‘La bici ha logrado que los jóvenes se unan y hagan activismo a su manera’
Leer

‘La bici ha logrado que los jóvenes se unan y hagan activismo a su manera’

Juan Pablo Sepúlveda - Abril 16, 2018

Este medio de transporte, además de tener la capacidad de reunir a las personas, se está convirtiendo en una forma de hacer paz en las ciudades.

Compartir

Foto: Juan Ruge – Edición: Lucía Romero | Vice Colombia
Este artículo hace parte de Divergentes, un proyecto sobre movilización y organizaciones sociales. Para ver todos los contenidos haga clic acá.

Montar en bicicleta es una manera de abordar la ciudad: pedalear, enfrentarse al clima, sortear las condiciones de la calle, abrirse paso entre los vehículos y llegar a un destino. Moverse. Pero más allá de ser un sistema alternativo de transporte, usar la bici se ha convertido para algunos en un acto de movilización.

Andrea SanMarcelo, administradora pública y defensora de derechos humanos, considera que usar la bicicleta es una forma de activismo. Para ella, transportarse de esta manera pone al ser humano en una perspectiva en la que es capaz de reconocerse a sí mismo, de reconocer su mundo alrededor y, así, tener iniciativas de cambio. Andrea ha trabajado con la Mesa de la Bicicleta Bogotá, con Bicired Colombia y participó en la creación de consejos locales de la bicicleta en Bogotá. ¡Pacifista! charló con ella y esto fue lo que nos contó.

¡Pacifista!: ¿Qué significa para usted la bicicleta?

Andrea SanMarcelo: La bici ha sido una compañera, una herramienta, una forma de vivir y de vivir la ciudad. Yo la utilizo desde muy pequeña, era mi medio de transporte en el colegio. Luego la dejé un poco y hace 5 o 6 años la retomé.

La bici se ha convertido en una “llave” para entender mejor la realidad en la que vivo. Ella ha sido capaz de transformarme la vida, de mostrarme de qué soy capaz, hasta qué lugares puedo llegar y literalmente hasta dónde puedo llevar y pedalear mis ideas. Me ha permitido hacer una introspección en cuanto a lo que yo quiero para mi vida pero también una introspección hacia la vida de los demás y hacia la forma en la que vivimos.

¿Cómo es eso? ¿Cómo andar en bicicleta hace que uno cambie la manera en que se piensa en relación con otros?

Primero, uno está mucho más expuesto al entorno. Estás de lleno en espacios que son altamente conflictivos, y en medio de ese conflicto eres mucho más perceptivo por el estado de vulnerabilidad en el que te encuentras sobre la bicicleta, además que tienes el cerebro oxigenado. Estar desprovisto de carrocería hace que estés más cerca de lo que te rodea y que lo reconozcas distinto.

¿Y cuáles son esas cosas que se empiezan a notar de manera diferente?

Aspectos como la seguridad, por ejemplo. En bicicleta tu cuerpo está más expuesto a algún tipo de violencia física y estás en riesgo de que te roben la bicicleta, eso hace que seas más consciente de los niveles de inseguridad que hay en la ciudad.

Otro aspecto es la infraestructura: notas que hay lugares desprovistos de mantenimiento, que no tienen la luz apropiada y donde no hay presencia institucional. Eso hace que te empieces a preguntar a cargo de quién están las cosas, cómo se está gestionando lo público.

Y además te empiezas a enfermar y te das cuenta de que salir y usar la bicicleta te está costando tus pulmones. Así inicias a tener una sensibilidad con respecto a temas ambientales.

Por último, notas que no dialogamos, y la mayor expresión de esto se da en la calle. Cuando alguien se pasa un semáforo en rojo, por ejemplo, en lugar de bajar a disculparse y reconocer su equivocación —pues además creemos que todo lo estamos haciendo bien— se baja con la cruceta en la mano a agredir a la otra persona. Hemos reemplazado el diálogo por las acciones violentas, acciones que hemos normalizado. Respondemos con vulneraciones, maltratos y palabras de grueso calibre.

Te das cuenta de que la ciudad no es un lugar amable, es un lugar altamente conflictivo.

¿Por qué uno podría darse cuenta de eso en una bicicleta y no en un carro o en un bus?

Los vehículos, particularmente los motorizados, se han convertido en esferas. Tú te subes a un carro y estás concentrado en tu trayecto, pero no te estás fijando en lo que está sucediendo con las otras personas. Lo mismo pasa en el transporte público.

La carrocería y el chasis de la bicicleta somos nosotros y así es que habitamos la ciudad.

