“Yo vengo a Colombia a buscar vida”: Piero
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“Yo vengo a Colombia a buscar vida”: Piero

Andrés Bermúdez Liévano - Diciembre 7, 2018

El cantante nos cuenta por qué está apoyando una comunidad indígena colombiana que sustituyó amapola por café.

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Racatacapum racatacapum, racatacapum pum pum…

Piero traerá mañana a Bogotá su Sinfonía inconclusa bajo el mar, completa con el pulpito que a ocho manos aporrea un par de pianos, el pez serrucho que rasquetea el contrabajo, el pez martillo que castiga los platillos y el bagre bigotudo que sopla un flautín muy puntiagudo.

Cantará por una causa muy especial: una comunidad indígena de Nariño que, a través de un laborioso esfuerzo por recuperar sus tradiciones y su espiritualidad, sanó las heridas físicas y emocionales que les dejaron dos décadas de cultivo de amapola y de convivencia forzada con tres grupos armados ilegales. Pero que, irónicamente, vio la mayoría de viviendas de su resguardo colapsar a finales de 2015 a causa de una falla geológica.

Con lo que recaude del concierto de este sábado, 8 de diciembre, a las 4 pm en la Universidad Jorge Tadeo Lozano los indígenas inga reconstruirán el poblado principal del resguardo de Aponte.

Proyecto Coca habló con Piero, el célebre cantautor argentino sobre este concierto tan especial (que se suma al que hizo anoche en Pasto).

Incluso luce un collar de protección, hecho con chaquiras negras y naranjas, que le dieron los indígenas. “Acá se cocina vida”, dice mientras toma el café especial con el que los inga salieron de 2 mil hectáreas de amapola. Este café lo venden en su tienda en La Candelaria y así sostienen a su comunidad.

¿Qué fue lo que le llamó la atención de la historia de los indígenas inga de Aponte?

No sé qué, hay muchas razones. Hace mucho había cosas que no veía. Veía 500 familias con sus casas destruidas, pero no hubo ningún muerto. Eso no es común.

Yo siempre digo: no importa qué pase, sino qué hacemos con lo que está pasando. Una cosa fue llevando a la otra y la calidez de ellos, la integridad que tienen, te entusiasman para hacer cosas juntos.

Un concierto como el que hicimos anoche no recauda lo que hace falta para una casa, pero sí llama la atención. El alcalde y que el gobernador se pusieron las pilas desde que los juntamos y, dentro de las posibilidades, salen cosas.

Por otro lado, estamos haciendo un directorio de causas. Si te gusta la ecología o los niños, podrás ir a ver qué está haciendo la gente. Todavía no lo sacamos, pero queremos que se pueda sintonizar la solidaridad ociosa. Yo creo que hay solidaridad que se tira a la basura todos los días. Todos tenemos tiempo, dinero y materia dispuesta, pero si vas a lo concreto podés aprovecharla.

Usted agarró el mensaje de ‘yo soy wuasikamas’. ¿Qué le llama la atención de esa figura, en lengua inga, del ‘guardián del territorio’?

A mí no me sorprende lo que hacen los indígenas. Ellos son sabiduría y yo respeto mucho lo que ellos vienen trayendo ancestralmente. Lo hacen con mucha integridad.

Como dice la canción de América nuestra, que es de mi último disco:

Si uno mira América desde el suelo

Soledad, tristeza y miedo / La mentira y la verdad

Tantos enredados hacia abajo / Cuando solo en un abrazo nos hacemos unidad

 

Si uno mira América desde adentro

Y si es amor lo que yo siento / Tu destino realizar

América india, sabia de chamanes, sabia de la pachamama

A vos te quiero llamar

Esto puede ser, esto yo lo quiero hacer

Para que la paz no sea solo un sueño

 

¿Qué opina del proceso de transformación de la comunidad, de la amapola y la violencia al café y la tranquilidad?

Es admirable que lo hayan hecho los inga. Además, si vos producís orgánico, vivís. El glifosato se lo deberían guardar. Lo importante es empezar a virar: si no podés sustituir la hectárea [de coca o amapola], vas sustituyendo media. El camino tiene que estar ahí.

Claro que tenés que estar acompañado por los de arriba, pero por ahí empieza.

