El Centro Democrático y Trump no son tan distintos:  ¿Make Colombia Great Again?
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El Centro Democrático y Trump no son tan distintos: ¿Make Colombia Great Again?

Colaborador ¡Pacifista! - Agosto 9, 2018

OPINIÓN |Puede que en este tiempo  los caminos se crucen y que el panorama aquí y allá termine pareciendo el mismo: acusaciones a la prensa “fake news” como grito de batalla  — y un gigantesco y conveniente espejo retrovisor—. Por: Juan Sebastián Jiménez Herrera 

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Ilustración:Juan Ruiz – @jucaruiz

En Colombia no nos gusta quedarnos atrás y por eso, a tono con la derecha internacional, ya tenemos nuestra versión criolla del Make America Great Again: el reconocido eslogan del presidente estadounidense Donald Trump (tomado, impunemente, de la campaña del expresidente Ronald Reagan). Se la debemos al presidente del Senado, Ernesto Macías, inesperado protagonista de la posesión de Iván Duque. En su discurso, Macías se explayó contra el gobierno saliente y luego comparó la tarea que se le viene al nuevo presidente con la gesta libertadora. Dijo puntualmente: “Hoy que se cumplen 199 años del éxito de la Campaña Libertadora de la Nueva Granada, que sea el punto de referencia para la gran batalla que inicia usted con el firme propósito de recuperar el país”.

Luego la batalla ya no fue batalla sino una “cruzada por el país”. Ha nacido un mantra. Aunque, de nuevo, no muy original. Valga comparar sus palabras con las del presidente Trump durante su posesión: “Nos unimos ahora en un gran esfuerzo nacional para reconstruir nuestro país”. Reconstruir, recuperar, casi lo mismo. Al final, puede que las palabras no sean las mismas, pero el mensaje sí lo es: el país iba directo al despeñadero hasta que llegó su salvador. Y en este caso nuestro salvador es Duque, nuestro Jesús, porque dios es otro (y anda en crocs). Y el diablo es Juan Manuel Santos (porque para que este mensaje sea coherente tiene que haber un malo como lo es, para Trump, Barack Obama o, en su defecto, Hillary Clinton). Y hay que echarle la culpa por todo. No importa mentir.

Ya varios medios han demostrado que el memorial de agravios del presidente del Senado a Santos, que molestó incluso a la vicepresidenta Martha Lucía Ramírez, estuvo plagado de mentiras e inconsistencias. Lo mismo el aviso que publicó el uribismo en la edición del diario El Tiempo del 6 de agosto. Pero —reitero— no importa mentir. Lo importante es que el mensaje sea creíble y enardezca aún más a los envalentonados uribistas. Por eso mismo a Santos no hay que reconocerle nada: no hay que permitir que se vea, ni medianamente, bueno. Trump, hay que decirlo, fue más condescendiente con Obama durante su discurso de posesión.

Entonces el mensaje se va tejiendo como una red para incautos. Pero faltan unas puntadas. Para que todo cuadre, hay que decir que en algún momento el país estuvo bien, iba por buen camino. El ‘again’. En el caso de Trump: hasta la presidencia de Ronald Reagan. Luego Estados Unidos se fue degradando, hasta la llegada de un afroamericano a la Casa Blanca, algo que para muchos de los seguidores de Trump fue la ‘tapa’. No es gratuito que muchos de ellos hayan convertido el Make America Great Again en Make America White Again: una consigna eminentemente racista.

En Colombia el camino se ‘torció’ cuando Santos se atrevió a traicionar a Uribe. Lo dijo el presidente del Senado: “El expresidente Juan Manuel Santos, desde finales de 2010, abandonó la política de Seguridad Democrática”. Mejor dicho: se desvió del dogma. Uribe, en palabras de Macías, no dejó a Colombia “convertido en un paraíso” pero, por lo menos, lo salvó de la “inviabilidad” y entonces llegó Santos y entregó todo a los terroristas. Porque para el uribismo, en Colombia no ha habido ni una guerra civil ni un conflicto armado, sino una “amenaza terrorista”.

El mensaje, finalmente, es que estos ocho años fueron perdidos y que hay que retomar el rumbo. Y no cualquier rumbo sino el camino del señor: el que diga Uribe. El presidente del Senado, por ejemplo, ve con satisfacción que Duque  “va a retomar la buena experiencia de los Consejos Comunitarios”. Es decir: que va a seguir el ejemplo del patrón. Se trata, por eso mismo, de un mensaje a Duque: el uribismo no va a permitir a otro traidor.

(Un recorderis: cuando se discutía la posibilidad de que Uribe fuera reelegido por segunda vez, este dijo que solo se presentaría para su reelección si ocurría una “hecatombe”. Al final la Corte Constitucional lo dejó con las ganas, pero la “hecatombe” causada por Santos amerita que Uribe vuelva al poder, así sea en cuerpo ajeno).

Duque apenas empieza. Trump, por su parte, ya lleva un año y medio en el cargo. Puede  que en este tiempo los caminos se crucen y que el panorama aquí y allá termine pareciendo el mismo: acusaciones a la prensa “fake news” como grito de batalla  — y un gigantesco y conveniente espejo retrovisor—. Esto pese a que Santos, como Obama, ha prometido mantener silencio a menos de que se vulnere su honra. Lo que es muy probable que ocurra. Si en Estados Unidos Obama es el responsable de todo lo malo que le pasa a Trump, en Colombia va a ser Santos el sospechoso de siempre.

Aunque entre Colombia y Estados Unidos hay una diferencia. Mientras allá fue el presidente el que enarboló las banderas de la revancha; acá fue el presidente del Senado el que lo hizo. Incluso trató de dejar a Duque por fuera de todo. Casi como si dijera “no metan al niño en esto”. “Debe usted dedicarse a gobernar sin distraerse en asuntos distintos”, le dijo. Pero esto plantea serias dudas sobre la capacidad de maniobra de Duque. En Estados Unidos, Trump supo imponerse a sus opositores dentro del mismo Partido Republicano. La pregunta es si Duque será capaz de lo mismo o si veremos a un presidente maniatado.

Feliz de comparar a la “cruzada por el país” del uribismo con la gesta libertadora, el presidente del Senado dijo que “ojalá, dentro de un año, cuando conmemoremos el Bicentenario de la Batalla de Boyacá, usted pueda entregar un parte de victoria a los colombianos, anunciando que están saneadas las finanzas del Estado, que recuperó la seguridad del país y que comenzará la ejecución exitosa de su Plan de Desarrollo”. Mejor dicho: que recuperó el rumbo o, en otras palabras, que volvió en el pasado a esos años maravillosos: a los años de Uribe: Make Colombia Great Again.