‘El uribismo tiene gente decente, también gente que amenaza’
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‘El uribismo tiene gente decente, también gente que amenaza’

Colaborador ¡Pacifista! - Marzo 27, 2018

La senadora electa habló de su nuevo papel en el Congreso, de la vigencia del Proceso de Paz y de la polarización política que hoy vive el país.

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Aída Avella | Foto: El Espectador

Por: Jorge Andrés Osorio Guillott

Sobreviviente del exterminio de la Unión Patriótica y símbolo de la violencia en Colombia, Aída Avella regresó al escenario político colombiano después de ser electa al Senado el pasado 11 de marzo. Según ella, buena parte de su motivación al presentarse como candidata fue defender a jóvenes, artistas, ciudadanos de a pie y a las personas que se han visto desamparadas y vulneradas por una falta de reconocimiento de sus derechos.

“Colombia tiene gente muy inteligente y muy engañada”, asegura Aída, antes de hacerle una crítica a los medios de comunicación: “No han contribuido a aclarar el país. Encontramos una prensa que no deja hablar. Esta ha sido autora del conflicto interno armado porque ellos armaron también la opinión contra las soluciones equitativas de este país. Colombia no es un país sub desarrollado, es un país mal desarrollado a causa de quienes han gobernado durante 200 años”.

Hace apenas días, el Congreso dio inicio a la última legislatura de sus cuatro años de ejercicio. Aída Avella, quien a partir del próximo 20 de julio entrará a integrar el nuevo poder que trabajará desde el Capitolio, conversó con ¡Pacifista! sobre lo que cree que se viene para ella y para la una nueva bancada alternativa, que es como define a todas las fuerzas que no forman parte de los partidos y políticos tradicionales de nuestro país.

¿Cuáles son sus retos en el Congreso? ¿A qué le va a apostar?

Todos los colombianos tenemos un gran reto: defender el agua. Esa va a ser una de las principales cuestiones en las que vamos a enfocar nuestro trabajo. Si defendemos los páramos, los ríos, las fuentes, los humedales, el mar, Colombia va a tener mucho trabajo. Vamos a tener la tranquilidad de que los campesinos van a tener con qué seguir regando sus cultivos. Y podremos tener la tranquilidad de que este territorio le va a pertenecer a los colombianos y no a las transnacionales.

Últimamente ha estado hablando y denunciando  problemáticas referentes a los peajes en Colombia, a las pensiones y a la situación del campesinado…

Hay un grueso de la población que no tiene pensión de jubilación. Hablo del 80 por ciento de los mayores de 65 años. Si hay algo que tenemos que hacer es por la gente que ha trabajado toda su vida: campesinos, vendedores ambulantes, amas de casa, el señor que embola en un aeropuerto o en la calle, de la señora que hace empanadas. Todos tenemos derecho a una pensión por el artículo 13 de la Constitución que dice: “todas las personas son iguales ante la ley.”  ¿De dónde vamos a sacar la plata? De rescatar el dinero público que está en negocios privados. Hablamos de las notarias, de las cámaras de comercio que tienen funciones delegadas, que no le dan un peso a ninguna ciudad. Se comen todo lo que recogen. Dicen que son una empresa privada pero recogen impuestos que son del Estado. Vamos a tratar de hacer reuniones extras con estos gremios para ver cómo ellos pueden ayudar por sí mismos  a contribuir a la ciudadanía.

¿Cómo van a trabajar en el Congreso por la educación del país y cómo posicionarla por encima de los intereses de guerra o violencia?

En mi criterio hay que fortalecer la educación pública. Nos están dejando caer las universidades. Nos dicen que la universidad pública no es la mejor y yo creo que sí es la mejor. Lo que pasa es que se ha estado disminuyendo ostensiblemente los presupuestos para la educación pública mientras aumentan otros. Creo que estamos en un momento en que todos los factores de violencia están disminuyendo. (…) Yo no sé qué hacen con el 4 x 1000.  Nuestra propuesta es que la mitad del 4  x 1000 sea para la educación  y la otra mitad para la salud. Vamos a tener que construir entre todos.

¿Por qué cree que le temen tanto a la izquierda en Colombia si nunca a gobernado?

La satanizan los medios de comunicación que son los de la derecha. La satanizan los señores que salen de candidatos de los medios de comunicación y que, además, tienen mucha plata. Entonces esa plata va para publicidad. Son los mismos. Es la misma rosca, el mismo carrusel. Los medios, los que se apropian de la salud, de la educación, de la infraestructura, del presupuesto nacional y hasta de la basura.

Es posible que el Frente Nacional nos legara la polarización que estamos viendo hoy en época de elecciones. ¿Cómo disminuir esa polarización y abrirle espacio a la pluralidad y poderla aceptar?

Nosotros tenemos el gran defecto de no escucharnos. En este país vamos a tener que escucharnos y darle la palabra al que no la tiene en el Congreso. Hay que traer a los campesinos que nos cuenten, por ejemplo, sus sufrimientos. Los campesinos cocaleros. Cuando uno va a sitios donde la gente ha sido desplazada, donde ha sido retirada de los centros urbanos y les ha tocado coger la selva,  no han encontrado otra cosa que cultivar la coca. Allá no hay carreteras. No tienen cómo sacar la papa, la yuca; mientras otros se llevan el dinero de las carreteras. Eso es algo que queremos hablar con los concesionarios, con la gente que cobra en los peajes.