Usted lleva años viniendo a Colombia. ¿Qué cambios ve?

Están muy mal acostumbrados, porque vienen de un mismo gobierno así cambie la cara. Toda esa gente que estaba mirando la televisión y la historia, como pensando “La paz ahora empató y vamos 2 a 2”, eso no sirve.

Hay que ir a la puerta y meterte ahí, participar y eso está empezando a pasar. Está creciendo en la gente joven, que está viendo que la espera es esperanza también. Hay que parapetarse e ir haciendo. Hay que buscarlo modo Gandhi, no romper ningún vasito y seguir avanzando.

Usted estuvo en el Caguán hace 20 años, en medio de un proceso de paz que resultó fallido. ¿Cómo ve la diferencia entre esa negociación de paz y la que trajo el Acuerdo de paz con las Farc en 2016?

Era un lugar mucho más desesperanzado que hoy.

Estábamos en el Hotel Tequendama en el 2000 y me dicen: “Ese es el alcalde de San Vicente del Caguán”. Yo me le fui de atrás, le tomé del hombro y le dije: “Si te conseguís un avión, vamos y te tocamos gratis en el Caguán”. Al rato lo teníamos y nos fuimos. Terminamos con una monja y una guerrillera cantando el Ojalá. Fue realmente muy fuerte, muy lindo.

Al otro lado nos invitaron donde estaban haciendo las negociaciones por la paz, que fracasaron porque estaban más duros que una piedra. Nos sentamos en un lugar donde había un músico, una ametralladora, un guerrillero, un músico, una ametralladora, un guerrillero… Al que estaba conmigo le dije, “¿Te puedo hacer una pregunta? ¿Cuántos años vas a estar así de guerrillero? ¿Cuánto falta? ¿O qué falta?”. Y dice: “No, es que la gente nos necesita”. Y le dije: “La gente no necesita que la jodan más. Si la dejás sola, sale a flote. Pero si la estás jodiendo. Mira, están estancados haciendo lo mismo o peor que cuando empezaron”. El asunto es que no podíamos enganchar y yo me iba decepcionando, así que le conté que yo creo en la agricultura orgánica y la alternativa. “Ustedes, con todo lo del Plan Colombia, ¿no están pensando en eso?”

Al salir, llegaron Caracol y RCN con sus cámaras, a preguntarme como me fue con las Farc. Y yo dije, “Bueno, mientras charlemos, busquemos la vuelta, hay esperanza y hay ganas”. Dije algo así que ni yo me creía. Hasta que viene, Jojoy creo que era, no los tengo muy individualizados, y dice “este Piero, nos mete a todos en este cuento y ahora está con la ecología y con esas cosas”. Entonces me le fui a los micrófonos y le dije “la guerrilla en los 70 era agua fresca, bien vista por mucha gente, con orden y coherencia. Ahora no se usa más”.

¿Entonces la Colombia actual la ve muy distinta?

Hace unos 10 años yo vi un documental de un tipo que se iba con la cámara por el Cauca a hablar con el indígena, el alcalde, el campesino. Y va donde un chico y le dice, “Para vos, ¿qué es la paz?” Era un pibe muy despierto, pero se queda pasmado. “¿Y qué es la guerra?” “Paratapum, pum, pum”. Al rato veo a un guerrillero que lo entrevista, ¿y qué tal? ¿Hasta cuándo van a estar? “Noooo, la gente nos necesita”. Era lo mismo que nos decía diez años antes el otro.

Pero en Cuba, cuando fui durante esta negociación de paz, vi que están en otra cosa. Se veía que las Farc son más coherentes que los elenos. Quizás les falta un asesor de imagen, pero cambiaron. Cambiaron. Pablo Catatumbo me decía: “En la guerra no gana nadie”.

¿Le da entonces esperanza?

El colombiano tiene ganas de vida, mucho por dar, sabiduría compenetrada. Lo veo y lo admiro siempre.

Hace años me decían, ¿para qué vas a Colombia a buscar muertos y bombas y quilombo? Bueno, yo vengo acá a buscar vida. ¿Cómo vida?, me decían. Nosotros vamos al psicoanalista, pagamos un montón de plata y pasamos un montón de tiempo. Acá viven en el aquí y ahora natural. Conviven.