“En cualquier momento nos pueden matar”: líder de San José de Apartadó
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“En cualquier momento nos pueden matar”: líder de San José de Apartadó

Santiago Valenzuela A - Enero 2, 2018

La comunidad de paz de San José es vista como una amenaza para los grupos paramilitares que se han expandido en el Urabá antioqueño.

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Gildardo Tuberquia, miembro del Consejo Interno de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó. Foto: Archivo particular

En San José de Apartadó, a 315 kilómetros de Medellín, no hubo celebración de navidad ni año nuevo. Todo fue, como ha sucedido durante los últimos 20 años, discreto e incierto. En este fin de año el temor pasó a un primer plano cuando cuatro sujetos armados ingresaron al corregimiento e intentaron agredir al representante legal de la comunidad de paz, Germán Graciano Posso. Todo sucedió el pasado viernes 29 de diciembre, cuando las familias campesinas tomaban un día de descanso.

La presencia de las familias en el lugar impidió el avance de los hombres armados. Dos de los cuatro sujetos, según la comunidad, eran ‘Felipe’ y ‘David’, mandos medios de grupos residuales del paramilitarismo en la zona, cercanos al Clan del Golfo. Durante la incursión resultaron heridos dos invasores y algunos miembros de la comunidad, entre ellos Germán Graciano Posso, quien, como nos confirmaron, ya está fuera de peligro. Dos hombres armados fueron retenidos y entregados a la Defensoría del Pueblo.

De esta incursión fue testigo Gildardo Tuberquia, miembro del Consejo Interno de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó. Según Amnistía Internacional, Tuberquia recibió por lo menos ocho amenazas de muerte durante 2017. Como integrante y líder de la comunidad de paz, Gildardo Tuberquia ha tenido que sortear con diferentes episodios de violencia, como la masacre en San José de Apartadó en 2005, cuando los paramilitares – en presunta complicad con el Ejército – asesinaron a ocho personas, tres de las cuales eran menores de edad.

Hablamos con Tuberquia sobre lo que sucedió el pasado 29 de diciembre. Para la comunidad de paz de San José de Apartadó, cuenta, el año pasado no fue un año de la paz, sino todo lo contrario, un año “de avance del paramilitarismo”. Muestra de ello, dice, son los constantes ataques contra Germán Graciano y otros líderes de la comunidad.

¿Cómo fue la incursión paramilitar? ¿Cómo lograron detenerla?

Lo que pasó el viernes era algo que estaba anunciado hace mucho tiempo. Desde diciembre de 2016, cuando la guerrilla comenzó a desocupar algunos territorios, los paramilitares comenzaron a ocupar esas zonas. Ellos comenzaron a llegar a veredas en las que antes no estaban. Reunieron a las comunidades, presionaron a los presidentes de las Juntas Comunales y comenzaron a decirle a la población civil que la querían asesorar para que recibieran beneficios del gobierno. También dijeron que a los “sapos” que no estuvieran de acuerdo los iban a matar. Hace dos semanas justamente mostramos la constancia de un plan que tenían para asesinar a líderes de nuestra comunidad, dentro de los que se encuentra Germán Graciano Posso.

Nosotros estamos ubicados a 12 kilómetros de Apartadó, donde está el grueso de empresarios, bananeros, comerciantes y ganaderos. Es un lugar estratégico

¿Cómo se dieron cuenta de este plan? ¿De qué se trataba?

Ellos querían matarlo y después presentar el asesinato como si hubiese sido un atraco. Ellos le contaron a alguien que después nos dijo a nosotros cómo iba a ser todo. Luego vino la incursión. A las 6 de la mañana llegó un muchacho de la vereda Cristalina a vender cacao. Los muchachos del centro de acopio llegaron a las ocho de la mañana, le compraron el cacao y el muchacho se quedó ahí. Nosotros le hicimos seguimiento porque nos pareció muy raro que a esa hora llegara alguien a vender cacao. Luego nos dimos cuenta de que a él o habían puesto a espiar porque cuando llegó Germán él llamó a los encapuchados, quienes entraron y quisieron tomarse el centro de acopio. El muchacho que estaba cuidando el centro no los quiso dejar entrar y ellos lo estrujaron, ahí fue cuando tres niños que estaban viendo lo que estaba pasando alertaron a la comunidad. Fue un acto muy bonito y valiente porque la comunidad llegó, los bloqueó y los desarmó. Dos de ellos huyeron y los otros dos sí fueron retenidos y luego entregados a la Defensoría del Pueblo.

¿Qué pasó después?

Los que se fugaron se fueron a San José y nos contaron que se reunieron con otros paras como dos horas. Al mediodía cogieron una mula tranquilos y se fueron para una de las veredas. Usted no lo creería: ellos andan tranquilos por los caseríos, armados y todo. La Policía no hace nada, la Fuerza Pública tampoco.

¿Cómo resultaron heridos algunos integrantes de la comunidad?

Cuando la comunidad trató de quitarles las armas ellos sacaron unos machetes e hirieron a tres personas, entre ellas Germán. Nosotros llamamos a Naciones Unidas, a la Cruz Roja, a la Defensoría, a todo el mundo. Como estábamos en temporada de fiesta solo vinieron el viceministro del Interior y monseñor de Apartadó. El arma que les quitamos a los armados la destruimos, tenía 12 cartuchos. Los dos muchachos que entregamos fueron liberados al día siguiente y eso nos preocupa mucho porque los paramilitares están muy indignados por lo que pasó y podrían atacarnos en cualquier momento.

