El hombre que cambió el mundo sin necesitar un arma | ¡PACIFISTA!
El hombre que cambió el mundo sin necesitar un arma
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El hombre que cambió el mundo sin necesitar un arma

Juan José Toro - Enero 18, 2016

Cada tercer lunes de enero, EE.UU. celebra el natalicio de Martin Luther King. Este es un perfil de uno de los pacifistas más importantes del siglo XX.

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Cada tercer lunes de enero, EE.UU. celebra el natalicio de Martin Luther King. Este es un perfil de uno de los pacifistas más importantes del siglo XX. Imágen por: Digital collections, UIC. Vía: Flickr

 

Hay varias formas de liderar masas. Un general de un ejército, por ejemplo, puede guiar a sus hombres en la guerra y enfrentar con violencia a otro grupo por un ideal “noble”. Sin embargo, el liderazgo es mucho más valioso cuando se trata de motivar a un grupo de gente para enfrentar una injusticia de manera pacífica, con respeto, pero sin dejarse pisotear los derechos. En ese último grupo, tristemente muy pequeño, está Martin Luther King.

Aunque creció en la primera mitad del siglo xx, cuando ya se había abolido la esclavitud en Estados Unidos, Luther King vivía en un escenario como Georgia, uno de los estados en los que gran parte de las élites blancas se esforzó por crear leyes de segregación que marcaban la desigualdad entre negros y blancos. Los separaban en buses, baños, colegios e iglesias. Prohibían hasta las uniones interraciales.

Como estaban separados y tenían que practicar su fe aparte de los blancos, las iglesias de negros empezaron a ser un escenario de crecimiento de movimientos sociales. Martin Luther King Jr., hijo de un pastor bautista que llevaba el mismo nombre, siguió los pasos de su padre como líder de una congregación religiosa y allí se formó como activista. Antes de eso, también gracias a su procedencia, privilegiada dentro de las posibilidades de un afroamericano promedio, pudo graduarse como licenciado en teología.

Ver y sentir la desigualdad lo humillaba. Pudo seguir, acaso legítimamente, el camino que muchos han escogido para luchar por sus derechos: la violencia como forma de protesta o de resistencia. Algunos movimientos de negros optaron por ese camino. Pero Luther King, aferrado a la esencia del cristianismo y muy influenciado por personajes como Ghandi, entendió que la No violencia era su camino.

Que fuera un pacifista pura sangre no quería decir que se quedara quieto, que se dejara arrebatar sus derechos, que no se opusiera a lo que lo indignaba. Su estrategia consistió en liderar un movimiento más abierto e incluyente, que incluso aceptara blancos, que fuera masivo y organizado, y sobre todo que entendiera que para exigir sus derechos no era obligatorio igualar la violencia de quienes enfrentaban.

Luther King adquirió consciencia desde temprano y se unió a la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP), que había sido fundada por filántropos blancos a principios de 1900. Desde el comité central de esa organización, junto a Ralph Albernathy, otro pastor bautista negro, empezó a motivar a los miembros de su culto a organizarse para luchar contra el racismo.

En diciembre de 1955, en un episodio que parecía normal dentro de la sociedad estadounidense, a Rosa Parks, una mujer negra, le exigieron cambiarse de puesto en el bus porque estaba ocupando una silla para blancos. Ella se negó y fue encarcelada por violar las leyes segregacionistas de la ciudad de Montgomery.

El arresto de Parks fue el detonante para que muchos activistas se organizaran mejor y, a partir de reuniones en la iglesia donde King era pastor, crearon la Asociación para el mejoramiento de Montgomery, que promovió un boicot por parte de los negros al sistema de transporte: no utilizarían más ese servicio hasta que se derogaran las leyes que no les permitían sentarse donde quisieran por motivos raciales.

Luther King fue elegido presidente de esa asociación y, en un discurso sobre el boicot, dijo: “estamos aquí esta noche porque estamos cansados, y quiero decir que no estamos aquí defendiendo la violencia. Nunca hemos hecho eso. […] la única arma que tenemos es la protesta. Eso es todo”. Aunque nunca calculó la acogida que podía tener su propuesta, más tarde se dio cuenta de que fue masiva. Él mismo lo comprobó cuando vio que los buses pasaban vacíos.

La reacción de algunos sectores blancos radicales no se hizo esperar. En las calles, miembros del Ku Klux Klan, de la Legión Blanca y de los Caballeros Blancos cometían actos de violencia y de odio contra la población negra. Pusieron bombas e incendiaron casas. La respuesta que se esperaba era más violencia y enfrentamientos, porque es la forma en que ha sido históricamente: alguien ataca con violencia y el otro le responde con la misma moneda, hasta formar una cadena de venganzas. King, previendo eso, pidió a quienes lo seguían que recordaran sus principios, los de su iglesia, los de su ideología.

Lo que decía en sus discursos, atravesados por una gran oratoria y carisma, le valieron renombre a nivel nacional e internacional. Y ese reconocimiento, aunque no lo pidió, le sirvió para visibilizar y lograr que su lucha tuviera acogida. A finales de la década de 1950 Luther King se había convertido en la conciencia antirracista estadounidense.

A principios de de 1960 creó el Comité de Coordinación de Estudiantes No Violentos, que comprometió a los jóvenes y los llevó a hacer protestas pacíficas en establecimientos que promovían la segregación racial. Luego creó el Movimiento para la Libertad. No descansaba. Impulsaba el surgimiento de comités, organizaciones y movimientos que exigían la igualdad de derechos a partir de marchas y protestas que evitaban igualar la violencia y el odio.

King asistía a todas las manifestaciones que podía. Como ya era reconocido, sus discursos en público tenían eco en la opinión del país y del mundo. El más famoso de esos discursos, sin duda, fue “Yo tengo un sueño”, donde habló de su deseo de que, en un futuro cercano, hombres y mujeres de todas las razas convivieran armoniosamente como iguales.

Después de eso, con todo el recorrido y las campañas que había impulsado, empezaron a caer algunas leyes. Pero su mayor logro, además de lo que alcanzó en lo legal, fue quizás mostrar que, por muy adversas que sean las condiciones, por violento que sea el enemigo, hay una alternativa para no entrar a una espiral de violencia. Una idea que le valió un Nobel de Paz en 1964.

Lo que logró, la acogida y el reconocimiento de su labor, lo llevaron a seguir su lucha también contra la pobreza y contra la guerra. Hoy no se puede negar que gran parte de los pilares que existen en materia de igualdad parten de las premisas que defendió Martin Luther King hace medio siglo. Sin disparar una sola bala.