínimamente, entre iguales? 

»Estamos en un país en el que no nos conocemos. Y como no nos conocemos, no nos reconocemos. Y como no nos reconocemos, no respetamos el derecho de los otros.

»Todavía este país cree –el que vive en Bogotá, Medellín o Cali; en las grandes capitales– que tiene mayor número de posibilidad de representarse en los espacios de poder político y económico, que tienen que definir qué pasa con la gente del Pacífico y, en este caso, qué pasa con los pueblos de la Sierra. Y les importa un bledo lo que piensen los pueblos de la Sierra.

»La institucionalidad crea direcciones de comunidades étnicas, pero cuando usted va a ver quiénes orientan o dirigen esas instituciones, ¡son de todo menos étnicos! ¿Quién orienta la dirección de comunidades indígenas en el Ministerio del Interior? ¿O la de consulta previa?, ¿la de afrodescendientes? Y así…podemos hacer el mapeo institucional. 

»Claro, en este ejercicio de protección de los pueblos necesitamos aliados, pero por más aliados que tengamos, nadie nos conoce mejor que nosotros mismos. ¡Es mejor que nos acompañen en el camino, a que nos representen!”, dice, vivaz, Richard.

Efectivamente, en la actualidad quienes manejan el poder de decidir sobre los territorios donde habitan múltiples etnias y culturas, son personas que no conocen a fondo esos mundos y, además, toman decisiones que ni siquiera les afecta de manera directa.

Como consecuencia de esto, la aplicación de la Constitución presenta graves incoherencias que amenazan con desmeritar la construcción de la vida de los pueblos. Una manera efectiva de defender las causas étnicas y culturales en espacios institucionales es dejar que lleguen al poder personas con un real sentido de pertenencia frente a este tipo problemáticas.

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Foto por: Daniela Arenas. Edición Juan Ruiz.

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“Nosotros hablamos, pero no nos prestan atención”

Hoy, el poder se ha transformado en arte. La música, la danza, las banderas y pancartas son, al fin, fuertes expresiones sociales que reconocen y se ocupan por el valor de sus derechos.

El ejercicio del gobierno propio hace evidente la capacidad que tienen las comunidades de guiarse a sí mismas más allá de la soberanía estatal.

“Allá nuestra estructura de gobierno de la Sierra es espiritual y material. Tenemos principios, tenemos una organización espiritual de gobierno, tenemos un ordenamiento territorial ancestral. Y hoy en día esos principios están afectados. Hoy ha cambiado el tiempo, se está cambiando el vivir”. 

Intervino el cabildo kogui, José de los Santos Sauna, con un poporo en las manos. El poporo es hoja de coca y harina extraída de las conchas del mar, representa un trabajo espiritual, de ‘palabra y pensamiento dulce’. Se utiliza como pagamento, pues es una forma de devolverle a la naturaleza lo que se ha tomado prestado de ella.

Baile de bienvenida al foro “Salvemos al Corazón del Mundo”

 

Le pregunté a Gelver Zapata –el encargado de orientar los procesos de acuerdo a los requerimientos de los mamoscuál era el lugar del territorio y el pensamiento indígena en la construcción de paz. Esto fue lo que respondió:

“La paz debe ser analizada sobre las causas que genera la violencia. Y desde la concepción de los pueblos de la Sierra, las causas que han generado la guerra: una importante tiene que ver con el uso indebido del territorio y los sitios sagrados en la Sierra. Y ese uso indebido de los espacios sagrados, en últimas, son espacios de gobierno, espacios que gobiernan las armas, espacios que gobiernan el diálogo, y espacios que gobiernan hasta la pereza tienen un gobierno”. 

Al fin y al cabo, lo que se busca es una gobernanza de la tierra con la institucionalidad del gobierno. Y esto se ha venido dando desde hace ya más de 20 años a través de un diálogo intercultural, en el que el Estado parece -más bien, quiere- tener oídos sordos.

