Así es el encierro de “Karina” | ¡PACIFISTA!
Así es el encierro de “Karina”
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Así es el encierro de “Karina”

Staff ¡Pacifista! - enero 25, 2016

Elda Neyis Mosquera, la mítica exguerrillera de las Farc, permanece custodiada por el Ejército contra el que combatió. En cinco meses terminará su condena.

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“Karina” hizo parte de los frente 5 y 47 de las Farc. Se desmovilizó en mayo de 2008 y fue declarada gestora de paz por el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

 

 

Un revolver fue la primera arma que Elda Neyis Mosquera empuñó en las filas de las Farc. Fue a mediados de la década de 1980, cuando en Urabá se respiraba el ambiente combativo que rodeaba a varias organizaciones de izquierda y a un movimiento sindical que había hecho de la región un fortín político.

Las siglas de partidos y movimientos sociales ganaban terreno y, en algunos círculos, se hablaba de la necesidad de combinar formas de lucha. Había llegado de Puerto Boyacá junto a su familia cuando tenía tres años, se instaló en Currulao, corregimiento de Turbo y mientras sus padres trabajaban la tierra en la zona rural, ella se levantó junto a su abuela en el pueblo. Logró terminar la primaria y luego, muy pronto, decidió unirse a la guerrilla. Tenía 16 años.

El día que se entregó a las autoridades, en mayo de 2008, llevaba un fusil M16. Un helicóptero enviado por el DAS desde Medellín, con su hija a bordo como prenda de garantía, la recogió en alguna parte de Sonsón, en el Oriente antioqueño.

El mito de “Karina” ya estaba creado. La joven que dos décadas atrás había decido hacer la guerra en Urabá, se entregaba en el Oriente antioqueño luego de que sobre ella se dijera, por ejemplo, que decapitaba a sus víctimas, hacía rodar sus cabezas y se las entregaba a sus hombres para que jugaran fútbol con ellas.

La comandante “más sanguinaria”, la mujer “con más poder” en las Farc escapó del grupo de apenas 12 guerrilleros que tenía a su cargo. Entonces, vestida de civil, apareció frente a las cámaras de televisión. Por haber acogido el llamado del Gobierno para que se desmovilizara —el propio presidente Álvaro Uribe Vélez le había enviado un mensaje ofreciéndole garantías—, su papel sería ahora el de “gestora de paz”.

Esa figura, bastante polémica en su momento, mucho más por tratarse de una persona con su historial en las filas guerrilleras, la llevó a dictar charlas y conferencias, a grabar comerciales invitando a otros guerrilleros a desmovilizarse y, de paso, a ganarse el rótulo de traidora entre las filas de las Farc.

Hoy queda poco de su papel como gestora de paz. A solo cinco meses de terminar su pena alternativa de ocho años, a la que fue condenada en el marco de Justicia y Paz, permanece recluida en la brigada XVII del Ejército, en Carepa, donde la custodia una nueva generación de los mismos hombres a los que combatió.

Ocupa un apartamento muy pequeño, comparte con alias “Samir” —otro desmovilizado de las Farc también declarado gestor de paz durante el gobierno Uribe— un galpón de pollos y un corredor que hace las veces de sala de recibo. Se mueve con relativa libertad pese a los soldados que andan cerca, vende bolis, arregla uniformes militares, se levanta temprano, reza, habla de Jesucristo, de las Farc, de la paz.

La tragedia de Urabá

—Mi nombre es Elda Neyis Mosquera García, conocida en las Farc con el alias… de “Karina”—. Hay una pausa en la frase, una inflexión antes de pronunciar su apodo. Se presenta como si fuera a empezar un discurso.

Y así es. “Karina” habla de Urabá con soltura, pues fue en esa región donde inició una etapa de 24 años en las Farc. Si bien su nombre empezó a figurar cuando ya era comandante del frente 47 en Caldas, Risaralda y el Oriente de Antioquia, en Urabá reunió buena parte de la experiencia que, más tarde, la haría una guerrillera emblemática.

—El V frente surgió muy poco tiempo después de que nacieron las Farc— dice Karina—. La guerrilla se formó en el 64 y en el 72 ya estaba aquí en la zona. Urabá era uno de los rincones donde pusieron los ojos las Farc, pero también grandes inversionistas que sabían que esta región, con el tiempo, iba a dar muchos frutos.

