Uribe quiere que se cumpla la paz
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Uribe quiere que se cumpla la paz

Santiago A. de Narváez - Abril 15, 2019

Uribe, Meta, es un municipio que tiene la historia de los últimos 50 años de conflicto armado colombiano. Ahora sus habitantes le apuestan al turismo como herramienta para la construcción de paz.

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Vietnam

—Esto era como Vietnam —me dijo, apenas tuvimos tiempo para descansar, un periodista de Villavicencio.

A lo lejos, en el horizonte, un helicóptero aterrizaba en la base militar del pueblo. El grupo había seguido adelante mientras nosotros tomábamos aire.

—Caían bombas a cada rato.

Los rayos de luz y los mosquitos se peleaban a muerte, con el sol de mediodía, nuestros todavía libres pedazos de piel.

—Nada que ver con lo de ahora —me decía el periodista mientras los dos mirábamos desde la loma las pocas cuadras de casco urbano de Uribe.

Condiciones normales

Bogotá está a 157 kilómetros de Uribe.

Pero para llegar a Uribe hay que dar una vuelta de más de 300. Una vuelta que, en condiciones normales, es decir, con carretera pavimentada, tomaría unas cinco horas en carro.

Sucede que para llegar a Uribe, no existen condiciones normales.

Se tardan dos horas en bajar a Villavicencio, si no hay trancones o deslizamientos. Luego otras tres horas hasta el municipio de Mesetas, que es el último municipio hacia el occidente del Meta –y en las faldas de la Serranía de la Macarena– hasta donde llega la carretera. Luego sigue la trocha, la carretera despavimientada hasta Uribe, un municipio que está a 42 kilómetros de distancia pero al que uno se tarda entre cuatro y seis horas para llegar.

Uribe queda al sur del sur de Bogotá. Uribe queda al sur del páramo de Sumapaz. Queda bajando por el cañón del río Duda, entre la Serranía de la Macarena y las faldas de la Cordillera Oriental.

Por este cañón se asentaron las Farc cuando salieron de Marquetalia.

Fue por este cañón que el secretariado fundó Casa Verde, su sede durante varios años hasta que el gobierno de César Gaviria la bombardeara en 1990.

Mapa de la Serranía de la Macarena. Ilustración: Lady Chaparro

Trochas I

Nos invitaron a cerca de 30 periodistas e influenciadores (es decir, gente con celular y seguidores) para ir a Uribe, Meta y conocer las ofertas turísticas que se han abierto en el municipio luego del Acuerdo de paz. ¿Qué papel juega el turismo en días de posacuerdo? ¿Cómo puede ser el turismo una herramienta comunitaria para construir paz y territorio? ¿Qué implica la llegada –controlada o masiva– de gente nueva a lugares donde antes no llegaba nadie? ¿Cómo puede ser el turismo una forma económica rentable para la gente y a la vez sostenible para el medio ambiente? Salimos madrugados –4 a.m.– de Villavicencio rumbo a Mesetas, hasta donde llega la pavimentada. Luego de ahí hacia Uribe en un recorrido que nos tomaría cerca de ocho horas.

Los jesuitas y el café

Por aquí entró la civilización andiana, dice Flaminio Castellanos, mientras espera que los presentes se acerquen a comprarle una libra de café. Por aquí, sigue Castellanos, entraron los jesuitas a fundar San Juan de Arama y San Martin. Por aquí, desde el municipio de Colombia, Huila, entro el café a Colombia en 1538.

Uribe era un paradero, una posada. En San Juan de Arama se fundó otra posada y luego San Martín de los Llanos, otro paradero. Los jesuitas trajeron las semillas de café de Europa, entraron a los llanos por el Huila y sembraron 10.000 matas de café en una región que se llamaba El Buque, que corresponde al barrio El Buque en Villavicencio hoy en día.

Luego, cuando ya hubo el camino para salir por Caqueza, por ahí esas semillas se las llevaron los paisas hacia la zona cafetera. Y como la gente de allá es más trabajadora y el llanero es más flojo, eso aquí se acabó. Pero la ganadería y el café entraron al llano por aquí, por Uribe, Meta.

