‘Mujeres farianas, adiós a la guerra’: el primer documental hecho por exguerrilleras Foto: Mujeres Farianas
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‘Mujeres farianas, adiós a la guerra’: el primer documental hecho por exguerrilleras

María Rodríguez - Noviembre 29, 2018

Excombatientes de las Farc materializaron una idea: narrar sus vidas a través del cine. Este es, para ellas, un primer paso en la reincorporación a la vida civil.

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La fila le daba la vuelta a la manzana del Museo Nacional. Eran las 7 de la noche del lunes 26 de noviembre. Las primeras personas que llegaron al lugar llevaban más de dos horas esperando para conseguir buenos puestos en la pequeña sala Teresa Cuervo, donde se proyectaría el documental ´Nunca invisibles: mujeres Farianas, adiós a la guerra´, el primer largometraje imaginado y creado por mujeres que pertenecían a las Farc.

Todas las protagonistas de la historia, las mujeres del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de Incononzo, Tolima, entraban por la parte de atrás del museo. Era como una entrada VIP. El guardia las llamaba por su nombre y ellas pasaban la puerta de acero con orgullo.

Hace un año, a finales de 2017, ellas estaban en Icononzo trabajando en temas de memoria y perspectivas de género. En ese espacio se les ocurrió reconstruir sus historias a través de una herramienta nueva que llegó con el Acuerdo de Paz: el arte audiovisual. Era común que la prensa las visitara, las entrevistara, pero no que ellas asumieran el control de sus relatos, de  las cámaras y de la forma en la que querían narrar sus vidas. Así fue que nació esta historia.

La idea se materializó cuando el grupo de iniciativas de memoria del Centro Nacional de Memoria Histórica, el PNUD y el gobierno de Canadá, conocieron la idea de las mujeres de Icononzo. Aceptaron financiar el documental. “Fue una de las más grandes apuestas para el 2018 y la más polémica de las 25 iniciativa anuales que tenemos”, me contó Daniel Valencia, uno de los integrantes del grupo de iniciativas. 

“Mujeres Farianas”: estas eran las palabras que se leían en las camisetas blancas de las excombatientes. En la parte de adelante, una rosa roja estampada al lado del corazón. A ellas las rodeaban periodistas, fotógrafos, actores y personas que se acercaban con curiosidad. Nunca habían estado en esta situación. 

“¿Que significa ser una mujer revolucionaria?”, le preguntó una reinsertada del M-19 a cinco mujeres farianas que estaban esperando en la entrada: “Seguir siendo revolucionarias, aún con los estigmas, es trabajar desde el empoderamiento en regiones, espacios territoriales y por qué no, en la ciudad y sus salas de cine. Tenemos muy clara la escuela e identidad de las Farc”, le respondió una de las protagonistas.

A María, una excombatiente, la conocí en Icononzo unos meses atrás. Nos sentamos en su finca con cultivos de Sacha Inchi a tomarnos un café campesino. Ese día me contó las vicisitudes por las que había pasado durante los últimos años. Después de reencontrarnos en el Museo Nacional, le dije que aquel día en que hablamos en su finca se me había olvidado hacerle una pregunta: ¿Te consideras una mujer revolucionaria?

Ella, una mujer de estatura baja, con curvas, con el pelo recogido y canas vislumbrando, me dijo que claro que sí: “A las mujeres revolucionarias nos han querido pintar como mujeres violentas, y no, somos mujeres con mucho sentir de país. Tenemos mucho que aportar, estamos prestas a construir  desde diferentes lugares con todos los colombianos, no solo con los excombatientes”.

Después de unas cuantas intervenciones y agradecimientos, en una sala totalmente llena, la película empezó. Los hijos pequeños de las protagonistas le gritaban a la pantalla “¡mamá!”, mientras ellas se sonrojaban al verse proyectadas. En el largometraje, cada una de las cinco protagonistas respondían a las siguientes preguntas: ¿Por qué entraron a la guerrilla? ; ¿Cómo fue su vida en el monte?; ¿Qué cambió con el proceso de paz? En los relatos se tocaban temas sensibles, como el embarazo y la equidad de género en las filas guerrilleras. 

Los espectadores aplaudían cuando algunas de las mujeres lanzaban frases contundentes acerca del orgullo femenino en las filas: “Ingresé y vi que los hombres, por ejemplo, también hacían de comer, todo era por igual, eso sí era lo que yo quería ver”. Después de escuchar este testimonio, el auditorio estalló en algarabía.  “Es necesario poder tener, por fin, una paz con justicia social y que las mujeres podamos contribuir a eso”. La audiencia aplaudió más fuerte. 

El documental responde a una pregunta clave:  ¿Qué llevó a tantas mujeres a ingresar a las filas de las Farc y qué pasó cuando estaban allí? . Durante 40 minutos, se mostraron las entrevistas a cinco mujeres que pertenecían a la guerrilla y a la hija de una de ellas que nació durante los años de combate. Se exploraron temas de género, perdón, reconciliación y hablaron sobre el día a día en el monte. Cada una, con sus experiencias propias, contribuyó al esclarecimiento de la verdad sobre el conflicto. También, aunque eran historias particulares, estas mujeres trataron de encontrar esas constantes en la vida de una mujer guerrillera y plasmarlas en la gran pantalla.

El documental terminó y las luces se prendieron: el auditorio estaba más lleno que cuando empezó, el recibimiento fue mejor que lo esperado. Este primer intento de recuperar la memoria a través de una producción audiovisual puede marcar un camino para que las excombatientes crean en el arte como forma de expresión, de  contar sus vidas. Y lo más importante: hacerlo como ellas quieran, como se sientan cómodas. En fin, se trata de reincorporarse a la vida civil desde sus propios relatos. 

Al final, todas coincidieron en que una de las razones para mostrarse ante cámaras es la herencia de paz que le quieren dejar a sus hijos. “Queremos que ellos tengan más oportunidades de las que tuvimos, y que no estén condenados a repetir nuestra historia”, gritó una madre al salir del auditorio.

El documental podrá verlo en la página de las Mujeres Farianas Nunca Invisibles en el transcurso de los próximos días.