Las familias salvaron a Germán…

Eso fue muy bonito. Llegaron aproximadamente 80 personas: mujeres, niños, abuelos, todos. Cuando ellos sintieron toda la presión de la gente intentaron huir inmediatamente.

Usted no lo creería: ellos andan tranquilos por los caseríos, armados y todo. La Policía no hace nada, la Fuerza Pública tampoco

¿Cuál era el interés de los paras con hacerle daño a Germán?

Ellos han tratado de exterminarnos en muchas oportunidades. En los últimos 20 años han sido asesinadas 300 personas de la comunidad, muchas como Germán. Paramilitares y guerrilla han estado convencidos de que matando a los líderes la comunidad se va acabar, pero eso no es posible. Si quieren que esto se acabe tienen que matar a todas las personas. Mire, a Germán le han matado a 13 familiares y sin embargo él no siente venganza, por eso hace parte de una comunidad de paz. A él le ha dado mucha fuerza que la comunidad lo apoye, que le exprese su solidaridad por el atentado.

Fue un acto muy bonito y valiente porque la comunidad llegó, los bloqueó y los desarmó

¿Por qué los paramilitares tienen tanto interés en ocupar las tierras de ustedes?

Nosotros estamos ubicados a 12 kilómetros de Apartadó, donde está el grueso de empresarios, bananeros, comerciantes y ganaderos. Es un lugar estratégico que además está lleno de agua, tierra fértil, carbón e incluso oro. Todas las matanzas, los desplazamientos y los bombardeos en esta comunidad se han dado porque estamos parados sobre la riqueza. Ellos lo que han hecho es comprar fincas con testaferros, criar ganado y cercar esas haciendas. Así, poco a poco, han ido expandiéndose en el territorio. En los últimos años han construido casas en las zonas que han comprado y así van comprando a las familias. En la comunidad de paz no han aceptado estas ofertas, las familias saben quiénes son los paramilitares. Como nos oponemos, intentan agredirnos.

¿Y de qué viven las familias?

Uno de los productos más importantes para la comunidad es el cacao, es la principal fuente de ingresos. Como tenemos certificación orgánica, el cacao y el bananito primitivo han ido creciendo. Bueno, con el bananito incluso alcanzamos a exportar pero los paramilitares nos bloquearon el comercio y por eso el negocio decayó. Acá las familias compartimos la idea de tener agricultura limpia y solidaria, queremos incrementar los cultivos de pancoger, así no sufrimos por comida. La tierra es muy fértil.

No es la primera vez que tienen que vivir una incursión paramilitar…

No, la verdad es que llevamos 20 años en la misma situación de violencia. El 23 de marzo de 1997 hicimos una declaración de neutralidad, de no violencia como comunidad de paz. Sin embargo, los paras, la guerrilla y el Ejército nos han atacado. Nosotros como comunidad tenemos medidas cautelares y provisionales. Tenemos un status de comunidad protegida pero los paramilitares siguen sueltos, la Fuerza Pública no ha hecho nada por capturarlos, es lamentable. Ahí siguen, pasando por la comunidad, cobrándoles extorsión a los campesinos, amenazando… Da rabia y tristeza que a los muchachos que entregamos los dejen salir 24 horas después como si nada…

¿Recuerda otros ataques a los líderes sociales de la comunidad?

Claro, en 1997, cuando llevábamos apenas tres meses de habernos construido como comunidad de paz mataron a Francisco Tabarquino, líder de la comunidad asesinado en la carretera por parte de los paramilitares. En 1999 hicieron otra incursión y asesinaron a Aníbal Jiménez, líder de paz en la comunidad. En el 2000 asesinaron a Rigoberto Guzmán, a su hermano y a cuatro personas más. Una masacre. En la masacre de 2005 fue asesinado Luis Eduardo Guerra, líder también.

¿A usted han tratado de hacerle daño?

He tenido amenazas desde 2016. Me han enviado mensajes como que me van a amarrar, me van a llevar para algún lado, me van a matar. Que ya no me salvo, me dicen.  Como yo coordiné el regreso de unas familias a este territorio me han querido atacar, les dio mucha rabia. Ellos están pendientes cuando salgo, con las personas que salgo. Dicen que no me han matado porque no he dado papaya, porque yo siempre estoy acompañado por miembros de organizaciones internacionales que defienden los derechos humanos. Si me matan, que al menos ellos vean.

¿Cambió algo con los procesos de paz de las AUC o de las Farc?

No. El gobierno de hecho dice que los paramilitares ya no existen, que son bandas criminales, cuando nosotros los vemos robando, asesinando, matando campesinos. ¿Qué cambio va a haber ahí? Acá se sabe cuáles son las tierras de “Otoniel” y la Fuerza Pública no hace nada. Ahora es peor porque los paramilitares se están expandiendo en veredas donde antes no estaban y están ofreciéndole a los pelados 500 mil pesos o 700 mil pesos para que se unan y claro, como no hay tantas oportunidades ellos se doblegan.

¿Qué le dijo su familia en estos días?

Hermano, nos sentamos y nos pusimos a recordar todas las masacres. No sabemos cómo seguimos vivos. Hemos visto casas quemadas, compañeros asesinados. Acá se habla de mucho de paz pero mire, nuestra realidad es esa: en cualquier momento nos pueden matar.