Colombia también es rehén del plástico Ilustración: Juan Ruiz - ¡Pacifista!
Leer

Colombia también es rehén del plástico

Colaborador ¡Pacifista! - Mayo 10, 2019

OPINIÓN | Si entendemos que todos, desde nuestro lugar, somos agentes de cambio, podremos contribuir entonces a una solución para liberarnos de esta condena del plástico.

Compartir

Por Silvia Gómez*

Parece drástico, pero es la realidad que azota al mundo y Colombia no es la excepción. El plástico se ha convertido en la sentencia de muerte para miles de especies marinas en el mundo y en nuestro país. Según estudios internacionales, 9 de 10 aves marinas y más de la mitad de las especies de ballenas y delfines han ingerido plástico. El escenario es desolador, cada minuto el equivalente a un camión repleto de residuos plásticos termina en los océanos del mundo.

La producción exacerbada de plásticos se ha disparado en los últimos 60 años, alrededor de 8.3 mil millones de toneladas de plástico se han fabricado desde 1950. Sólo alrededor del 9 % de ese total se ha reciclado. Del enorme 91 % faltante, el 12 % que se ha quemado y un 79 % restante que ha terminado en vertederos o ecosistemas naturales.

El plástico es un grave problema que ha llegado hasta lugares totalmente impensados: un estudio reciente de Greenpeace reveló la presencia de micro plásticos –pedazos de 5 milímetros o menos– en uno de los puntos más extremos del planeta, las aguas de la Antártida.

Colombia, por su parte, presenta elevados índices de consumo de plásticos: 24 kilos per cápita es el consumo anual en el país, el doble de un argentino o chileno. Y el triple que un brasileño. A raíz de esta cifra, se calcula que cada colombiano habrá generado aproximadamente 1.8 toneladas de residuos plásticos al final de los 77 años de expectativa de vida.

Sin embargo, hay un dato más preocupante. El 56 % de los plásticos que Colombia consume son de uso único, es decir, aquellos que se usan por pocos minutos y luego son desechados, como los empaques, pitillos, vasos y cubiertos desechables y botellas, entre otros. El ejemplo de los pitillos sirve para ilustrar bien el problema: los usamos apenas unos segundos, pero luego terminarán en los mares por más de 300 años contaminando.

Y es que es claro en dónde terminan todos esos plásticos que desechamos. Los encontramos principalmente en basurales, pero también en los cursos de agua, ya que el 80 % del plástico que contamina los océanos proviene de fuentes terrestres. Tristemente, un informe publicado por la prestigiosa revista Nature presentó una lista con los 20 ríos más contaminantes del mundo y ahí nuestro río Magdalena ocupa el lamentable puesto 15.

Por eso es necesario que Colombia asuma un rol de liderazgo en la región y prohíba los plásticos de uso único. Desde Greenpeace, hemos exigido al Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable una resolución enfocada en la prohibición de estos plásticos. Ya existe un caso en el país en el que se ha definido una política contundente para atender este problema, como lo decidió Santa Marta con un decreto que prohíbe el uso, venta, distribución, obsequio y entrega a cualquier producto elaborado de plástico e icopor de un solo uso.

La clave está en concebir un proceso de migración donde la eliminación de los plásticos de uso único y la reducción del consumo sean pilares fundamentales. Es responsabilidad del gobierno legislar para que así sea, pero también es necesario que las empresas puedan acompañar esta instancia de transformación con medidas concretas. La conversión hacia una producción con materiales sustentables y que no provoquen este desastre medioambiental es una de las tareas que las empresas colombianas deberían encarar.

Pero el sector colombiano de la industria plástica parece estar muy lejos de abrazar ese compromiso. Ante la primera sanción favorable del proyecto de ley que busca la prohibición de plásticos de uso único, la industria fue crítica al argumentar que “generaría efectos indeseados, en términos sociales, económicos e incluso ambientales”.

La industria menciona que el proyecto de ley afectaría a los 50.000 recicladores del país. Sin dudas, la tarea que encaran los recicladores es respetable. No obstante, el reciclaje no es suficiente. Si cada colombiano genera al año 24 kilos de basura plástica, eso significa que cada reciclador tendría 24 toneladas a disposición para reciclar anualmente. Esto demuestra que el reciclaje no alcanza para mitigar el problema y que se necesita una medida más concreta que tienda a la reducción del consumo.

A su vez, desde el sector alegan que “significaría la desaparición de la industria fabricante de empaques y envases plásticos, la cual representa por lo menos la mitad de la industria plástica colombiana, que es un sector que genera más de 200.000 empleos directos y que está conformado esencialmente por empresas pequeñas y medianas”. Greenpeace no exige la desaparición de la industria; todo lo contrario. Las organizaciones, ciudadanos, empresas y gobiernos debemos ser parte de un movimiento global y sinérgico que atienda el tsunami plástico que vivimos. Pero no podemos pensar en el beneficio de un sector si eso genera la contaminación del país entero. Las empresas tienen la oportunidad de reconvertir sus modelos productivos e innovar con nuevos productos que no generen el perjuicio que sí ocasiona el plástico.

Otro argumento es la sanidad en relación a los alimentos. La realidad es que es irrisorio, hasta ridículo, comprar frutas y verduras envueltas en plástico. No hay ningún motivo sanitario que implique usar plástico como empaque. Si así fuese, no se comerciarían vegetales sin plásticos al lado de los envueltos.

Todo lo expuesto demuestra que llegamos a un punto de no retorno. Nos encontramos inundados de plástico en Colombia y en el mundo. Esto demanda una acción concreta y urgente por parte de todos. Como el gobierno y las empresas tienen su responsabilidad y sus compromisos a asumir, también los consumidores. Todos los ciudadanos pueden hacer la diferencia, ningún cambio real puede lograrse sin ellos. La decisión de reducir conscientemente el consumo de plástico al cargar su propia botella o pitillo reutilizable o no comprar en restaurantes donde ofrecen comida en plástico puede ser un primer paso.

Si entendemos que todos, desde nuestro lugar, somos agentes de cambio, podremos contribuir a una solución para liberar a Colombia del plástico.

 

* Silvia Gómez es directora de Greenpeace Colombia.