Una letrica

Don Atanael Rojas, quien fuera colono en los años sesenta, y en los años sesenta llegara hasta estas tierras con su padre y sus hermanos, dice que con todo respeto yo les quería decir a ustedes señores periodistas, que si nos hacen el favor de corregir una letrica del nombre de nuestro municipio. Resulta, dice don Atanael, que acá vino, en los tiempos de la Guerra de los Mil Días, un general que se llamaba Rafael Uribe Uribe y fue en memoria de ese señor que esto se llama así, así como se llamaba ese señor, dice don Atanael. El señor no se llamaba La Rafael o Rafael La Uribe, no. Se llamaba Rafael Uribe y asimismo este municipio se llama Uribe también. No La Uribe, como muchos creen, o como muchos piensan. Entonces quería pedirles ese favor, si me ayudan a que le quiten esa letrica al nombre.

Casco urbano de Uribe, Meta. Fotos: Isaac Díaz y Santiago de Narváez

Concesión

En esa época no se llamaba Uribe, dice Flaminio Castellanos, a la espera de que le compren sus libras de café. Pero esto no se llama Uribe por el general Rafael Uribe Uribe, como piensan muchos, que también estuvo por aquí en la Guerra de los Mil Días. La Corona de España hizo en su momento una concesión para explotar la quinina y el caucho a un par de españoles. Un tal Herrera y un señor Uribe, los nombres no me los acuerdo, pero están. Y ellos explotaban la quinina y el caucho desde el Huila hasta el rio Ariari. Todo esto era de ellos, dice Flaminio señalando el todo esto de la noche. Luego la sociedad se peleó y a Herrera le tocó del filo de la cordillera hasta el Magdalena y a Uribe le toco del filo de la cordillera para acá. Por eso esto se llama así.

Trochas II

Son las siete de la mañana y varios perros famélicos se pasean por entre las mesas del restaurante. Desayunamos, entre somnolientos y cansados, en un paradero de Mesetas. Hasta acá llega la carretera pavimentada. ¿Cuál es el papel de uno como turista? ¿Más allá de venir a comer a dormir a ver a conocer? ¿Más allá de venir a pagar a incentivar la economía? ¿Qué narrativa busca contar el turismo hecho por las comunidades? ¿Cómo hacer turismo comunitario en la era de la globalización?

Cuando Guadalupe Salcedo

Luego vino la violencia del bipartidismo. Acá golpeó la violencia, continúa Flaminio Castellanos: cuando las guerrillas del llano, cuando Guadalupe Salcedo: mi papá era comandante de las guerrillas del llano aquí por el cañón del Duda, más arriba, en Ucrania, por donde después se fundó Casa Verde. Mi papá se llamaba Flaminio Castellanos, también como yo.

Otro tío, Víctor Castellanos, fundó La Caucha, por el rio Duda, de aquí para arriba. Cuando esa violencia, del 19 hasta el 53, esto eran escondederos de las guerrillas liberales que servían para hacerle frente a los chulavitas del Sumapaz.

Cuando terminó esa violencia, en el 53, y entró el comunismo mi papá no quiso seguir en eso: que porque él era liberal y liberal se moría. Uribe toda la vida fue liberal. Entonces mi papá se le reveló a Juan de la Cruz Varela y se vino con 21 compañeros, con sus hijos, y fundaron Mesetas.

Yo tenía seis años.

Luego, el 27 de mayo de 1964, hubo lo de Marquetalia. Entonces se vinieron los campesinos rebeldes debajo de El Pato y luego aquí, al río Guayabero. De ahí, Marulanda se subió con su grupo y se escondieron allá arriba en Ucrania, donde yo nací, y ahí fundaron Casa Verde y ahí se formó las Farc.

De ahí pa allá es libre

—¿En qué momento llegó usted a Uribe? ¿Siempre ha vivido acá? —le pregunto a don Atanael Rojas.

—Creo que no se me ha olvidado todavía la época en la que llegue. También llegué en una época de invierno así como llegaron ustedes hoy. Eso ha quedado como en la historia. Porque llegué desde Mesetas, en junio del año 67, a un caserío que se llama El Oriente. Gastamos cuatro días, no tanto por lo lejos, sino como era pleno invierno estaba el inconveniente de los caños, no había puentes, era una pica. Porque camino es una cosa y una pica es otra cosa, que es como decir una trocha.

»Veníamos con mi papá. Él era administrador de unos señores Sarmiento en San Martín. Y ellos habían comprado esa finca en El Oriente. Los señores le encomendaron a mi papá que viniera a conocer esa tierra. Y fue de esa manera que conocimos la región. Éramos 11 hijos con los dos veteranos, mama y papa. Nosotros, los tres mayores, ya nos estábamos formando.

