El ELN y la maquinaria del miedo | ¡PACIFISTA!
El ELN y la maquinaria del miedo
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El ELN y la maquinaria del miedo

Staff ¡Pacifista! - julio 8, 2015

OPINIÓN La percepción de que esa guerrilla puede generar grandes daños con acciones militares y terroristas puede ser una exageración sobre el verdadero estado de sus estructuras.

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                        Columnista: Ana María Cristancho

El viernes sentí miedo. Me asusté cuando mi papá -la única persona a la que le habría creído sin cuestionar- me llamó a alertarme de una bomba. En ese momento asumí que era cierto porque se avecinaba el aniversario del ELN, por sus antecedentes del último año y por la desesperación que tienen de engordar su capacidad de negociación ante una posible mesa. Era redondo.

¿Por qué entramos en pánico? Nadie sabe de dónde provinieron los mensajes, pero la reacción -mucha gente creyó- es muy diciente. La euforia  desatada en Bogotá demuestra la efectividad de los mecanismos del miedo pero, sobre todo, que magnificamos la capacidad de acción de esa organización.

El arma más poderosa de las guerrillas está en nuestras cabezas. La percepción que tenemos de ellas es que son el actor armado capaz de ejercer el mismo daño que causaba hace 15 años. Lo sentimos porque tanto ellas como los enemigos de la paz -con motivaciones opuestas- insisten en que, en términos militares, no han cambiado. Y, al final, este hecho amplía su capacidad de negociación, pues se les reconoce un poder que no tienen.

El ELN -supuesto responsable de los atentados de esta semana-, por ejemplo, no es la sombra de lo que fue. En el pasado, realizaba acciones violentas que exigían niveles altos de inteligencia, entrenamiento de combatientes, número de hombres y tipos de armas. Esta guerrilla a finales de los 90 nos aterró con el secuestro de un avión que aterrizó en plena selva, el secuestro de 285 personas en la Iglesia “La María” en plena capital del Valle durante la misa dominical, la voladura de 200 torres de energía por todo el país en menos de un año y la capacidad de sostener furiosos combates con el Ejército.

Hoy, la violencia de este grupo armado es menor en número pero, sobre todo, es distinta: se caracteriza por ser mucho menos elaborada y exigente que la desplegada hace 15 años. Las acciones armadas del ELN llegaban casi a cero antes de 2013, fecha en la que iniciaron las conversaciones secretas. Éstas están micro localizadas en las zonas abandonadas por el Estado, en donde han hecho presencia desde que iniciaron su lucha (como el Nudo de Paramillo, Urabá chocoano, Catatumbo, algunos municipios periféricos del norte Cauca, Casanare y Arauca); el saldo de muertos en combates siempre favorece al Ejército -las bajas son de ellos-, y, según el Ministerio de Defensa, el ELN realizó apenas un secuestro en 2015. La única constante son los ataques a la infraestructura, muy fáciles de hacer, aunque éstos también han disminuido.

Al parecer, ni siquiera son capaces de poner sus propios petardos. Según el veredicto de la Policía, las explosiones en Teusaquillo a principios de este año fueron contratadas por el ELN con exguerrilleros de las FARC. Creo que si hubieran podido hacerlo por sí mismos lo habrían hecho, pues recurrir a terceros no solo implica dinero sino que pone en evidencia su debilidad militar y falta de entrenamiento.

Frente al Estado, el principal capital de negociación del ELN de hoy es el miedo que producen sus fantasmas. En la medida que inflemos su capacidad militar, van a tener un capital político más amplio para dilatar una realidad evidente: tienen que sentarse a negociar más temprano que tarde. Por ello, de despojar a los grupos armados de imágenes anacrónicas depende que dejemos de sentir terror. Solo así podremos, como sociedad civil, verlas a la cara y exigirles que se sienten a la mesa y firmen la paz, porque no tienen otra opción. Perdieron la guerra.

@petalo_desal