Nos desalojaron, pero no nos vamos: la paz no se desaloja | ¡PACIFISTA!
Nos desalojaron, pero no nos vamos: la paz no se desaloja
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Nos desalojaron, pero no nos vamos: la paz no se desaloja

Staff ¡Pacifista! - Noviembre 19, 2016

OPINIÓN Este proceso de paz ya no lo para nadie, la ciudadanía ha llegado para quedarse.

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Por: Ana Sofía Suarez Obregón, integrante del Campamento por la Paz

Especial para ¡Pacifista!

Uno de los campistas empaca sus cosas para salir de la Plaza de Bolívar. Foto: Santiago Mesa

El sábado se hubieran cumplido 45 noches desde la primera carpa en la Plaza de Bolívar. El Campamento por la Paz inició con una ambición enorme, dos carpas y cinco personas; y se convirtió en un símbolo nacional por la paz. Hoy a las 3 a.m., la Plaza se apagó, ya no hay carpas, no hay flores, no hay banderas blancas con mensajes de paz, ni se escucha el sonido de la guitarra de Fabián. Entre gritos, golpes e intento de detenciones, nuestros compañeros y compañeras fueron obligados a abandonar la Plaza.

Los y las que iniciamos el Campamento concluímos que nuestro objetivo como acampada se ha cumplido con los nuevos acuerdos y nos retiramos hace unos días, otros decidieron continuar la lucha y acampar hasta que el acuerdo fuera firmado. Pero la última palabra la tuvo el ESMAD, en la madrugada del 19 de noviembre, a las 2am mientras el Campamento por la Paz dormía, más de 300 hombres uniformados rodearon nuestra comunidad y bloquearon la entrada a la Plaza a medios y ciudadanos.

El Campamento empezó porque después del plebiscito, no tuvimos otra opción más que aceptar los resultados; pero nos negamos rotundamente a aceptar la idea de volver a la guerra. Por eso decidimos quedarnos en la Plaza de Bolívar, sabíamos que teníamos que ponerlo todo por la paz, y en este caso todo es todo. Muchos de los campistas dejaron sus estudios, sus trabajos, sus familias y sus proyectos personales, por un proyecto colectivo que va mucho más allá de nuestros intereses personales. Nuestros cuerpos se convirtieron en nuestra mejor arma, resistimos con carne y hueso la lluvia, el sol y el frío. Como decimos en el manifiesto, nos convertimos en “un reloj humano que cuenta los minutos y los días que pasamos sin acuerdo.”

Antes del desalojo, los habitantes del campamento trataron de conciliar con la Alcaldía. Foto: Cortesía Campamento por la Paz.

Desde un principio nos dimos cuenta de que no podíamos ser otro movimiento tibio y conformista por la paz, que le aplaudiera al Presidente y a las partes negociadoras sin exigirles acciones concretas – el campamento, junto con otros movimientos, le arrebatamos “la paz” a los políticos y a los partidos, y la volvimos ciudadana. Eso hace que este acuerdo, a diferencia del anterior, venga cargado y apoyado por la ciudadanía.

No sabíamos si iban a ser semanas o meses, pero sabíamos que la presencia del campamento ayudaría a presionar para sacudir las fuerzas políticas que estaban tratando de detener el proceso.

La vida en el Campamento por la Paz no siempre fue la misma. En un principio, cuando éramos menos de 20 personas acampando, la dinámica era más sencilla, uno se encargaba de recibir a medios, mientras otro iba a cargar los celulares al Oxxo. Pero en la tercera noche, el número de carpas subió de 5 a 50, fue una noche emocionante, pero también de mucho trabajo.

Tuvimos que empezar a organizarnos por comités, en un inicio eran muy básicos para asegurar la convivencia sana entre nosotros y la permanencia del campamento – comité de seguridad, de logística y de limpieza. Mientras crecíamos, vimos la necesidad de empezar a crear comités más complejos y profundos: pedagogía, comunidad, integración, articulación, comunicación y agenda cultural. La transformación física del espacio y su funcionamiento cada vez más complejo nos permitió crear una dinámica social y humana más completa, hasta ayer teníamos panel solar, baños, carpas para reuniones, el “noti-tinto” con las últimas actualizaciones del día, espacios espirituales, cocina, y hasta un puesto de registro.

Durante 44 días realizar actividades culturales, académicas y encuentros artísticos. Foto: Mario Zamudio

Una campista me dijo hace unos días “el campamento en sí mismo es una pequeña revolución” en este espacio logramos encontrarnos personas de todos los estratos, de todas las regiones, de todas las edades y de todas las ideologías políticas – víctimas, estudiantes, artistas, campesinos, activistas, indígenas y afrodescendientes. Pero lo más increíble es que había personas que votaron “Sí”, que votaron “No”, que no votaron, o que como yo, no pudieron votar. Cada día representaba un nuevo reto y un nuevo aprendizaje, cada día del Campamento re-pensamos y re-construimos el significado de la paz en acciones cotidianas.

A diferencia de otros movimientos sociales, el Campamento por la Paz no entra dentro de los estándares de las estructuras políticas y activistas convencionales. Nuestro Campamento se convirtió en una especie de organismo que creció y se organizó de manera orgánica, donde nadie orquestaba acciones de manera individual. Las decisiones y estrategias del movimiento se decidían en la asamblea general (o “círculo de palabra” como se le bautizó después), donde casi siempre llegábamos a un consenso o algunas veces terminabamos en un desacuerdo pacífico. Ojo, no estamos diciendo que sea lo más eficiente (ya que las asambleas duraban mínimo 2 horas y hasta 5 horas), pero seguramente si es de lo más democrático que he visto en Colombia.

Nosotros no estamos soñando con un país mejor, ya despertamos de ese sueño y lo estamos construyendo día a día.

Hoy sacaron al Campamento por la Paz de la Plaza de Bolívar, pero uno de los grandes aportes que dejamos aquí es la recuperación del espacio público como espacio de protesta y expresión ciudadana. En las últimas semanas la Plaza se convirtió en un actor en sí mismo, fuera o dentro del campamento, la Plaza está viva, ¡mantengámosla ocupada! Una de las satisfacciones más grandes, como campista y como activista, es haber sido testigo de cómo el poder ciudadano puede convertirse en poder político. Y no solo eso, si no también entender que nuestra opinión tiene cabida fuera de las votaciones, y que cuando actuamos de manera organizada somos capaces de crear una nueva realidad social, sin recetas ni manual de instrucciones.

Perdón por las inconveniencias que les ocasionamos en estos últimos 45 días, estamos tratando de terminar con esta guerra.