Pablo, Paloma y Angostura | ¡PACIFISTA!
Pablo, Paloma y Angostura Pablo con Ederlidia, una mujer desmovilizada de las Autodefensas que decidió reintegrarse a la vida civil, y con la ayuda del Estado, creó una empresa de diseño y costura llamada Malija.
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Pablo, Paloma y Angostura

Staff ¡Pacifista! - Abril 28, 2015

¿En qué momento este joven bogotano con estudios en las mejores universidades del mundo decide confeccionar prendas minimalistas con desmovilizados de la guerrilla y los paramilitares?

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Por: Juan Miguel Hernández

Pablo Restrepo parece, a primera vista, el protagonista de una postal lluviosa de Paris, pero es en realidad un hipster bogotano aficionado a Hemingway y a la champeta urbana. Tiene la barba tupida y desde hace un tiempo trabaja, hombro a hombro, con un grupo de desmovilizados de la violencia en Colombia.

Creció en una familia acomodada, pero consciente. Es un hombre sin prejuicios. La educación que recibió desde chiquito en el exterior le abrió los ojos y le reveló el mundo: “Estudié con gente de Arabia Saudita, de Senegal y de Angola, y aprendí a aceptar la diferencia”. Sus principios son liberales, pero sus amigos, paradójicamente, le dicen Godo, por su parecido con Godines, el personaje del Chavo del Ocho.

Diego, su mejor amigo, dice que pensar distinto, en una sociedad en la que todos piensan igual, le ha traído inconvenientes y frustraciones: “Desde que estaba en el colegio, él nadaba contra la corriente. Era irreverente y obstinado”. Siempre trató de romper los valores preestablecidos que le imponía su entorno.

Después de pasar por tres colegios en distintos lugares del mundo, se graduó del Gimnasio Moderno y estudió Relaciones Internacionales y Ciencia Política en Londres. En 2011, cuando regresó al país a hacer las prácticas en la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), descubrió que el sueño que tenía desde pequeño de crear una empresa auto-sostenible para generar un impacto real en la sociedad y aportar en la construcción de un país en paz, podría, por fin, ser viable.

En la ACR conoció a Ederlidia, una mujer desmovilizada de las Autodefensas que decidió reintegrarse a la vida civil, y con la ayuda del Estado creó una empresa de diseño y costura llamada Malija. Hasta el día de hoy en Malija han trabajado más de 50 mujeres desmovilizadas de distintos grupos al margen de la ley. A partir de esa experiencia, Pablo entendió que en Colombia el sector privado tenía (y tiene), sobre todo ahora en el marco del proceso de paz, la responsabilidad de constituirse como la principal comunidad receptora de personas en situación de reinserción.

Al terminar la práctica profesional, Pablo viajó a China a hacer una maestría en Administración Pública y cuando volvió a Colombia tenía, en los surcos de su alma, una semilla a punto de florecer. La idea que había nacido hacía un par de años en el comedor de su casa, mientras conversaba con su padre, se había convertido, a fuerza de compromiso y disciplina, en un proyecto de vida.

Para desarrollar el proyecto Paloma & Angostura contó con la ayuda de un socio financiero italiano, una community manager mexicana, una gerente inglesa. Todos, cómplices de Pablo

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El estudio donde Pablo nos recibe es un pequeño recinto pacifista. Al fondo, en un tablero borrable se lee: “La guerra es la salida fácil a los problemas de la paz”. Sobre un escritorio de madera tallada reposan un par de modelos de billeteras en cuero con adornos de fique y varios libros sobre el posconflicto. Al lado, en una tablita de corcho, entre papeles desordenados, aparece como un mantra: “The revolution of small things”.

Esta oficina es el centro de mando de Paloma & Angostura: una marca de ropa de altísima calidad que será lanzada el próximo mes y que mezcla, con elegancia y sobriedad, los bocetos de diseñadores de moda de Milán y la manufactura de excombatientes de grupos armados que trabajan en Malija. Las prendas combinarán la innovación y la creatividad de la alta costura del mundo, con la precisión y la rigurosidad de los desmovilizados.

Pablo asegura que es difícil persistir en una empresa con muy pocos recursos, que aún no ha vendido nada y no tiene flujo de caja, pero reconoce que lo que se ha logrado hasta hoy es gracias a la colaboración de gente de todo el mundo. En la construcción fueron claves, entre otros, un socio financiero italiano, una community manager mexicana, una cuasi gerente inglesa y muchos cómplices colombianos.

Pablo con Ederlidia, una mujer desmovilizada de las Autodefensas que decidió reintegrarse a la vida civil, y con la ayuda del Estado, creó una empresa de diseño y costura llamada Malija.

Pablo afirma que la empresa es un proceso de resistencia con narrativas locales y valores globales que pretende cambiar el imaginario colectivo de un país que lleva más de cincuenta años en guerra: “La idea es construir un proceso autónomo que genere relaciones de tolerancia y respeto dentro de la sociedad. El objetivo es quitarle la paz a los políticos, que la manosean y la desgastan, para construirla desde la gente”.