»Habíamos dos que ya habíamos prestado servicio militar y pensábamos ya como en hacer algo en la vida. Nos fijábamos mucho en mi papa. Él estaba envejeciendo y no le mirábamos que tuviera ningún futuro asegurado para la vejez. Y nosotros íbamos por lo mismo. No nos hacía falta nada, teníamos más o menos todo, pero nos hacia lo más importante que es el estudio.

»Con base de eso, ya cuando llegamos a esta región, conocimos el sitio que veníamos a verificar que había. La finca no tenía animales, sino que era la sola finca. Le preguntamos al señor que administraba esto que hasta donde era.

»De ahí pa allá de quién es, le preguntamos. No señor, eso de ahí pa allá es libre. El que quiera coger ahí pa allá bien pueda. Si mañana ya quiere agarrar de ahí pa allá bien pueda, dijo el administrador. Y entonces de ahí nació la idea de estar hoy en día por acá.

Son 50 kilómetros desde Mesetas a Uribe. Casi todo el trayecto es despavimentado.

Trochas III

De camino a Uribe por la destapada. Suena champeta en la radio. Afuera llueve. Por la ventana vemos pasar un camión de cervezas en sentido contrario al nuestro. Que falten las carreteras, la presencia del Estado, pero nunca la cerveza en ningún municipio de Colombia. Vamos hacia Uribe porque el Acuerdo de paz abrió condiciones para visitar territorios antes protegidos por la guerra. Cascadas, ríos, bosque que antes era impensable conocer pero que ahora se preparan para recibir la llegada de visitantes de distintos lados. ¿Cuánto bien y cuánto mal le hizo, le hará, el Acuerdo de paz a la naturaleza colombiana?

Después de que entró la petrolera

—Cuando llegaron en el 67, ¿cómo era la situación con las guerrillas…

—No señor —responde don Atanael Rojas—. En ese tiempo aquí eso era muy sano. Tan sano sería que en la base militar que había, que no eran sino 40 soldados, el comandante era un sargento mayor, no era un oficial. ¿Sabe qué hacíamos nosotros? ¿Una de las formas que teníamos de sobrevivir todos los que habitábamos aquí alrededor? Cultivábamos maíz, yuca, plátano, matábamos danta, cafuche, pescábamos y traíamos y cambiábamos por lo que no producíamos. Ellos nos daban sal, aceite.

»Fuera de eso, nosotros nos íbamos –digo nosotros porque lo hacíamos así– a mariscar a la vega del rio Duda, nos íbamos una escuadra y un suboficial para la playa del río a mariscar y pescar. Y por allá dormíamos una o dos noches. Y lo que conseguíamos por allá, no era para una sola familia, era para repartirlo con el resto que había. Como éramos poquitos… Porque cuando nosotros llegamos no eran sino siete casas. Era una forma de vivir muy bonita. Tranquila. No había mucho para donde ir porque como le digo: la colonización que había era muy poca.

—¿En qué momento llegó la colonización?

—Después de que entró la petrolera, eso facilitó y en parte fue una ayuda. Porque todas esas trochas que dejó la petrolera, eso sirvió para hacer caminos y la gente dentrarse. De ahí para adelante fue cuando hubo la colonización dura.

—¿En qué año?

—Eso masomenos empezó por ahí en el año 73, 74. Y pues ya la petrolera se fue definitivamente cuando cogieron un gringo. Ya habían hecho la sísmica y trajeron taladro pesado porque encontraron petrolero. Entonces metieron la trocha hasta la Explanación, así llama la vereda hoy en día.

»Entonces cuando eso fue que venía un gringo y que dizque era un genio y por eso le echaron mano. Ahí fue que vimos presencia de la guerrilla. Lo cogieron en el 76. Ahí pa adelante fue que ya vimos presencia de guerrilla. Ellos llegaron a la una de la mañana y no miramos el cliente que traían. Nos dijeron que lo habían cogido porque ellos no estaban de acuerdo con que la petrolera hiciera eso, que eso era un desastre. Y se lo llevaron. Entonces la petrolera levantó todo. Pero quedaron las trochas y la gente se fue metiendo por ahí.

 

“La finca no tenía animales, sino que era la sola finca. Le preguntamos al señor que administraba esto que hasta donde era. Nos dijo: De ahí pa allá es libre” Atanael Rojas

Jet-Set

Alfonso Cano, escribe Alfredo Molano en Trochas y fusiles, apareció en las primeras páginas de los periódicos al lado de Jacobo Arenas y de John Agudelo Ríos firmando el acuerdo de La Uribe en 1984. Las puertas de Casa Verde, dice Molano, se abrieron y el país supo quiénes eran los comandantes de las Farc.

