¿Cómo salvar la paz en 2018?: un experto en conflictos nos responde
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¿Cómo salvar la paz en 2018?: un experto en conflictos nos responde

Staff ¡Pacifista! - Diciembre 15, 2017

¿Qué podemos hacer para salvar la paz si llega un candidato que quiera transformar radicalmente el Acuerdo de Paz en 2018?

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Darynell Rodríguez, Director Ejecutivo de la Fundación Gppac (Agencia Global para la Prevención del Conflicto Armado). Foto: Pablo David G.

El posconflicto en Colombia se ha convertido en una suerte de fetiche para diferentes universidades y organizaciones del mundo. El futuro de las negociaciones entre el gobierno y las Farc pueden dejar varias lecciones para los países  que, como Colombia, viven una guerra interna.

Según Naciones Unidas, en 2010 estaban activos 80 conflictos internos en el mundo, cifra que aumentó a 160 en 2015. Esta tendencia, lógicamente, significó un aumento en el número de víctimas mortales: pasaron de 30.000 en 2010 a 120.000 en 2015, según estudios de la Universidad Upsala de Suecia.

Por estas y otras cifras es que es común ver expertos de diferentes partes del mundo visitando Colombia, indagando sobre el proceso de paz. Hace unas hablamos con Darynell Rodríguez, director ejecutivo de Gppac (Agencia Global para la Prevención del Conflicto Armado) en un evento con líderes sociales en la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Par él, Colombia puede ser un ejemplo en el mundo si supera los niveles de polarización que, así no sean tan visibles, obstaculizan o al menos retrasan la implementación del proceso de paz.

¿Cómo están interviniendo en los países con conflictos internos?

Si uno se pone a ver las estadísticas de los últimos años sobre conflictos se da cuenta de que hay una explosión de conflictividad en el mundo. Entre 2010 y 2015 se duplicaron los conflictos internos y el número de víctimas se cuadruplicó. Si uno se pone a ver las dinámicas de conflicto ve que hay dos factores interesantes: primero, que no son conflictos entre estados, como sucedía antes, y segundo, que no son conflictos entre estados y actores irregulares como las guerrillas. En la mayoría de los casos son conflictos entre actores irregulares, no estatales.  Y si uno se pone a ver quiénes son las víctimas se da cuenta de que la mayor cantidad son civiles no combatientes. La sociedad civil no combatiente es la que está en medio de este tipo de conflictos soportando los aspectos más duros. En ese sentido, lo que queremos hacer como Gppac es fortalecer el rol de la sociedad civil como agente de su propio cambio. Queremos que la gente pueda provocar procesos trasformadores que lleven a procesos de construcción de paz.

¿En Colombia cómo han participado?

Aquí estamos trabajando principalmente en la vertiente de los diálogos intergeneracionales con la organización ‘La Paz Querida’, que es nuestra red en Colombia. Hemos venido apoyando el proceso que ellos tienen en las regiones, donde ponen a conversar a diferentes grupos, tanto de edades como de procedencias distintas. La idea es que las comunidades sientan que son parte de la construcción de paz en Colombia. No es solo el Estado o la guerrilla los que tienen que avanzar; la sociedad civil también tiene un papel muy importante. De hecho, en Colombia nos tenemos que dar cuenta de que las comunidades pueden liderar procesos de abajo hacia arriba, sin esperar a que el gobierno solucione o avance en la paz.

Suena bien, pero el país está muy polarizado…

Como colombiano que vive en el exterior y que ve el proceso de paz a distancia me preocupa mucho que cada vez que vengo veo que las narrativas políticas se están radicalizando cada vez más. Hay una instrumentalización del miedo con fines políticos, por eso no se abre una oportunidad para construir un proceso de paz entre todas las partes. La tendencia entre los dos grupos es pensar en cómo convencer al otro. Yo diría que más que convencer se necesita un proceso de entender y escuchar a los otros, solo así podremos entender el conflicto desde diferentes perspectivas. Si todos queremos la paz, ¿por qué no centrarnos en lo que nos une?

Una vez un gestor de ‘La Paz Querida’ me dijo  que “nuestras conversaciones crean nuestra realidad”. Y claro, la manera en la que conversamos crea la manera en la que vemos el mundo, en la que lo interpretamos. En las conversaciones cotidianas las palabras que usamos tienen un poder enorme, por eso tenemos que crear nuevos espacios y pasar de una cultura de la confrontación a una cultura del diálogo.

¿Qué experiencias exitosas ha visto en ese sentido?

