¿Qué dejó el ciclo 39 de La Habana?
Leer

¿Qué dejó el ciclo 39 de La Habana?

Juan David Ortíz Franco - Agosto 3, 2015

Las últimas semanas de los diálogos de paz representan la consolidación de una nueva dinámica en la negociación sobre temas clave como la justicia y el cese al fuego. El ritmo de la mesa no ha significado acuerdos gruesos pero demuestran la madurez de las conversaciones.

Compartir
Declaración del Jefe del Equipo Negociador, Humberto de la Calle, sobre los avances del proyecto de desminado presentados hoy. La Habana, 28 de julio de 2015.

 

El ciclo 39 de los diálogos de paz de La Habana terminó el domingo con un balance escueto resumido en un comunicado conjunto de cuatro párrafos. El corte de cuentas ratifica que el proceso se encuentra en un momento clave, no solo por la definición de plazos, sino por el calibre de los temas que se están tratando en la mesa de negociación.

La declaración conjunta de las delegaciones de las Farc y el Gobierno destaca que durante este ciclo de conversaciones se presentó, el pasado 28 de julio, un informe sobre los avances del plan piloto de desminado en El Orejón, zona rural de Briceño, Antioquia.

También menciona el primer encuentro entre los asesores jurídicos de ambas partes para abordar el tema de justicia y asegura que los negociadores avanzaron en la construcción de acuerdos para la puesta en marcha del denominado Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición.

Finalmente, el comunicado agrega que, “en paralelo, la Subcomisión Técnica del Fin del Conflicto continuó discutiendo los temas relacionados con el cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo”.

A grandes rasgos, esos fueron los asuntos clave. Pero, entre líneas, puede interpretarse que este ciclo fue, al mismo tiempo, un punto de quiebre para imprimir una nueva dinámica al proceso. Ejemplo de ello es la llegada de “refuerzos” de ambas partes para abordar el tema de justicia enmarcado en el punto de víctimas.

En un comunicado exclusivo de su delegación, también publicado el domingo, las Farc insisten en la necesidad de “reconocer públicamente las responsabilidades de todos los involucrados en el conflicto, reparar los daños causados, garantizar el cumplimiento de la obligación del Estado de acabar con la impunidad y construir las imprescindibles medidas que garanticen la no repetición de la violencia política y del conflicto”.

Agregan que para lograr ese propósito debe superarse lo “meramente correctivo” y afirman que, junto al lugar central que deben tener las víctimas, debe posicionarse la verdad y, por tanto, insisten en que la comisión de esclarecimiento, prevista para una vez se logre un acuerdo definitivo, debe ponerse en marcha lo más pronto posible.

“Para encontrar entendimiento respecto a los mencionados asuntos, la Mesa decidió la creación de una comisión integrada por los connotados juristas Juan Carlos Henao, Álvaro Leyva, Enrique Santiago, Manuel José Cepeda, Diego Martínez y Douglas Cassel. Todos han expresado su plena disposición a trabajar en función de tan loable propósito, contando con el apoyo de otros profesionales del derecho, lo cual es garantía de que en este campo lograremos un acuerdo consistente que blindará jurídica y políticamente el proceso de paz”, dicen las Farc en su comunicado.

Toda esa discusión sobre el tema de justicia se ha dado en paralelo con otros asuntos que demuestran el interés de conseguir metas a corto plazo. Una de esas metas es el cese al fuego bilateral y definitivo que tiene como antecedente y prueba la tregua unilateral de las Farc y las acciones de desescalamiento del conflicto por parte del Gobierno.

Ese es el resultado más palpable de este ciclo de las negociaciones. Más si se tiene en cuenta la orden de cesar los bombardeos en contra de los campamentos guerrilleros, que anunció Santos el pasado 25 de julio y que hace pensar que los gestos de parte y parte para bajar la intensidad de la guerra serán más recurrentes en el futuro próximo.

Si bien no se ha llegado a un acuerdo, la baja en la intensidad de la guerra es una ganancia para las comunidades que desde mayo y durante cerca de dos meses estuvieron bajo el fuego cruzado y sufrieron las acciones de saboteo que las Farc pusieron en marcha luego de levantar el cese unilateral que declararon a finales del año anterior. Claro está, el beneficio también es para las partes, que conforme pasan los días dejan de contar por decenas las bajas en sus líneas.

El próximo 17 de agosto empezará el ciclo 40 con el reto de mantener la dinámica que se imprimió desde que las partes establecieron el plazo de cuatro meses para evaluar el proceso y aceptaron discutir en la mesa una tregua definitiva. Los resultados concretos de ese ciclo en materia de acuerdos pueden ser limitados, pero algunos piensan que son la muestra clara de que tanto el Estado como la guerrilla están resueltos a darle fin al conflicto.