En cinco meses, cuando se cumplan los ocho años de la pena alternativa a la que fue condenada, “Karina” podría solicitar su libertad.

Cuando ingresó a la guerrilla, en 1984, el frente V ya había consolidado un poder casi indiscutible. Había resistido la presión del Estatuto de Seguridad de Julio César Turbay y ya se trataba de una estructura fuerte en lo político y lo militar.

—Yo recuerdo que cuando ingresé a las Farc no había presencia del Estado. En Urabá mandaban la guerrilla, el Partido Comunista y la Juventud Comunista. Luego surgió la Unión Patriótica y fue cogiendo auge. Nosotros mismos hacíamos las campañas para que la gente votara por ellos. En ese momento yo creí que las Farc se iban a tomar el poder por la vía política.

Sin embargo, el EPL, también presente en la región, hacía lo propio. Fue precisamente a mediados de los 80 cuando el enfrentamiento entre esas dos guerrillas por el control de Urabá desató una guerra que más tarde cambiaría de actores pero no tendría tregua.

El secuestro y la extorsión ya eran una importante fuente de ingresos para las guerrillas, mientras tanto, los recursos que escondía ese rincón de Antioquia convocaron a los paramilitares que llegaron con la idea de recuperar de las manos de la guerrilla ese territorio que se le escapaba al Estado.

—Ninguna revolución se mueve solamente con palabras, todos los proyectos revolucionarios deben tener financiación y Urabá movía las finanzas de las Farc. Para principios de los años 90 teníamos el dominio total de esta región. Alguna vez hablé con gente de las Autodefensas, con Raúl Hasbún y con “El Alemán”, y les dije que si no hubieran aparecido los paramilitares a arrasar con todo, las Farc se habrían tomado el poder.

Ganar y perder la guerra

Cuando Karina salió del V frente asignada al 47, la guerra en Urabá había cambiado. El Ejército y las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá habían ganado posiciones, las masacres estaban a la orden del día y la llegada de las cooperativas de seguridad “Convivir” también le arañaba poder a la guerrilla.

Aunque esa vieja estructura de las Farc había tenido que replegarse, en otras regiones del país la guerrilla se consolidaban militarmente. Así como a finales de los 80 “Karina” pensó que la guerra se ganaría en la política, a finales de los 90, luego de su llegada al frente 47, creyó que se ganaría a fuerza de fusil.

—Entre el 96 y el 98 los que estábamos en las Farc creíamos que nos íbamos a tomar el poder por la vía militar. El Ejército ya estaba a la defensiva, por eso Pastrana sentó a las Farc en San Vicente del Caguán. Hay mucha gente que dice que le entregó el país a la guerrilla, pero ese realmente fue un fracaso para las Farc.

Y la guerrilla fracasó, dice “Karina”, porque negoció en su mejor momento militar pero no logró nada en la mesa de conversaciones. Porque además el proceso expuso a decenas de guerrilleros de los que poco se sabía y porque la terminación de los diálogos fue la cuota inicial del fortalecimiento de las Fuerzas Militares y del acorralamiento de la insurgencia.

Entonces, lo que pasó en Urabá empezó a reeditarse en otras regiones. Los paramilitares siguieron ganando terreno, la Fuerza Pública retomaban el control de zonas que parecían vedadas pocos años atrás y lo sucedido en el Caguán le dio fuerza a un discurso antisubversivo que fue calando en muchas regiones. Fue en ese momento cuando, según “Karina”, las Farc empezaron a perder la guerra.

Para entonces ya era la comandante del frente 47. Y aunque dice que la guerra empezaba a perderse, según la Fiscalía, solo entre 2000 y 2003, cuando estuvo al mando, esa estructura dejó más de mil víctimas. A ella, en concreto, se le responsabilizó de por lo menos 143 delitos. Con secuestros, extorsiones, desapariciones forzadas, reclutamientos forzados, desplazamientos, y tomas a sangre y fuego de varias poblaciones, “Karina” y sus hombres sometieron la zona limítrofe entre Antioquia y Caldas.

Fue en ese periodo que empezó a circular la idea de una guerrillera que torturaba a sus víctimas, que mutilaba, que profanaba cadáveres. Hoy, rodeada de cientos de soldados en una brigada, dice que fue el Ejército el encargado de echar a nadar esos mitos. Que entiende que al enemigo hay que derrotarlo así sea con “propaganda negra”.