Oyeron hablar a Marulanda, a Jacobo, oyeron hablar a Cano y a Raúl Reyes. Más de uno se sorprendió de que hablaran castellano y muchos, escribe Molano, mostraron como evidencia del grado de atraso de las guerrillas la frase de Tirofijo: “¡Qué haiga paz!”.

Casa Verde se abrió no sólo a los negociadores sino a los funcionarios del gobierno, a los políticos, a los empresarios, a los intelectuales y artistas. Llegó a considerarse de buen recibo en los cocteles de jet set haber estado en La Uribe y poco a poco quien no hubiera conversado con Jacobo estaba “out”, escribe Molano.

Los acuerdos de La Uribe, firmados en marzo de 1984, supusieron una tregua entre las Farc y el gobierno de Belisario Betancur y el nacimiento de la Unión Patriótica como partido político.

Elecciones

El 9 de diciembre de 1990 era domingo. Ese día se votaba en el país a los futuros integrantes de la Asamblea Constituyente, que tendría como tarea redactar una nueva constitución. Ese mismo día, en horas de la madrugada, cerca de 7.000 soldados, rodeaban por aire y tierra la zona alta del río Duda. El objetivo: acabar con el Secretariado de las Farc que se encontraba en esa zona.

Era un momento de incertidumbre y zozobra: Jacobo Arenas había muerto hacía pocos meses de un infarto. Y el proceso de paz –que venía desde Betancur y había pasado por Barco– estaba afectado en su corazón pues no había confianza por ninguna de las dos partes. Gaviria decidió bombardear la zona a los pocos meses de posesionarse en la presidencia.

“La brigada no recibió una misión específica de dar de baja a X persona, sino en conjunto al Secretariado” dijo en su momento el general Humberto Correa, oficial al mando de la operación. Era la primera vez, dice Correa, que se utilizaba todo lo que tenía la Fuerza Área y las Fuerza Militares a disposición: helicópteros, aviones, camiones y armamento pesado.

La Operación Colombia –ese era el nombre acuñado por parte del Ejército– duró cerca de ocho días en los que hubo bombardeos e intensos combates. Pero al final, el objetivo de la misión, acabar con el Secretariado de las Farc, no fue exitoso. Ni Tirofijo, ni Cano, ni Timochenko, ni Reyes murieron durante la operación. “Fue un error histórico muy grande”, dice León Valencia. “Lo que hicieron fue hacer replegar a las Farc hacia las montañas. Comenzó la construcción de un ejército, que ya para 1996, ya era un gran ejército guerrillero”.

Chillidos y girasoles

Detrás de Omar Jiménez hay un cultivo de girasoles y más atrás, marraneras. Omar dice que para ellos ‘internamente’ hubo dos etapas muy duras: la toma de Casa Verde y los momentos posteriores al fin de los diálogos del Caguán.

—Esta ha sido cuna guerrillera y cuando se acaba el Caguán vienen duras las confrontaciones —dice Omar y atrás chillan los marranos.

Omar es excombatiente de las Farc y es quien está a cargo ahora de varios proyectos productivos de las Farc en una vereda de Uribe.

Cascada de los enamorados. Uribe, Meta

Trochas IV

Son las 10.30 de la mañana. Llevamos seis horas de camino y sigue la lluvia. Dos de ellas por carretera destapada. Llevamos seis horas en carretera y lo único que no ha parado de sonar es champeta a todo volumen. Algunos pasajeros ya confabulan con agarrar a tiros el transistor. ¿Cuántos turistas han llegado en plata blanca a estas tierras? ¿Cuántos blancos con plata han llegado hasta estas tierras? ¿En qué medida puede el turista ser sujeto crítico? Por estas trochas intentaron entrar incursiones paramilitares desde Mesetas hasta Uribe. Ahora, pasan por estas trochas buses cargados de turistas quejumbrosos porque suena duro la champeta o porque tienen ganas de orinar.

En vivo y en directo

Lo duro duro, dice Rodrigo Rojas, hermano menor de Atanael, también colono en su momento, lo duro duro, en sí fue después de la cuestión del despeje. Ahí fue complicado. Durante el despeje fue bien, porque fue tranquilo. Entonces ellos eran el ejército, dice Rodrigo y cuando dice ellos quiere decir las Farc. Ellos patrullaban el pueblo común y corriente y pedían cedula. Es más, dice Rodrigo, había gente que llegaba y los confundía a ellos con el ejército y no se daban cuenta que no era ejercito sino guerrilla, porque ellos cumplían la misma función.