Experiencias de reconciliación hay en varios países. Suráfrica, por ejemplo, es un caso emblemático porque allá partieron de no querer buscar venganza sino de decir bueno, acá vamos a construir juntos la paz. Ese es el legado de Mandela y, en lugar de olvidar lo que pasó, reconocieron las fallas y se comprometieron a no repetirlas. Este tipo de reflexiones son las que se tienen que dar en Colombia.

 Entre 2010 y 2015 se duplicaron los conflictos internos y el número de víctimas se cuadruplicó

¿Qué tan lejos podríamos estar de ese escenario teniendo en cuenta los retrasos en la implementación de la paz?

Quisiera precisar dos cosas. Una es la implementación formal de lo acordado entre las Farc y el Gobierno. En ese punto hay un trabajo técnico que viene realizando el Instituto Kroc, designado para hacerle seguimiento al cumplimiento de los acuerdos. Hace unas semanas lanzaron el primer informe y concluían que en los temas próximos o urgentes a implementar vamos más o menos bien, pero en los temas de largo y mediano plazo estamos más bien empantanados.

Por otro lado, creo que cuando hablamos de la construcción de paz en Colombia tienen que medirse otras cosas que no están en el acuerdo. Tengo una anécdota: estaba en un foro sobre desarrollo sostenible pensando en indicadores para medir si un país está avanzando hacia la paz. Un profesor del Instituto de Investigaciones para la Paz de la Universidad de Estocolmo me dijo que se podrían medir los niveles de miedo de la población para saber si un país avanza hacia la paz. Si el nivel de miedo o de inseguridad baja, quiere decir que estamos avanzando en buen camino. Ese me parece otro ejercicio interesante que se podría aplicar acá.

En las conversaciones cotidianas las palabras que usamos tienen un poder enorme, por eso tenemos que crear nuevos espacio y pasar de una cultura de la confrontación a una cultura del diálogo

¿Cómo involucrarían a los jóvenes en procesos de construcción de paz?

Estos procesos son como los de prevención de salud pública, donde se deben analizar los riesgos de la población. Un joven a veces puede desarrollar ciertos tipos de enfermedades y una mujer joven puede tener una disposición diferente frente a una enfermedad. Lo que tenemos que hacer es saber cuáles son los riesgos y cuáles son los temas que afectan a los jóvenes en relación con la construcción de paz. Estos riesgos serán diferentes a los de las personas de 30, 40 o 50 años, en fin. Creo que es necesario incluir ese lente de la juventud en el desarrollo de las políticas públicas.

¿Cómo influye en Colombia la desconfianza tan grande que tiene la sociedad con el Estado?

Las iniciativas de diálogo son importantes para generar confianza y para construir paz. Tenemos que reconstruir la confianza entre las personas que han estado separadas por el conflicto y, paralelamente, impulsar la construcción de confianza entre la población y las instituciones del estado. Es un proceso, 50 años de guerra no se borran de un día para otro.

¿Cómo ve el escenario de las elecciones presidenciales?

Insisto en que tenemos que tener en cuenta nuestras conversaciones. La forma y las palabras que usamos cuando conversamos afectan a la sociedad que queremos. Ahora hay dos discursos: uno del miedo, de un sector que busca promover el miedo como arma política, y otro que quiere articular propuestas para seguir hacia adelante. Yo le preguntaría a la sociedad civil: ¿Vamos a seguir alimentando el discurso del miedo y la polarización o nos vamos a sentar a construir país?

¿Cómo percibe lo que está pasando con los líderes sociales?

Muy grave, y no es un tema exclusivo de Colombia. El espacio para los líderes sociales es cada vez más reducido y esta es una tendencia que lamentablemente se está presentando en diferentes países del mundo. De hecho – y no es el caso de Colombia – hay casos donde los gobiernos reprimen de manera violenta a los líderes. Nosotros queremos trasladar experiencias de diferentes países para que los líderes sociales sean protegidos.

¿Qué estrategia podría funcionar en Colombia?

Es importante proteger las comunicaciones de los líderes sociales. Nosotros, por ejemplo, estamos abriendo espacios, como portales en Internet, para que las organizaciones pueden expresar sus opiniones y sus alertas sin que se pongan en riesgo. Brindamos protección criptológica para que las conversaciones de la sociedad civil y el ejercicio de los líderes sociales se pueda desarrollar en condiciones de seguridad. Ese sería un primer paso. El siguiente es construir confianza en las comunidades, tenemos que avanzar hacia allá.