El funcionamiento interno de la empresa es interesante. Por una parte, Pablo está dispuesto a romper paradigmas muy afincados en nuestra tradición, como el de acumular riqueza mediante pésimas condiciones laborales para los trabajadores: “Nosotros queremos generar empleos fijos para los desmovilizados. La idea es mejorar su calidad de vida y reinvertir los excedentes en las necesidades urgentes de Malija. Por ejemplo, con las utilidades de la primera colección queremos comprar una mesa de corte para Ederlidia”. Además, afirma que Paloma & Angostura se diferencia de los centros de confecciones de Bangladesh o las maquilas de México porque su propósito radica en generar un crecimiento colectivo y lograr que los consumidores sean conscientes del origen del producto, reconozcan quién lo hace y qué efecto tiene este en la construcción de un país distinto.

“Nosotros queremos generar empleos fijos para los desmovilizados” dice Pablo

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Son las diez y media de la mañana y mientras llegamos al taller de Ederlidia, en Bosa, al suroccidente de la ciudad, Pablo nos cuenta, en medio de disertaciones sobre filosofía y política, que desde el principio, cuando Paloma & Angostura era solo un concepto, su propósito era construir un equilibrio entre el cuidado del medio ambiente, la generación de recursos y el impacto social. “Todas las prendas de Paloma son de algodón orgánico del Perú. Esto implica que el producto sea cómodo y, al tiempo, amigable con el medio ambiente”.

Mientras vamos en su camioneta último modelo, Pablo nos confiesa que los viajes y la lectura son sus obsesiones. Recuerda con nostalgia los días de paseo en Corea del Norte y aprovecha para burlarse de la dictadura.

La empresa se llama Paloma porque encarna el símbolo universal de la paz, y Angostura en honor al Congreso de Angostura, presidido por Simón Bolívar en 1819, en el que se firmó la independencia de la Nueva Granada y se forjó el destino de la República. Pablo está convencido de que el proceso de paz que se desarrolla hoy en La Habana, al igual que el Congreso de Angostura, es un evento histórico determinante por su magnitud y trascendencia, que cambiará el rumbo del país.

En el trayecto, mientras Pablo nos explica los caracteres más básicos del mandarín, hace énfasis en que Paloma & Angostura no es una fundación, sino una empresa. “Queremos que las personas que están con nosotros no se sientan revictimizados. Al contrario, Paloma no sería posible sin Ederlidia y sin los otros desmovilizados que trabajan con dedicación y empeño en la confección de las prendas. Ellos, por su talento, hacen parte de la empresa”.

Pablo sabe que este proyecto es una gran opción para todos. Para los excombatientes es la oportunidad de empezar una nueva vida sin resentimientos y es una alternativa para soltar las armas y empuñar, con pericia y compromiso, una máquina plana. Para Ederlidia es la posibilidad de aprender alta costura y aumentar el catálogo de Malija. Para Paloma & Angostura es la muestra de que es viable generar empleos fijos y buenas condiciones de trabajo para los reinsertados. Y para Colombia es un modelo de las profundas trasformaciones de orden simbólico que poco a poco pueden construir un imaginario colectivo de paz.

Una vez en la oficina, nos sentamos a conversar entre las máquinas de coser y el depósito de las telas y descubrimos que la convivencia pacífica entre una reinsertada de las autodefensas y un exguerrillero de las Farc no es solo posible en las cartillas de las instituciones del Gobierno.

Ederlidia nos cuenta que al llegar a Bogotá dejó de zurcir camuflados, enterillas, capuchas, y material de intendencia en las filas de los paramilitares, para coser uniformes de colegio, overoles de trabajo y diseños exclusivos. Ahora Paloma & Angostura se vislumbra en el horizonte como un proyecto innovador que fomenta la confianza, el trabajo en equipo y el progreso colectivo.

Un estudio de la Cámara de Comercio de Bogotá, publicado la semana pasada en el periódico Portafolio, revela que el 55 % de los empresarios de la ciudad está a favor de las negociaciones Gobierno – Farc en La Habana. El 85 % piensa que un acuerdo generará un impacto positivo en la inversión extranjera y el 72 % dice que traerá mayor crecimiento económico. Además, la consulta sostiene que el 83% de los encuestados está dispuesto a ayudar en la reintegración de los guerrilleros.

En el recorrido de regreso hay instantes de silencio. Pablo dice que deslegitima cualquier tipo de reivindicación armada y reconoce que Paloma & Angostura además de vender, en la primera colección, camisetas y sacos minimalistas, con diseños cómodos y colores clásicos, quiere vender, sobretodo, esperanza, opciones de cambio y libertad. “Hay que voltear la página, creer que es posible. Tenemos que ser conscientes de nuestra responsabilidad y reconocer que somos la generación de la paz”.

A sus 24 años Pablo ha perdido el miedo y decidió cambiar la historia. Sin embargo, en el proceso tendrá que ser recursivo y persistir. Tal vez no será un exitoso ejecutivo de una multinacional, pero con certeza, sí será un protagonista en la construcción de una nueva Colombia en paz.