Tejipaz: un laboratorio de paz desconocido en el oriente de Antioquia
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Tejipaz: un laboratorio de paz desconocido en el oriente de Antioquia

María Rodríguez - Octubre 30, 2018

Mientras en las ciudades la pobreza multidimensional es del 11,4% —según el DANE— en el campo es del 36,6%. ¿Cómo cambiamos esta realidad?

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A muchos nos han enseñado, desde el colegio, que el motor de este país es la agricultura. Lo debería ser, pero la realidad, cuando salimos de la escuela, es otra: el agro es una palabra que a veces parece vacía, que no está en la primera línea de las agendas políticas. Y esto lo reflejan las cifras, mientras en las ciudades la pobreza multidimensional es del 11,4% —según el DANE— en el campo es del 36,6%. Los  campesinos, desde donde lo veamos, siguen representando el eslabón más frágil de la sociedad. Y de ellos, claro, depende el agro. 

Veamos otras cifras. En Colombia, el 1% de los propietarios de tierra poseen el 81% de la misma, mientras que el 99% restante, tienen tan solo el 19% de la tierra. Así lo señala la ONG Oxfam, la cual elaboró, en 2017, una Radiografía de Desigualdad en Colombia.

Con este panorama desolador y un Acuerdo de Paz que todavía estaba en el papel, Claudia Milena Giraldo decidió fundar Tejipaz. Esta organización, la cual nació en 2016, se mueve en la región antioqueña y empodera al campesino desde varios frentes, empezando por su reconocimiento y el de sus productos.

Tejipaz interviene en un punto clave. En el mercado rural, el intermediario entre el campesino y los compradores puede manejar los precios a su parecer; toma la mayoría de decisiones. El campesino, relegado a lo que sucede en las ciudades, no suele vender sus productos directamente ni transportarlos (no tiene los recursos ni las vías terrestres, en la mayoría de los casos). Además, como nos contaron en Tejipaz, el campesino tiene que esperar 90 días para que un supermercado de la ciudad le pague por sus productos.

Teniendo en cuenta esta problemática, Tejipaz decidió interceder por ellos y comercializar directamente los productos bajo un modelo de comercio justo. Comenzaron a vender café, panela, frutos secos, cacao, cúrcuma, miel de abejas, entre otros.

“La gente que se desplazó a causa del conflicto muchas veces no quiere retornar al campo porque no hay oportunidades. Nosotros queremos generar un arraigo con esta población para que los campesinos se den la oportunidad de soñar. No queremos que vean la vida como algo que se limita a la substistencia, de eso se trata”, me contaba Claudia desde Granada, Antioquia, donde queda la sede de su trabajo. 

A Wilder Naranjo, campesino de la vereda El Morro en Granada, Antioquia, Tejipaz lo empezó a acompañar hace poco más de un año. Cultivaba café años atrás, pero con la llegada de los grupos armados tuvo que huir a Medellín. 

Años más tarde, decidió retornar al campo a recuperar sus cultivos, alcanzando, incluso, un café de altísima calidad. Para lograrlo, a Wilder le hacía falta algo esencial: el proceso de empaque. Tejipaz se encargó y lo motivó a probar su propio café con la familia. 

“De cada 100 caficultores, solo 3 se toman el café que producen”,  asegura Claudia. “Entonces es difícil generar un cariño al producto. Lo que Tejipaz ha hecho es acercar al campesino a lo que produce, que se tome su propio café y se de cuenta de la calidad que tiene. Queremos enseñarles a tostar el café y empaquetarlo, que no le echen tantos químicos. Se trata de una agricultura más consciente para que  también baje el precio de los insumos”, me contaba Morales acerca de su labor.

En una siguiente fase, Tejipaz comenzó a trabajar en la educación de la población campesina. Con diferentes instituciones educativas, como la Universidad de Antioquia, organizaron un programa de alfabetización. En estos cursos les enseñaron a escribir, leer y hacer operaciones matemáticas necesarias para coordinar su negocio.

 Luis Enrique Giraldo, un campesino de la vereda de San Francisco en Granada, tiene hoy  más de 2.000 árboles de café rodeados de palos de guamo que producen sombra. Empezó de cero y con el paso del tiempo aprendió a sacar los costos de sus productos, aprendiendo cuánto tiempo se demora cada proceso para hacerlo más rentable.

En un futuro cercano quiere hacer de su finca un destino turístico para compartir su experiencia de vida. Poco a poco, se ha ido apropiando de su territorio. Sus conocimientos, él lo dice, son valiosos en un país que quiere construir paz. 

Luis Enrique Giraldo. Foto: Tejipaz

Actualmente Tejipaz está trabajando con 200 familias. Cada una intenta especializarse con uno o dos productos para empezar. Cuando ya tienen todo listo, llevan el producto a la cabecera municipal, donde el camión de Tejipaz los espera. Lo que se busca, en el fondo, es un comercio justo para los campesinos. 

Aunque los productos se comercializan solo en el municipio de Granada, todos los productos se pueden comprar por internet y ser enviados a cualquier parte del país. Tejipaz  también se encarga de buscar aliados, como universidades, restaurantes y hoteles para promover la comercialización de los productos.

“Sabemos que estamos teniendo un impacto importante porque las personas ya no quieren irse de su territorio, mejoran sus casas y le ponen esfuerzo a aprender de sus productos. Al final esto se ha convertido en un laboratorio de paz”, concluyó Claudia Morales. 

Si quiere conocer más historias sobre los campesinos que colaboran en Tejipaz, puede ingresar a la siguiente página.