—Ese mito se creó por ser mujer. Porque fui una mujer de combate que no me dejé doblegar frente al enemigo y eso no lo acepta el machismo de esta sociedad.

La paz y el miedo a la libertad

“Michín”, su novio, pero también su subalterno en el frente 47, corrió el riesgo de decirle que Iván Ríos, comandante del bloque José María Córdova, su superior, la quería muerta. Que si quería sobrevivir a la guerrilla tendría que desertar. Esa idea era suficiente para que “Karina” ordenara fusilarlo, pero decidió esperar.

—Yo estaba en la unidad de Iván Ríos y en un bombardeo que habían hecho el año anterior murió la novia de él. Después me dijo que quien debía de estar muerta era yo. Luego me quitó los mejores hombres de combate que tenía esa unidad y ahí fue cuando mi compañero me dijo que Iván Ríos lo que quería era que me mataran, que si quería darle un golpe a las Farc nos fuéramos.

“Karina” afirma que el tema de los desmovilizados individuales debería ser tratado en la mesa de conversaciones de La Habana.

 

En mayo de 2008 decidió desertar. No lo haría ante el la Policía o el Ejército porque estaba segura de que antes de entregarse la matarían, entonces buscó un contacto en el DAS que le garantizara su seguridad. Escapó junto a su novio y le puso fin a su historia en las Farc.

Sobre “Michín” hoy se dicen muchas cosas en las filas de las Farc. Por ejemplo, que era un agente en cubierto del Ejército y que su misión desde un comienzo fue enamorar a “Karina” para lograr su deserción. Sin embargo, ella desestima esa versión y dice que, aunque ya no son pareja, habla con él y, por lo que sabe, lleva la vida de cualquier desmovilizado.

Tras su entrega, fueron varios años de comerciales, de micrófonos, de promover la estrategia de desmovilización del Gobierno que pretendía reventar a las Farc por dentro y ponerle un ingrediente más a los golpes militares que, para ese momento, tenían a esa guerrilla contra las cuerdas.

También, fueron años de audiencias en las que reconoció algunos de sus delitos y negó muchos otros que algunas de sus víctimas insisten en atribuirle. Años de entrevistas y presiones para que delatara a sus antiguos compañeros, para que hablara de los narcos de las Farc y de sus movimientos internos.

—Ocho días después de mi desmovilización creí que no iba a ser capaz de soportarlo. Que no había valido la pena desmovilizarme porque todo lo que se decía de mí era malo. Por ese perfil tan alto que yo tenía decían que yo iba a ser el ventilador de las Farc, que yo iba a sacar todo lo que la sociedad no conocía de la guerrilla, pero yo era más mito que otra cosa.

Hoy queda poco de su trabajo como gestora de paz. Asegura que no tiene plata, que nunca ha recibido ningún aporte económico distinto al mercado que le lleva el Inpec y al dinero que logra conseguir con la paradoja que representa poner sus manos y sus dos máquinas de coser al servicio de los soldados que se pasean por su casa.

Le queda poco tiempo de encierro en la brigada, que es, más bien, el tiempo que le queda protección. Dice que prefiere no pensar en la libertad, que no quiere preocuparse porque sabe que está en la mira de las Farc y “de todos los que no han podido perdonar”.

—En este momento dejo todo en manos de Dios. No me pongo a tirarle mente a las cosas porque después me ilusiono y no sé qué me pueda suceder. Yo sé que para hacer una vida normal tengo que irme de este país. Seguramente habrá muchos otros desmovilizados que se puedan quedar, pero yo no lo haría. Quisiera disfrutar de mi país pero sé que no lo puedo hacer.

Ese no poder imaginarse libre es su mayor duda en relación con las conversaciones de paz de La Habana. Asegura que la situación de los desmovilizados individuales no está sobre la mesa y que eso deja a miles de personas, como ella, con la incertidumbre de no saber si del proceso de paz quede algo que reconozca su decisión de renunciar antes a la guerra.

Pero dice que no hay reversa para el fin del conflicto. Que esta vez las Farc no tienen otra opción que negociar…

—Estoy segura de que no habrá paz en un país en el que todavía quedan grupos generadores de violencia y donde no hay inversión social para darle a la gente lo mínimo. Pero espero que salga algo bueno para Colombia. Que la sociedad entienda la reconciliación y que el Estado realmente genere las condiciones para que todos estos muchachos se reintegren a la vida civil.