"El Gobierno y las Farc pasaron por encima de sus posiciones ideológicas" | ¡PACIFISTA!
“El Gobierno y las Farc pasaron por encima de sus posiciones ideológicas”
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“El Gobierno y las Farc pasaron por encima de sus posiciones ideológicas”

Staff ¡Pacifista! - Enero 27, 2016

OPINIÓN La sociedad está llegando por diferentes caminos a un acuerdo: llegó la hora de superar la guerra y dedicarse a construir país.

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Columnista: Andrei Gómez Suárez 

El 2016 empieza con muchos avances en La Habana. En la última semana las partes han hecho dos anuncios importantes que señalan el inicio de la recta final de las negociaciones.

Por un lado, anunciaron la solicitud oficial que han hecho al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para que se conforme una misión política que sea parte de una Comisión de Verificación tripartita para la monitorear el cese al fuego bilateral y la dejación de armas, la cual ha sido adoptada en tiempo récord y por unanimidad. Por otro lado, informaron sobre la creación de una Comisión Ejecutiva para agilizar la redacción de los acuerdos.

Estos desarrollos no son de poca monta. No sólo porque, como muchos analistas señalan, demuestran la voluntad de los equipos negociadores de hacer irreversible el proceso y de cumplir con el 23M, la fecha acordada por Santos y Timochenko, sino porque crean mecanismos que buscan asegurar que el ritmo de las negociaciones se vaya sincronizando con la generación de las condiciones necesarias para blindar los acuerdos antes de la refrendación.

El anuncio sobre la participación de Naciones Unidas ayuda a construir confianza entre sectores que tradicionalmente se habían opuesto al modelo de negociación. El expresidente Uribe, por ejemplo, se pronunció diciendo que compartía el mecanismo siempre y cuando las Farc no entregaran las armas a Venezuela y las zonas de concentración no estuvieran en las fronteras.

Además, que las Farc hoy acepten la participación internacional en la verificación ha permitido que el Centro Democrático sienta que muchos de sus planteamientos se están materializando en la práctica.

La creación de la Comisión Ejecutiva ayuda a sopesar la preocupación de muchos sectores que han apoyado la negociación pero ven con preocupación la falta de decisión del Gobierno frente al fenómeno del paramilitarismo. Si la mesa logra avanzar pronto en este punto, que es el último de los grandes obstáculos de la negociación, la sociedad civil organizada que tradicionalmente ha militado en la izquierda tendría más razones para apoyar un mecanismo de refrendación mixto que no se restrinja solamente a la Asamblea Nacional Constituyente.

Que sectores tan disimiles de la sociedad empiecen a reconocer respuestas a sus exigencias fundamentales en los desarrollos del proceso de paz, demuestra que las negociaciones han permitido que las partes pongan el interés de construir una arquitectura que ponga fin a la confrontación armada, por encima de sus posiciones ideológicas.

Los acuerdos que se han logrado no sólo buscan satisfacer los derechos de las víctimas, ofrecer garantías de seguridad a la oposición política, impedir nuevos ciclos de criminalidad, recuperar el campo colombiano y las zonas diferencialmente afectadas por el conflicto armado, sino que son una demostración de que las partes reconocen los impactos del conflicto armado, sus responsabilidades y asumen el compromiso de ayudar a superar el legado de la guerra.

Lograr esta transformación en actores que se han enfrentado durante más de 50 años ha sido difícil. No era fácil para una guerrilla que se oponía al Estado reconocer los desarrollos institucionales de los últimos 25 años, que contradictoriamente, a la par con la intensificación de la guerra generaban mecanismos para la participación ciudadana y posteriormente para la reparación de las víctimas.

No era sencillo para un Estado que enfrentaba actos terroristas de una guerrilla, que se financiaba en parte gracias a su participación en la economía del narcotráfico, aceptar públicamente que detrás de las Farc había un andamiaje ideológico que se expresaba en estructuras políticas clandestinas que encontraban sinergias con proyectos políticos y económicos de movimientos sociales regionales que no eran parte del enfrentamiento armado.

Este reconocimiento mutuo ha ocurrido con el acompañamiento de la comunidad internacional. La presencia de Cuba y Noruega en la mesa de negociaciones, el acompañamiento prudente de los Estados Unidos, la participación de las Naciones Unidas en la Subcomisión Técnica del Fin del Conflicto y el apoyo silencioso de misiones diplomáticas en puntos específicos de la discusión ha sido esencial para que los equipos negociadores superen los estereotipos que recrea la guerra y empiecen a ser socios en la construcción de paz.

La perspectiva comparada también ha sido esencial para superar la creencia que el conflicto armado colombiano es único. Todos los conflictos son únicos. Sin embargo, como dice Jonathan Powell, no hay justificación para que se repitan los errores de otras negociaciones cuando existe la posibilidad de compartir con seres humanos que han participado en la resolución de otros conflictos armados.

Varias ONGs han jugado un papel importante para contribuir a esta apertura de ideas. Justicia por Colombia, por ejemplo, ha llevado delegaciones de Irlanda del Norte y Sudáfrica a compartir su experiencia en La Habana. El Centro Internacional para la Justicia Transicional participó facilitando la visita de Kofi Annan a Cuba en el marco del lanzamiento en Bogotá de su reporte sobre Comisiones de la Verdad en el contexto de Post-acuerdos de Paz.

Esta compleja interrelación de actores que conectan las discusiones de la mesa de negociación con experiencias globales ha sido complementada con el trabajo activo de varias organizaciones en Colombia, que promueven debates no dogmáticos para la superación del conflicto armado.

La participación de miles de colombianos en los foros organizados por la Universidad Nacional y las Naciones Unidas, las conferencias convocadas por varias universidades a lo largo y ancho de Colombia, los café-debates auspiciados por la Fundación Konrad Adenauer y DeJusticia y los desayunos realizados por Rodeemos el Diálogo han permitido generar espacios de encuentro formales e informales para que los ciudadanos recuperen la confianza en un debate respetuoso con los otros.

Es conmovedor, por decir lo menos, que cuatro años después de iniciadas las rondas de negociación secretas en Cuba, el Gobierno y las Farc estén acordando mecanismos que blindan socialmente los avances del proceso de paz antes de la refrendación. Están consiguiendo que la sociedad colombiana vaya llegando por diferentes caminos a un acuerdo (implícito) de que llegó la hora de superar la guerra y dedicarse a construir país.