“La Constitución le garantiza el ejercicio del gobierno a las autoridades que legislan democráticamente. Entonces bajo ese principio que hay, nuestro propio sistema de gobierno para elegir las autoridades no es válido. Ahí no más para mostrar un ejemplo de los debates que hay en este diálogo intercultural, en la cual si no hay voluntad, ni entendimiento, no se habla. Y ahí nos quedamos en eso, interminable. De una mesa para otra mesa y otra mesa para otra mesa y hasta dónde vamos a llegar… Entonces el diálogo bienvenido, pero ya queremos establecer acuerdos concretos para que hayan acciones concretas”.

Comentó Jaime Arias, cabildo kankuamo. 

Acciones concretas, porque los Cuatro Pueblos no paran de insistir:

“Nosotros hablamos, pero no nos prestan atención”.

Y es ahí donde debemos poner énfasis en los próximos días, meses y años. Buscar que los ‘hermanos menores’ -así denominan estas comunidades a los no indígenas- tengan la posibilidad de expandir su mirada y abrirse para escuchar las palabras de los ‘hermanos mayores’ -así se autodenominan los indígenas-. 

Además, dice el ex-ministro de Medio Ambiente, Juan Mayr: “para la región es una gran bendición que los indígenas tengan una relación directa con los ecosistemas. Ellos protegen el agua, el aire, la fauna y la flora, de la cual depende el futuro de los tres departamentos (César, Guajira y Magdalena). Santa Marta, por ejemplo, se queda permanentemente sin agua, ¡qué vergüenza! al lado de la fábrica de agua. Algo estamos haciendo mal y lo continuamos haciendo y cada vez lo estamos haciendo más mal”. 

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Enfermedad de la Tierra

La Sierra Nevada está llegando a un punto de no retorno. Y este carácter irreversible nos pone frente a una situación muy grave. Mientras se afecta el territorio, se afectan todos los ecosistemas: la fauna y la flora están atravesando una enfermedad que, si no se trata, será incurable. Son las políticas del Estado, envenenadas de intereses económicos, las responsables de esta destrucción.

Pregunto.

–¿Ustedes creen que parte de esta enfermedad tiene que ver con la presencia de la institución?

Responde Jaime Arias, kankuamo.

El asunto es si las instituciones están gobernando de acuerdo a las realidades de los territorios, de acuerdo a las cosmovisiones, de acuerdo a todos esos saberes que hay, en este caso de los pueblos indígenas en el territorio

En el caso de la Sierra, dice Arias, ha habido un enfoque equivocado de esas políticas: la Sierra es un ecosistema estratégico para conservar, no para destruir. Y la política, hoy, por haber intervenido está destinada a destruir. Por eso yo decía, si las instituciones o las entidades no han sido capaces entonces déjennos hacerlo a nosotros. Y generen esas condiciones para hacerlo. Obviamente a través de los mecanismos de coordinación y articulación que sean necesarios.

Pero claro, detrás de cada excusa, está siempre un proyecto estratégico de extracción minera, petrolera, de hidrocarburos, infraestructura, e incluso, de negocios turísticos en la Sierra Nevada, de los cuales sus actores principales no gozan de ningún tipo de participación.

En el decreto 1500 de 2018, se estipula que la Línea Negra comprende el sistema de espacios sagrados dentro el territorio ancestral de los Cuatro Pueblos. Se define como ámbito tradicional, de especial protección, de valor espiritual, cultural y ambiental.