¿Qué pasa en este país? ¿Por qué ganan tanto ellos y las carreteras no están hechas? ¿Por qué no nos sobra plata para hacer las carreteras de tercera y cuarta generación?  Hay que convencer a quienes se están guardando el dinero. El dinero es para invertirlo en este país, para que todos tengamos una vida digna, para generar empleos; no es para tener tantos fusiles y bombas. Para decirle a los jóvenes de las pandillas que las dejen, que hay educación, trabajo, un salario. Hay otra manera de hacer la política.

Usted entró al Congreso por el Partido Decentes. No obstante, hace parte del gremio de víctimas que ha dejado la violencia en Colombia.¿Cómo ve usted el reconocimiento a las víctimas y su participación en el escenario político?

Yo soy una sobreviviente. Me tocó vivir casi 18 años por fuera para poder salvarme la vida. Nos hizo volver el hecho de que nos regresaron la personería jurídica de la Unión Patriótica y también el Proceso de Paz, porque cuando se decide el Presidente Santos a abrir el diálogo como solución nos damos cuenta que no podemos seguir cabalgando sobre la solución militar. Ahí vemos que hay un giro, por lo menos una luz de esperanza en el largo túnel de la violencia en Colombia.

Creo que la voz de las víctimas será muy importante en el Parlamento. Sobre todo las víctimas del Estado. Porque sí hay crímenes que cometió el Estado fue el de la Unión Patriótica. De los pocos procesos que han fallado, encontramos que hay una constante, la presencia del Estado en la matanza de la gente vista desde tres razones: Una,  porque no quisieron ver lo que era evidente; dos por la colaboración de muchos centros de inteligencia (DAS) y escoltas que participaron en los crímenes; y tercero, por acción directa, militares en servicio y en retiro: oficiales, suboficiales. Los que pagaron por las muertes de los líderes sindicales de la UP, los autores intelectuales, esos también tienen que llevarlos. Será una discusión muy interesante, sobretodo en el escenario de la Jurisdicción Especial para la Paz.

Si bien en Colombia las elecciones y las encuestas siguen favoreciendo a los políticos de derecha, es evidente un aumento también de los grupos que apoyan a la izquierda. ¿Por qué cree que ideas como las que usted representa han conquistado nuevos adeptos?

Parto de un planteamiento básico: la violencia en Colombia siempre ha estado unida al poder. Los de arriba han hecho la violencia hacia los de abajo. Y eso lo podemos mirar a lo largo de los gobiernos liberales  y conservadores. No más la violencia que desató la creación de las guerrillas liberales fue la violencia ejercida por los conservadores del poder que crearon las bandas Chulavitas que estaban constituidas por la policía. Ahí vienen las grandes violencias, pero tenemos un sequito de guerras declaradas y no declaradas. Desde 1812. Ahí empieza toda la confrontación entre centralismo y federalismo que recibieron la guerra y terminaba en la Guerra de los Mil Días y luego se enfrentan liberales y conservadores que también han tenido movimientos armados. La gran violencia se desata cuando matan a Gaitán los mismos del poder, los conservadores que cometen crímenes en completa impunidad porque no quieren perder sus privilegios, pero ven que la guerra se enciende entre ellos y deciden armar el Frente Nacional y repartamos esto.

Yo creo que cuando nació la Unión Patriótica, en aquel momento cuando tuvo tanta acogida, se asustaron cuando vieron que tuvimos 14 parlamentarios. Si los dejamos actuar, inmediatamente agarran el poder. Esperamos que con Decentes y la bancada grande que ha llegado de gente distinta y alternativa, nos respeten y no  nos cueste la vida. He recibido de Tuluá un llamado de una compañera que ha sido amenazada por sectores uribistas. Dentro del uribismo hay gente decente, pero también hay sectores que están amenazando gente que apoya a Petro. Eso no es correcto.

¿Qué panorama ve en el Congreso ante los Procesos de Paz que ya se dieron con las Farc y que se están llevando a cabo ahora con el ELN?

Primero que todo, los acuerdos hay que cumplirlos. Estos son acuerdos de Estado. No cualquiera puede venir a decir “esto no me gusta, entonces lo voy a desbaratar”. Creo que el país se ha dado cuenta que la paz trae sus ventajas. Segundo, los del ELN tienen que darse cuenta que la sociedad quiere finalmente un acuerdo. Y que ese acuerdo pueda darse, ojalá, en términos eficaces dado el avance que se ha tenido con las Farc.

Necesitamos que las Fuerzas Militares se vuelvan Fuerzas Militares para la Paz. Que entiendan que los pobres no son los enemigos. Cuando los campesinos salen a protestar en el Caquetá porque va a haber explotación petrolera, que entiendan que los 16 municipios están concensionados para la exploración y explotación del petróleo. ¿Qué hacemos con los campesinos? ¿Los sacamos para dejarle el territorio a las transnacionales? ¿O respetamos a los campesinos para que puedan seguir cultivando? Estas cosas hay que ventilarlas y yo sí pido en que todo este proceso las Fuerzas Militares se comporten como Fuerzas para la Paz y no como Fuerzas para la Guerra.