#CaravanaPacifista 4 de Noviembre: Un mapa de preguntas | ¡PACIFISTA!
#CaravanaPacifista 4 de Noviembre: Un mapa de preguntas
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#CaravanaPacifista 4 de Noviembre: Un mapa de preguntas

Staff ¡Pacifista! - Noviembre 4, 2016

Así fue el primer día de este viaje periodístico.

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Este es el mapa guía de nuestra expedición periodística. Foto e ilustración: Sara Pachón

Esta mañana llegamos a Santander de Quilichao. Nos recibió un clima fresco y amable, unos 24 grados. Fue una bonita señal que le imprimió un color optimista a nuestra primera jornada de trabajo.

Santander de Quilichao está ubicado a menos de una hora de la salida sur de Cali, sobre los últimos metros planos antes de que brote el piedemonte del Macizo Colombiano. Desde su fundación, ha sido un lugar de comercio y paso obligado entre las poblaciones del Cauca y Valle del Cauca. También, ha sido un puente ineludible entre los dos mundos que componen a Colombia: el rural étnico y campesino —devastado por la guerra—, y el urbano citadino —indiferente y privilegiado—.

En el mapa, se puede observar que alrededor de Santander de Quilichao se encuentran los pueblos más afectados por las infinitas violencias del drama colombiano. Si usted, querido lector, tiene más de 30 años, al menos una vez en su vida habrá escuchado cualquiera de los siguientes tres nombres: Toribío, Caloto, Corinto. Habrá escuchado, por ejemplo, que Toribío es la población más atacada por las Farc en todo el país. O que la marihuana que hizo famoso a Colombia en los años sesenta y setenta tiene origen en las abruptas laderas de Corinto.

Probablemente, no haya otra región en la que se crucen y choquen todas las dinámicas sociales, políticas y económicas. Para empezar, varios pueblos indígenas mantienen sus luchas por la tierra, por su integridad cultural, por su soberanía alimenticia y, sobre todo, por evitar su exterminio. A su lado, las comunidades afrodescendientes padecen y gozan —al mismo tiempo— las consecuencias de la minería informal, e intentan reconstruir muchos de sus valores ancestrales. Sin olvidar que cientos de familias campesinas mestizas han dependido de los cultivos de uso ilícito para solventar sus gastos cotidianos. Los tres grupos étnicos, por demás, han sido víctimas de los grupos armados ilegales: reclutamiento forzado, heridos y muertos por minas antipersona, homicidios selectivos, masacres, desplazamientos individuales y masivos, violaciones de derechos humanos por parte de la Fuerza Pública… La lista sigue. Esto, léase bien, en una tierra cuya posesión en las últimas décadas ha estado en manos de los ricos terratenientes mestizos que habitan en las capitales.

Esta es nuestra sala de redacción en Santander de Quilichao. Foto: Iván Valencia.

Desde que se logró el primer acuerdo completo entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Farc, las comunidades más afectadas por la guerra, como las del norte del Cauca, vieron que muchos de los puntos pactados contenían valiosos mecanismos de modernización estatal que les podían ayudar a superar el atraso, que les podían servir para concretar el proyecto moderno del bienestar social. Pero, luego de que buena parte de los colombianos votara por el No, estas comunidades quedaron en un limbo difícil de concretar. Hoy todo es incertidumbre.

Lo más grave es que esta incertidumbre no habita en una situación de quietud y reconciliación. Todo lo contrario: habita en unas circunstancias de violencia y miedo. En lo que va corrido del año, han sido asesinados siete líderes sociales del norte del Cauca. Las amenazas de muerte tocan la puerta de cualquier persona y el narcotráfico actúa con la misma impunidad que los carteles ostentaban veinte años atrás. Las bandas armadas de corte paramilitar se están moviendo con estrategia y brutalidad para dar el zarpaso en los territorios que quedarán descubiertos una vez la guerrilla inicie su desmovilización. Para completar, una de las congresistas de este departamento dijo no hace mucho que una posible solución para esta maraña de violencias era la división territorial clasista y racista: un Cauca para las comunidades étnicas y campesinas, y un Cauca para los mestizos pudientes.

Esta Caravana Pacifista tendrá el reto de saber mirar este territorio, de acercarse a su gente, de escuchar sus temores y sus esperanzas, de encontrar la virtud y el caos en un mismo escenario. Tendremos el reto de comprender a Colombia desde su esquina más álgida. El reto de ser los traductores de este mundo variopinto para los lectores que todos los días se hacen las mismas preguntas: ¿cuándo parará esto? ¿Qué salida nos queda?

Este es el grupo de periodistas, fotógrafos e ilustradores que estarán en el terreno durante la #CaravanaPacifista Foto: Iván Valencia.

El equipo de campo que tengo la fortuna de liderar es un sonoro puñado de sensibilidad e inteligencia. Dos reporteros gráficos —Iván Valencia y Gabriel Herrera— con el temple para poner la cámara en las situaciones más complejas; tres reporteros de bota amarrada —Isabella Bernal, Natalia Guerrero y Mario Zamudio— capaces de preguntar lo que se debe preguntar aún con fusiles a la vista, y una ilustradora —Sara Agustina Pachón— con una caja que contiene todos los colores de las emociones.

Serán días de intensidad. Nada nos gustaría más que nos acompañaran desde hoy.

Aquí los esperamos.

Juan Miguel Álvarez

Santander de Quilichao

Viernes, 4 de noviembre de 2016