Hoy en explotación petrolera hay 238 km² dentro de la Línea y en exploración hay 3 bloques que suman 3.400 km². En el 2017, la minería ocupaba 3.373 km² en solicitudes y 718 km² en títulos. Actualmente, se calculan unas 244 solicitudes y 132 títulos mineros vigentes, aunque ni siquiera la Agencia Nacional de Minería sabe realmente la cantidad de títulos mineros que hay. Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que estos títulos están siendo entregados como si la Sierra fuera una finca

Sobre esta situación, el biólogo Fernando Salazar –quien trabajó por muchos años con la Fundación Pro-Sierra Nevada de Santa Marta– explicó que:

“Desde el punto de vista del extractivismo, los materiales que hay en el subsuelo son una serie de regalos que hay para sacar, pero desde los pueblos todo esto son amenazas y peligros. En el sur de la Sierra hay un distrito metalogénico de cobre, oro y politeno; donde se concentran actividades de exploración o explotación para satisfacer varios intereses. Aquí, sobre esas decisiones que no se toman de manera concertada con las comunidades ya lo han hablado los representantes de los pueblos porque, resulta, que esta punta sur no es resguardo, pero hace parte del territorio ancestral”. 

Las sequías de ríos, acuíferos aluviales y, sobre todo, los espacios del agua, superficiales y subterráneos, hacen evidente este tipo de actividades. “Un punto importante es la interpretación que nosotros como pueblos indígenas tenemos de la Madre Naturaleza. Ya el río no nos permite interpretar lo mismo, igual que las montañas. Si nos ponen una represa ya no podemos interpretar lo que la naturaleza a diario nos está diciendo”. 

Relató una mujer kankuama que no quiso mencionar su nombre. 

A esto agregó:

–Principalmente con la contaminación y la explotación, esas plantas donde nosotros podíamos hacer el trabajo colectivo de triturar nuestras fiques, nuestras matas y pinturas, se transforman y con ello nuestra cotidianidad. Porque eso son herramientas con las que nosotros como pueblos indígenas trabajamos diariamente en la danza, en el tejido, en la música, en todo.

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Foto: Iñaki Chaves

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El Paro Nacional, un Paro por el Planeta

Desde el jueves 21 de noviembre, distintos activistas ambientales han salido a pedir implementaciones que defiendan la protección de los glaciares, la reducción del consumo de plástico y la firma del acuerdo de Escazú -un acuerdo regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe-. Asimismo, se piden acciones sobre la aspersión con glifosato, la deforestación y la pesca de tiburones. 

¿Cuáles son los riesgos que está enfrentando el medio ambiente? ¿Qué podemos aportar para proteger el medio ambiente y los ecosistemas? 

Entre los riesgos están:

La deforestación es una de las metas del gobierno Duque. Darle campo a los cultivos de palma aceitera y a la ganadería costará nada menos que unas 548.000 hectáreas de culturas indígenas con toda la fauna y flora que los acompaña. 

El fracking parece ser otra de las promesas incumplidas del gobierno. Hoy, esta práctica no sólo está arriesgando la salud de las comunidades y la de la biodiversidad, sino que además está contribuyendo a una aceleración del cambio climático. 

A pesar de las regulaciones que hay sobre el uso de plástico, la cantidad de empaques, envases y botellas que hay en el mar Caribe pone al país en uno de los primeros lugares de contaminación. Al respecto varios manifestantes le piden al gobierno “una responsabilidad oceánica y continental”.

La reciente licencia que salió permitiendo el comercio de aletas de tiburón es el reflejo de las condiciones empresariales e industriales que fomentan la formulación de políticas públicas. Esto implica un alto riesgo sobre la vida de las especies animales, cuya diversidad hace de Colombia el segundo país con más biodiversidad del mundo.  

Con la aspersión de glifosato, el gobierno Duque aprueba los riesgos y daños que ya se están ocasionando en el territorio. La aceptación de esta práctica va en contra de las estipulaciones de los Acuerdos de Paz, donde se trabajan los procesos de sustitución voluntaria sobre los cultivos de ilícitos. La salud de miles de campesinos se está viendo afectada. 

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Una pregunta de los mamos –lanzada con total simpleza– sigue resonando: ¿quién podrá inventar un planeta nuevo cuando este se acabe?

Quizás en la respuesta esté la clave para todo esto.