Pero ellos eran muy caballeros, muy amables, dice Rodrigo y recuerda que la guerrilla hacía de policía cívica y ponía multas y mediaba cuando había riñas en el pueblo. Era chévere la cuestión, dice Rodrigo. La gente se educó mucho, dice, y dice que con respecto a la tala de monte acá no hubo tanto, porque la guerrilla no dejaba talar. Ponían multas, comparendos, dice.

Prohibieron la vaina de la pesca con dinamita. Si alguien iba a pescar pa negocio, pues no dejaban. Entonces los ríos y todo volvieron a tener pescado. Con la cacería lo mismo. Las dantas, los chigüiros no los dejaban matar. Nada nada, dice. Al que los mataba, le ponían su multa. Y con las peleas era igual. Hasta los chismes de mujeres sancionaban.

Con la basura en el pueblo, dice Rodrigo: lo mismo. Por eso usted mira y el pueblo es limpio. Porque la gente se acostumbró a mantenerlo limpio desde ahí. No permitían que alguien botara algún papel.

Pero claro, dice Rodrigo, cuando levantan el despeje empieza el problema del ejército de querer entrar y ellos a no ceder, dice Rodrigo y cuando dice ellos se está refiriendo a la guerrilla. Se formaban balaceras. Los aviones y las bombas. Todo eso que uno mira en Siria, en el Líbano, lo que pasa en la televisión, aquí nosotros lo mirábamos en vivo y en directo. Había aviones botando luces de bengala, bombas y ahí mataban ganado, gente, miles de cosas, dice Rodrigo.

El otro problema fregado es que la gente no podía salir de aquí. Apenas llegaba la gente a Granada, si se enteraban que uno venía de aquí, tenga: lo mataban. Y mataban mujeres, niños, había masacres, mejor dicho.

Porque cuando se dio el despeje aquí no vino nadie a decir que si estábamos de acuerdo o no. Nadie vino a preguntarnos qué opinábamos. Simplemente, dice Rodrigo, le dieron el municipio entero a la guerrilla. Y cuando se fueron ellos, el resto dijo: ustedes son los guerrilleros. Ahí sí nos echaron fue la culpa fue a nosotros.

Y eso no fue un año o dos, sino muchos años. Prácticamente hasta que comenzaron los diálogos.

“La gente se acostumbró a mantener limpio el pueblo”

Kilómetros de pavimento

Uribe lleva casi 3 años en donde no se escucha ni se sabe de combates. El conflicto ha disminuido un 95% desde el proceso de paz. Aseguran estar viviendo en completa paz y querer seguir viviendo en tranquilidad total. ¿Qué hace falta? Vías de acceso. La necesidad más grande que tienen, dicen ellos, es el tema de la carretera. De Mesetas a Uribe hay 50 kilómetros sin pavimentar y llevan doce años construyendo esa carretera en la que apenas han avanzado 20 kilómetros. 20 kilometros de pavimentos en doce años. Pero esa carretera, dicen, traería muchos beneficios para el municipio, para la gente.

En los proyectos productivos a los excombatientes les ha tocado botar cargamentos de maíz o girasol porque sale más caro sacarlo o porque simplemente no hay como sacarlo. Cargamentos enteros de comida que se vuelven comida de marranos porque no hay vías para llevarlos a Villavicencio o a Bogotá. ¿Dónde están las vías de acceso? ¿Dónde está la presencia del Estado que no sea el ejército?

Trochas V

Llegamos. Después de varias horas, llegamos a Uribe por fin. En el pueblo llueve más duro. Dejamos nuestras cosas en el hotel y salimos para comer el almuerzo retrasado. Son las 3 de la tarde. Llueve cada vez más duro. La gente está encerrada entre las tiendas y los restaurantes mirando hacia la calle vacía. Una vez terminado el almuerzo seguimos hacia la oficina de la agencia de turismo. Tenemos presupuestado hacer la primera actividad esta misma tarde. No hay tiempo que perder. Pero apenas llegamos, el guía nos dice que por razones de seguridad va a ser mejor no ir a las cascadas. Mejor quedarnos esta tarde en el hotel y descansar, dice el guía. No vaya y sea que con la lluvia un rayo nos caiga y nos parta la cabeza en pleno recorrido.

La paz es que puedas morir, ya no por fuego cruzado, sino por un rayo en plena lluvia.