Lo que aprendí y entendí después de hablar #ComoHombres | ¡PACIFISTA!
Lo que aprendí y entendí después de hablar #ComoHombres Ilustración: Juan Ruiz
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Lo que aprendí y entendí después de hablar #ComoHombres

Colaborador ¡Pacifista! - marzo 9, 2020

Quienes nos consideramos feministas estamos buscando -todo el tiempo- argumentos y maneras de decir las cosas para que se entienda lo que busca este movimiento.

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Por: Ana María Mesa

Decir que el feminismo es un movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades, y de unos derechos tradicionalmente reservados para los hombres, despierta comentarios del tipo “¿pero por qué quieren las mujeres ser iguales a los hombres?”, como alguna vez me lo dijo un familiar.

Y qué significa “ser iguales a los hombres”. ¿Alcanzarlos? ¿Ser como ellos? ¿Ellos, el molde perfecto; nosotras, esa cosa que necesitaría mejorar mucho para llegar allá? O resignarnos, porque como tenemos diferencias biológicas nos corresponde un lugar específico de la sociedad distinto al de los hombres y, por supuesto, un lugar menos importante, menos protagonista.

Durante cinco días se desató en Twitter #ComoHombres, una tendencia que consistió en escribir las frases que tradicionalmente hemos recibido las mujeres, pero dirigiéndoselas a los hombres para evidenciar su estupidez y violencia.

Todo empezó porque leí un tuit, a raíz de la decisión de la Corte Constitucional de no eliminar las causales del aborto, en el que un hombre decía que había un riesgo de convertir el aborto en método anticonceptivo. Aquí está:

Entonces se me ocurrió invertir la relación y señalar cuáles serían los juicios de valor que recibirían los señores si fueran ellos quienes se embarazaran y abortaran.

Y luego, pensé en todos esos mensajes que he recibido a lo largo de la vida.

Definitivamente los tipos que valen la pena son los que saben cocinar y los que saben atender una visita. Y de esos ya hay muy poquitos. Ojalá se parecieran más a mi papá que toda la vida se desvivió por mi mamá y era mi mamá para allá, mi mamá para acá.

— Ana María Mesa (@animesa) March 3, 2020

Ha tenido momentos muy graciosos y también tristes y dolorosos.

Hace ya casi 11 años que abrí mi cuenta de Twitter. Recuerdo muy bien cuándo fue la primera vez que puse un tema de conversación en el que participaron varias personas. Había llegado un usuario nuevo con un nombre de esos que no son muy repetidos y traía encima alguna reputación de tipo inteligente. Entonces dije que debía ser muy difícil llamarse Constantino y no ser grande, haciendo alusión al emperador romano. Ese día estuvimos conversando durante un rato sobre nombres.

En otra ocasión escribí en mi blog una entrada sobre las Tragas Tuiteras y hubo también una pequeña revolución. Pero nunca nada como lo que ha pasado desde el pasado 3 de marzo, cuando escribieron con el HT #ComoHombres algo así como 43.000 tuits, todos alrededor de esa idea de cambiarle el sentido a frases sexistas, un juego que nos ha servido a las mujeres para, otra vez, tratar de que se entienda a lo que hemos estado sometidas y lo que no queremos que siga sucediendo.

El 3 de marzo escribí el primer tuit a las 9:30 de la mañana. A las 3 de la tarde, cuando ya tenía que prepararme para ir a dar una clase, me había quedado sin posibilidad de poner tuits o hacer retuits. Había olvidado que Twitter tiene límites. Cada cuenta solamente se hacer 2.400 tuits por día, eso incluye tuits propios pero también retuits. Me parece una cifra escandalosa y ahora caigo en cuenta de la dimensión de lo que empezaba a suceder. En ese momento simplemente pensé “mierda, cierto que esto tiene límites”, y me desconecté. Salí de clase, revisé Twitter y vi que nuevamente podía escribir mensajes (debe ser que el límite diario de tuits está dividido por horas), no tuve tiempo de revisar mucho más y me fui a una reunión programada con mis compañeras del colegio.

A las 9:30 de la noche, doce horas después, intenté revisar mis notificaciones y no pude. Cada vez que intentaba leer las menciones que recibía, la página se refrescaba y me mostraba menciones nuevas y así cada vez y cada vez y cada vez. Cuando iba por la mitad de la lectura de un tuit, desaparecía y venían tuits nuevos en cascada: la gente estaba frenética. Entonces escribí “esto enloqueció”. Es llamativo, porque ese tuit que no dice nada sobre la tendencia tiene más de 500 likes y 51 interacciones, la mayoría de amigos, que estaban tan sorprendidos como yo con lo que estaba pasando. Puse un último tuit y me acosté a dormir.

Al día siguiente pasaron dos cosas:

  1. Entendí que en algún momento alguien, no sé quién, había invitado a agrupar los tuits con el HT #ComoHombres. Mucha gente los escribió sin el HT y sin mencionarme, lo que tuvo varias consecuencias: es imposible hacerles seguimiento a todos y esos que no tienen ni etiqueta, ni mención, son los que más confusión despiertan, es decir, los que reciben más interacciones llenas de indignación y evidencian con más claridad el lío en el que estamos.
  2. Me encontré con varios mensajes de periodistas. El primero fue un ex alumno de la Universidad de Manizales, Juan Jacobo Aristizábal, que ahora trabaja en Noticias Caracol. Me invitaba a conversar con Germán Espinel para Sala de Prensa, un programa que transmiten a través de su canal de YouTube. Luego una seguidilla de invitaciones: El Matutino de UMFM Radio, Sigue la W, Bla Bla Blu, La Patria Radio y La Patria, el periódico de casa, un medio universitario de La Jorge Tadeo Lozano, El Tiempo, El Espectador, KienyKe, El Vespertino de UMFM Radio, Caracol Televisión… Y de pronto me escribieron de México, y Almudena Barragán, y salió una nota en Verne de El País de España, y otra en Televisa. Explotó.

