“Queremos mover el esqueleto del ‘status quo'”: María López
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“Queremos mover el esqueleto del ‘status quo'”: María López

Staff ¡Pacifista! - Diciembre 8, 2017

Del 6 al 8 de diciembre se realiza el Festival Detonante en Quibdó, una propuesta que vincula formación en liderazgo y emprendimiento con música y cultura.

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Foto por Adrian Prada.

Del 6 al 8 de diciembre se lleva a cabo la tercera edición del Festival Detonante en Quibdó, un evento que nació con el propósito de incentivar el liderazgo y el emprendimiento en la ciudad chocoana. La idea la tuvieron tres bogotanos: Felipe Jaramillo, un empresario de entretenimiento; Jose Aguirre, director de la Fundación Mario Santodomingo; y María López, fundadora de la Fundación Semana y de Semana Sostenible. Los tres se unieron para pensar en una idea que impactara positivamente y a largo plazo a la capital del departamento con los índices más altos de pobreza en el país, según un reporte de 2015 del Dane.

Durante los tres días de festival, quibdoseños, chocoanos y emprendedores de todo el país se encuentran en talleres, charlas y cursos para entender la región e ir encontrando soluciones a los problemas que azotan al pacífico colombiano. Y aunque les ha costado entrar y ganarse la credibilidad en la ciudad, los organizadores de Detonante afirman que cada vez son más los que le apuestan a la propuesta del festival.

¡Pacifista! se reunió con María López, una de las organizadoras del evento, para entender por qué escogieron a Quibdó sobre todas las demás ciudades del país y cómo es que un festival podría impactar positivamente a un región con agudos problemas estructurales.

¡Pacifista!: ¿Cómo surgió la idea de Detonante?

María López: Nosotros partimos de la base de que al entretenimiento le falta profundidad y a los temas profundos, sociales y ambientales les falta entretenimiento. Esa es la mezcla que quisimos hacer.

Yo vengo de los medios de comunicación y siempre me ha llamado la atención que le demos tanto protagonismo a los líderes negativos del país: porque es lo que mueve, porque es la chiva del corrupto y del ladrón. Los medios nos desarrollamos bajo la lógica de la guerra y del narcotráfico, y los temas ambientales o sociales son de otra categoría: no ocupan primeras páginas ni emisiones centrales. Si nosotros queremos que este país cambie, necesitamos poner la luz en los líderes positivos y los héroes ocultos. Yo he recorrido gran parte de este país y lo que he encontrado son líderes que están haciendo un trabajo espectacular, pero es un trabajo silencioso, que nadie conoce.

Detonante nace con las ganas de poner una plataforma y generar un movimiento y un medio de comunicación vivo para darle tarima a esos líderes sociales.

¿Por qué escogieron hacerlo en Chocó?

Cuando estábamos trabajando en esta idea loca, en las noticias estaba el cuento de este niño que, borracho, se encuentra con un policía y le dice “¿usted no sabe quien soy yo?”. También le dice: “lo voy a mandar para el Chocó”. Luego hay otra noticia de un representante a la cámara que también hace una referencia muy negativa del Chocó. Eso para nosotros hizo un clic inmediato. Además hablamos con varios empresarios contándoles la idea y todo el mundo nos decía “váyanse para Chocó”.

¿Y desde entonces decidieron hacerlo todos los años en Quibdó?

Nosotros queríamos que el festival fuera itinerante, que llegara a diferentes sitios cada año. Pero llegamos acá y nos dimos cuenta de que no era posible hacer cosas extraordinarias si no nos quedábamos. Entonces asumimos la responsabilidad y el compromiso de hacer el festival 10 años.

¿Por qué 10 años?

La idea es que después de 10 años esto ande solo. Y ese plazo nos permite tener un plan que no dependa del gobierno de turno sino de una coalición de líderes comprometidos personalmente a sacar adelante un proyecto colectivo. Es muy importante que un proyecto así tenga apropiación local porque, a la larga, lo que estamos haciendo es transferir capacidades, fortalecer lo local. Detonante solo pone la base.

