El expresidente Uribe y su “conflicto unilateral”
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El expresidente Uribe y su “conflicto unilateral”

Staff ¡Pacifista! - Diciembre 13, 2015

OPINIÓN Es importante considerar a quienes siguen negando lo que cada día más colombianos comprenden: que el conflicto ha dejado más de 7 millones de víctimas.

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Columnista: Andrei Gómez Suárez

En todos los rincones de Colombia donde he hablado de la “guerra contra el proceso de paz” hago referencia al uso de Twitter, Facebook y otras redes sociales para circular mentiras que buscan generar una oposición emocional a la paz. Con esto no quiero decir que las emociones sean negativas, todo lo contrario, las emociones son esenciales para nuestra experiencia en el mundo, nuestra valoración de las cosas, e incluso nuestra racionalidad.

Hoy en día muchos hablan de inteligencia emocional. Desafortunadamente, uno de los más serios impactos del conflicto armado ocurre en la salud mental; precisamente porque se genera un desequilibrio emocional. Este desequilibrio es una reacción natural de los miembros de una sociedad que se reproduce en medio de un conflicto armado. Muchos juzgan de forma casi agresiva a los demás por ser diferentes, un efecto cultural. No es su culpa, se podrían beneficiar de un programa sicosocial, aunque no estén dispuestos a aceptarlo.

Otro caso es el de muchos políticos colombianos que reconocen el impacto emocional que deja la guerra y lo utilizan para fortalecer su caudal electoral. Es injusto pedirles a estos políticos que separen la emocionalidad de la política. A decir verdad, es imposible. Así como es imposible esperar que un escritor colombiano de ficción escriba una novela que ignore el conflicto ¿o es que hay alguna novela colombiana escrita en los últimos 30 años que no haga una referencia, aunque sea tangencial, al conflicto armado?

Sin embargo, lo que sí es posible revelar es como esos personajes van tejiendo una red de narrativas llenas de falsedades para predisponer negativamente a sus seguidores en contra de cualquier acuerdo que surja en el proceso de paz con las Farc. Mucho se ha dicho ya de sintagmas que han circulado en los últimos años: “paz sin impunidad” y “castrochavismo”, para nombrar los más populares. Por tanto, entre las muchas declaraciones diarias, vale la pena explorar la más reciente del expresidente Álvaro Uribe: “no aceptamos tratar esto como un conflicto interno, pero si necesitan tratarlo como tal para garantizar la paz, que lo traten como un conflicto unilateral”.

¿Un conflicto unilateral? Uno pensaría que una frase así no podría hacer carrera a estas alturas de la negociación; más aún cuando Colombia aparentemente es un país que casi ha eliminado el analfabetismo. Pero la realidad es otra, es posible que muchos colombianos acepten esta frase contradictoria; a pesar de que la definición básica de conflicto, según el diccionario Larousse, es “choque, combate”, para lo cual se necesitan al menos dos.

¿Por qué utilizar el adjetivo “unilateral” para catalogar el conflicto colombiano cuando no han querido usar el adjetivo “armado” para reconocer la dimensión de la violencia política en Colombia?

Seguramente un colombiano desprevenido puede creer en un conflicto armado unilateral, donde la violencia ocurre desde un solo lado. Pero una persona que lea cualquier periódico, o vea incluso cualquier noticiero de Caracol y RCN, sabrá que en este país hay más de dos bandos y que uno de esos bandos es el Estado colombiano con su Fuerza Pública. La idea de un conflicto unilateral ayuda a exculpar a aquellos que en medio del conflicto armado se alinearon para “defender a la sociedad” y respondieron con violencia a las agresiones de otros, profundizando así el conflicto.

La manipulación emocional no sólo busca acusar al otro, busca generar cierto confort con uno mismo. Para muchos es más fácil negar un pasado que los atormenta; como el asesino en serie de Monserrate que niega ser un asesino en serie a pesar de haber matado más de 18 mujeres, según afirma él mismo.

Para encontrar un balance emocional y superar la paranoia que genera un conflicto multilateral es necesario desmontar la “guerra contra la paz”; es necesario denunciarla y mostrarla al desnudo para que algunos colombianos que han caído presa de ella cuestionen las frases que han ido alimentando una imagen unidimensional del drama que vive Colombia. Reconectarse con la realidad del país es fundamental porque necesitamos del esfuerzo de muchos. Por encima de las ideologías debe construirse una interacción social que recupere la empatía, la confianza y la autocrítica.

Nos corresponde a todos recuperar la salud mental de los colombianos. Por consiguiente, es importante considerar a aquellos que siguen negando lo que cada día más colombianos comprenden: que en Colombia el conflicto armado entre el Estado y los grupos armados ilegales -con la participación de algunos sectores de la sociedad civil- ha dejado más de 7 millones de víctimas. La hora de la negación del conflicto armado ha quedado atrás; el Estado y la guerrilla han empezado a reconocer sus responsabilidades; nos acercamos al momento en que algunos sectores de la sociedad civil hagan lo mismo.

Colombia está viviendo un momento transicional gracias al esfuerzo de muchos colombianos que han superado sus temores y están decididos a no dejar pasar esta oportunidad histórica. No es fácil confiar; no es fácil perdonar; no es fácil imaginar un futuro distinto. Pero el gobierno y las Farc con el Plan de Desminado están brindando un ejemplo de confianza; en Bojayá la guerrilla han abierto un camino para el perdón; y antes de acabar el año las partes buscan poner a soñar a los colombianos con un futuro distinto al presentar públicamente el acuerdo parcial sobre víctimas.

No todos los líderes reconocen la necesidad de ser flexibles y adaptarse a las dinámicas sociales desatadas por nuevos procesos. Algunos sacralizan el pasado y lo utilizan para sacrificar el presente y perpetuarse como líderes de un pueblo. En el fondo, estos son los líderes más peligrosos porque no quieren reconocer la participación de otros. El temor a perder su reinado los descontextualiza y radicaliza.

Un verdadero líder, como nos enseña Lao Tzu, es aquel que se retira cuando su trabajo está hecho. Santos y Timochenko saben esto mejor que los opositores al proceso de paz, por eso han dicho que la construcción de paz la tienen que hacer todos los colombianos; los jóvenes, las mujeres, los ancianos, los excombatientes, los empresarios, los militares, los políticos, ustedes y nosotros.