¿Para usted, qué derechos se defienden o se reivindican al usar la bici como una forma de activismo?

El derecho a la vida, a la salud, a la locomoción libre por el territorio sin sentirnos vulnerados, al de asociación, y el derecho al medio ambiente. Es un compendio de derechos de primera, segunda y tercera generación.

¿Andar en bici puede ser una forma construir paz en una ciudad?

Por supuesto. Creo que aún no entendemos bien cómo podemos contribuir a la construcción de paz desde lo personal. Creemos que la paz es algo que nació del Estado y que se dio a través de unos acuerdos, pero la gente no se ha dado cuenta de que la paz es un deber personal. El simple hecho de reconocer y tener en cuenta al otro, de tener consciencia sobre lo que sucede en el espacio público y sobre los derechos que se están vulnerando es una muy buena manera de empezar a construir paz.

Además, con todo el ejercicio que se hace en la bicicleta se logra tener una consciencia colectiva: uno ya no piensa solo en uno sino que se da cuenta que estos son problemas de mucha gente. Entonces se propicia un lugar para construir propuestas de manera colectiva y así se construye paz: viéndonos como iguales, encontrándonos en lugares comunes, trabajando colectivamente y proponiendo.

Pero no es una regla, ¿no? Hay ciclistas que son conflictivos y violentos. No es una cosa automática que la bicicleta sea capaz de despertar todo esto.

Esto es un trabajo en construcción, no todo el mundo lo entiende igual. Muchas personas no ven la bicicleta como una herramienta de impacto que promueve espacios de conciencia. Por eso no podemos decir que el ejercicio esté completo, hay que permear a más personas y eso se hace a través de los colectivos, de las organizaciones, de la sociedad civil que se organiza en torno a esta idea y que crea espacios para que la gente conozca el ejercicio.

Reconocemos que esta es una buena herramienta, más no la única. No se trata de la forma en que te mueves sino lo que logras hacer a través del uso de la bicicleta.

Cada vez hay más colectivos de mujeres que usan la bicicleta como un espacio de encuentro e incluso de emporamiento ¿Cómo se empoderan las mujeres con la bicicleta?

El hecho de que las chicas puedan moverse por sus propios medios hace que se genere un espacio de empoderamiento en el que ellas son capaces de verse y sentirse iguales a los otros. Las brechas de inequidad y desigualdad que se generan a través de la inseguridad y la falta de oportunidades se van cerrando porque con la bicicleta las mujeres se sienten más seguras de lo que hacen, de lo que proponen y de lo que dicen.

Falta mucho por trabajar, pero este es un espacio propicio para que las mujeres también se repiensen. Que se vean y digan: “Oiga, puedo. Oiga, soy capaz, propongo y tengo ideas”. Eso hace que la mujer no se sienta apática, que se sienta parte de la ciudad y que le deje de preocupar lo que piensen los demás.

Varias mujeres ven el acto de montar bicicleta como un espacio en el que hay igualdad.

¿Por qué cree que la bicicleta fomenta la creación de colectivos?

Hay una parte de los usuarios, jóvenes sobre todo, que han llegado a la bicicleta porque se puso de moda. Esa es una coincidencia afortunada, sobre todo porque atrajo la atención de jóvenes sueltos y apáticos.

Pero creo que la bicicleta propicia espacios de encuentro, y el acto a vernos a la cara de manera amable hace que la gente sienta empatía por los otros. Esos momentos de empatía han hecho que encontremos lugares comunes y se creen colectivos.

Desde muchos lugares se hace un llamado a que los jóvenes despierten y participen, pero no han encontrado una herramienta para hacerlo. Eso sí ha sucedido con la bici: los jóvenes se mueven en grupo, se unen, se encuentran. Creo que el hecho de estar tan encerrados detrás de un computador y comunicándonos de manera virtual ha estropeado un poco el tejido social y nos tiene aislados. El reencuentro en el espacio público es necesario. Las redes sociales virtuales facilitan, pero hay que reconstruir estas redes sociales que se están retomando afuera, donde son.

¿Y cómo quisiera ver la ciudad?

Más que ver un número de gente montada en bicicleta, quisiera una ciudad que se piense la vida. Creo que la bicicleta es una herramienta, no el fin. La idea no es hacer una ciudad bici, sino una ciudad amable en la que podamos vivir todos, donde haya espacio para otras formas de vida y respeto hacia ellas. Nuestra propuesta es que la bicicleta sea lo que nos mueva en una ciudad donde todos llevemos la vida.