Además el objetivo es que en 10 años el festival le haya generado a Quibdó tráfico de turismo y que mueva la economía local. En las dos versiones que hemos hecho, hemos traído 600 personas de afuera. Cada persona, en promedio, se gasta entre millón y medio y dos millones en la ciudad: en restaurantes, artesanías, hoteles. Eso es un tráfico diferente porque nadie viene a Quibdó a hacer turismo. Quibdó era una ciudad –y lo sigue siendo un poco– donde los hoteles están llenos de camisetas y de logos.

¿Habla de ONGs?

De ONGs y de cooperaciones. En los últimos siete años se le han metido a la ciudad más de 20 millones de dólares en cooperación internacional y no se ve. La plata no se ve. El sueño es que se vuelva un destino para personas de todo el país, que vengan a Quibdó, se queden en un hotel, vayan a Tutunendo o a esta selva que por metro cuadrado es la más biodiversa del planeta. Que conozcan las comunidades emberas, que haya rutas históricas o gastronómicas.

Entonces la idea es que ustedes salgan del mapa.

Exacto.

¿Cómo fue el recibimiento en la ciudad la primera vez que propusieron la idea?

Nadie nos creyó. Entramos por la institucionalidad local, hablamos con todos los que hay que hablar pero nadie nos creyó. Todos nos veían como tres locos cachacos que venían acá a hacer una fiesta, un concierto de gomelos y de hipsters. Cuando empezamos a montar el escenario se dieron cuenta de que sí era en serio.

En esa versión trajimos a Chocquibtown, Bomba Estéreo, Systema Solar, Herencia de Timbiquí y a La Mamba Negra. De ellos, el único que había tocado acá era Chocquibtown, y nunca se habían presentado en un escenario de las características que trajimos. Con eso te das cuenta de que la cultura empodera. Que si uno trata esta ciudad como una capital de departamento y le entrega un evento de nivel de capital empiezan a surgir cosas.

¿Y la gente cómo los recibió?

A los primeros talleres y conversatorios que hicimos trajimos empresarios, pero la convocatoria local no llegó. Durante el primer año fue muy difícil convocar a la comunidad y que asistieran y fueran parte del público.

¿Había una reticencia? ¿A qué le atribuyeron esa falta de asistencia?

Yo creo que la cultura del Pacífico y del Chocó es muy cerrada porque es un territorio que ha estado en el olvido del país. Los colombianos nos desarrollamos dándole la espalda al océano pacífico. La presencia y batería de servicios del Estado es bastante precaria y no hay empresa privada. Hay muy poca empresa chocoana y cuando el primer empleador del departamento es el Estado, es difícil cortar los ciclos de pobreza.

Pero también es una comunidad que ha estado muy manoseada por la cooperación y por la ayuda del blanco que viene del centro. Y eso pues les sabe a mierda.

Colombia no le ha dado a la comunidad afro los espacios de toma de decisión que debería darle. Y hay una lucha histórica reivindicatoria de lo que significa ser afro. Entonces cuando uno viene desde afuera a plantear este tipo de proyectos, hay resistencia, porque hemos ocupado todos los espacios y cuando llegamos a su territorio es como si ocupáramos un espacio más.

¿Esa resistencia ha cambiado?

Este año sí. Hoy en día, los conversatorios y charlas están llenos. Eso no había pasado. Muchos de los líderes que se han presentado este año nos buscaron.

¿Y qué sigue para el festival? ¿En qué sienten que tienen que seguir trabajando?

Queremos mover el esqueleto del status quo y eso solo se logra incentivando iniciativas privadas y fortaleciendo líderes locales que tengan voz, que hagan seguimiento a la política pública, que tengan la formación para negociar, exigir, armar y agrupar. En esta ciudad, que ha estado sumida en la corrupción, está surgiendo una generación nueva de líderes que quieren cambiar el status quo, que quieren hablar más duro y sacar adelante el departamento. Nosotros lo que queremos es mostrar esas caras.

Y necesitamos inyectarle oportunidades a esta ciudad con empresa privada, porque si a un muchacho lo ilusionan, se gradúa del colegio, logra ir al Sena, pero no encuentra en qué emplearse o no tiene los recursos para hacer emprendimiento, pues es muy difícil pedirle que tenga una actitud diferente y que haga parte del cambio.

Puedo ser soñadora e ingenua pero creo que uno puede a la vuelta de diez años entregar una ciudad diferente. Creo profundamente en eso.