Sobre las entrevistas, me parece evidente que todavía hay muchas preguntas que evidencian confusión, como cuando preguntan si las mujeres somos o podemos ser machistas, o cuando aseguran que las peores somos las mujeres porque odiamos a otras mujeres. O cuando preguntan que si las mujeres no podemos ya hacer lo mismo que hacen los hombres. En general, todas las preguntas en las que se da por sentado que el machismo es una conducta individual ejercida por algunas personas y otras no, que significa que los hombres, algunos o todos, son malas personas. Y donde las mujeres queremos ser como ellos.

Por otro lado, repetir en voz alta algunas frases me cuesta mucho esfuerzo. El cerebro está tan programado para decirlas tal como las hemos aprendido que incluso escribirlas requiere estar muy atentos. Hubo un tuit que que escribí mal.

También está el hecho de que muchos mensajes son similares. Algunos de los tuits más repetidos van por el orden de: “calladito te ves más bonito”, “a las mujeres nos gustan los hombres que son unos damos en la calle, unos señoros en la casa y unos putos en la cama”, “¿está de mal genio? seguro le falta vagina”, “ahí llegó ese hijueputa del jefe de mal genio y exigiendo resultados, seguro no se lo comieron anoche”, “pues claro que lo ascendieron, con semejante culo”, “a cuántas se las habrá chupado para que lo hayan ascendido”, “¿te tocaron la verga en el metro? antes agradece que alguien lo quiera tocar porque tú no estás tan bueno”, que hablan de lo generalizadas que están este tipo de conductas. Como alguien más lo decía, no estamos diciendo que todos los hombres digan estas cosas, pero sí que todas las mujeres hemos sido víctimas de estos comentarios. ¿Quién se hace responsable por tantos comentarios así?

Las respuestas de los señores son capítulo aparte. Primero están los que escriben agradeciendo por tener la oportunidad de reflexionar, esos son los más lindos y de esos han sido muchos.

Luego están los que dicen que qué tal que ellos nos dijeran eso a nosotras, que serían acusados de sexistas, y pues, duh… Exactamente, querido, has dado en el blanco.

Los que se defienden y dicen que sí, que ellos quieren ser putos, o malos padres, o dárselo a la jefa, o que qué rico que los violen. O como este, que defiende su valor a pesar de ser soltero con 31 años.

Y los que nunca entendieron el sarcasmo. En general no pongo frases sarcásticas en Twitter. Son muy difíciles de entender en esa plataforma. El tuit “qué asco los tipos que se lo han dado a media ciudad”, que fue uno de los primeros, fue difícil de entender incluso para amigos míos que saben que no me importa cuántas parejas sexuales tenga alguien. Me preguntaron que por qué, que creían que lo mío era la defensa del amor libre, que estaban perdidos… Pero luego nos fuimos encontrando.

Y la respuesta más sorprendente de todas por su ironía. Un señor que me dijo que seguramente mi próxima dinámica sería invitar a matar un hombre. Es llamativo porque él es muy capaz de darse cuenta de que la violencia verbal puede escalar hasta la violencia física, pero la misma asociación no parece que la hiciera cuando las mujeres denunciamos los feminicidios.

Creo que la reflexión más importante es pensar sobre el impacto de haber recibido desde chiquitas, con insistencia y sistematicidad este tipo de mensajes, lo que eso les hace a las personas que resultamos siendo. Las mujeres somos menos aventureras u osadas, menos dadas a tomar la iniciativa en cualquier campo, menos intrépidas, tomamos menos la vocería, hablamos menos en público, es difícil que participemos en política porque el escenario nos ha sido hostil, porque cuando lo hacemos somos putas, regaladas, es porque se lo hemos dado a tantos o porque somos histéricas, gritonas, mandonas, difíciles y para que piensen mal de nosotras, mejor no intervenir.

Y sí, muy chévere reirnos tanto, reflexionar hoy, pensar en esto ahora que los forzamos a ponerse en nuestros zapatos, pero lo que queremos las mujeres es dejar de recibir mensajes como estos. Queremos que los hombres vean la ridiculez y violencia que hay ahí y que cada vez sean más reflexivos al momento de decir algo. Queremos que dejen de tomar ventaja de su posición para hacer adelantos con estudiantes, con colegas, con subalternas, con sus pares. Queremos que frene este tipo de violencia verbal para que también se detenga la física, la emocional, la económica, de lo que hemos sido víctimas históricamente. Queremos que, como lo decía Carmenza Pineda, cofundadora y coeditora de Alharaca Radio Feminista, con quien conversamos en una de tantas entrevistas sobre el asunto, los tipos traicionen a su género y la próxima vez que vean a otro diciéndonos algo como esto, o sobrepasándose con nosotras, lo interpelen y lo detengan y se pongan de nuestro lado.

#ComoHombres no parará aquí. Y en eso estoy trabajando con amigos que quieren que le demos alcance a estos mensajes, los saquemos de Twitter y ampliemos la conversación. Si causamos este impacto allí es posible que tanta gente que no tiene redes sociales o que participa poco en ellas no se haya enterado de que encontramos, al parecer, una manera simple y profunda de enviar un mensaje… Nos estaremos viendo #ComoHombres en algunas partes.