Colosó, un viejo campo de batalla, en las voces de cinco exguerrilleros | ¡PACIFISTA!
Colosó, un viejo campo de batalla, en las voces de cinco exguerrilleros Fotografías: Lina Flórez y Jean Carlos Severiche
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Colosó, un viejo campo de batalla, en las voces de cinco exguerrilleros

Colaborador ¡Pacifista! - Octubre 18, 2019

"Nosotros estamos dispuestos a colaborar y a hacer todo lo posible para que esas cosas no se vuelvan a repetir", dijo uno de ellos.

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Este artículo hace parte del especial #LaPazEnLosMontesDeMaría, una inmersión en conjunto con Diario de Paz Colombia.

Por: Koleia Bungard*

Colosó es un pueblo de poco más de seis mil habitantes en el departamento de Sucre. Allí, con sus familias, viven 29 ex guerrilleros que militaron en las filas de los frentes 35 y 37 de las Farc. Hoy, tras la firma  del Acuerdo de Paz con el gobierno y en medio de los retos del presente, están sacando adelante un proceso de reincorporación a la vida civil.

Como ellos mismos lo cuentan, entre 1990 y el año 2005, Colosó y muchos otros municipios de los Montes de María fueron un campo de batalla. En esta región del país, guerrilleros, paramilitares y soldados del Ejército Nacional se enfrentaron durante años por el dominio del territorio. Desplazamientos forzados, masacres, secuestros y desapariciones hacen parte de la historia reciente de estas comunidades. ¿Cómo ha sido para estos ex combatientes volver a su pueblo después de la firma del Acuerdo de Paz?¿Cómo los ha recibido la comunidad?

Durante una larga conversación con cinco de ellos, les pregunté por sus historias particulares, por sus recuerdos en la guerrilla, por sus sueños. ¿Qué piensan de esta nueva etapa en sus vidas? ¿Qué significa para ellos la reincorporación? ¿Qué se siente no llevar más un fusil? Los siguientes son fragmentos, en sus propias voces, de sus vivencias y de sus anhelos de paz.

El pueblo antes de la guerra

“Estamos en el municipio de Colosó, en el departamento de Sucre; subregión Montes de María. Un municipio netamente agricultor y reonocido por sus artesanías. Un pueblo bastante golpeado por la violencia en su época, por miembros de guerrillas, por grupos paramilitares y también por la fuerza pública. Colosó era un municipio sano, de gente muy humilde. Aquí los campesinos se dedicaban al cultivo de tabaco, de maíz, de yuca, en parte a la ganadería, a la artesanía. Incluso todavía existen artesanos, tienen su cultura. Pero hay algunas culturas que se han perdido. ¿Por qué? Por el conflicto armado”.

Cómo comenzó todo

“El conflicto armado empezó a darse en los años 87, 88, 89 y 90. Ahí es cuando aparecen los grupos armados al margen de la ley: Farc, Elenos, Corriente de Renovación Socialista, grupos de paramilitares, fuerza pública. Porque la fuerza pública también atropelló mucho a la población: metiendo también a los parapolíticos que eran los que financiaban a esos grupos para que llegaran a los municipios, hicieran las masacres, mataran a esas personas por su ideología política. Por ejemplo, se dio el caso de la Unión Patriótica que fue exterminada por los paramilitares.

“Entonces, ya eso es una cuestión de que se trata de pronto de tomar unas medidas para defenderse, para defender a la población. Porque en vista de que cuando hay grupos al margen de la ley que uno desconoce, y que vienen atropellando y asesinando a nuestra familia, ya uno tiene que defenderse. Entonces eso también cansó. Nadie quería que llegaran y mataran el papá de uno, al hermano de uno, solamente por una ideología política. Nadie quiere morir, entonces tienen que defenderse ¿De qué forma se podían defender? Armándose.

“Muchas personas se metieron en estos grupos fue por eso, y también porque, por ejemplo, algunos jóvenes, mujeres, jovencitas, llegaron a veces por la mala situación, por el maltrato de los papás. Entonces, si nosotros miramos, hay muchos factores que causaron esta violencia”.

Fuimos milicianos

En el caso de acá, la mayoría de nosotros fuimos milicianos. Se componían por escuadras de seis personas y cada escuadra hacía su trabajo, en la parte donde lo ubicaban: en el casco urbano, en la vereda, en los corregimientos. Entonces cada día les daban su función. Así de esa forma se trabajó. Mucho éramos jovencitos de 14, de 15 y 17 años. A esa edad empezamos a trabajar en la organización.

Casi todo el mundo camuflado

“En esos años había presencia de grupos en el casco urbano, alrededor de las veredas, por las carreteras, por todas partes. Pero aquí había una incertidumbre porque llegaba casi todo el mundo camuflado y con el mismo camuflaje, no se sabía si era paramilitar o si era guerrillero. A nosotros los que estábamos aquí en el pueblo nos tocó irnos para el monte, uno se sentía más seguro en grupo. Me acuerdo que yo tenía a mi esposa y teníamos que irnos con los niños del pueblo pa’l monte porque se sentía uno más seguro. Y allá hacíamos grupos y nos turnábamos. Había unos que estaban armados, otros nos quedábamos resguardados. Llegaba el Ejército y todo el mundo se iba corriendo para la montaña porque no se sabía ni quién era. “¡No, que somos del Ejército!”, entonces ya la gente regresaba, pero le digo que eso fue una confusión muy grande. Aquí se vivieron, así como le cuento, muchas cosas. Aquí la fuerza pública tenía un truco: quitaban la luz y dejaban el pueblo solo y se metían los paramilitares. Entonce’ pues… por eso les digo que aquí ¡la tuvimos difícil!”.

Ser niños

“Mire, cuando la infancia de nosotros, eso fue lo más bonito, ¿oíste? Desgraciadamente, vino el conflicto. Y… pues mire, el papá mío era tomador y él se dormía para’o. Nosotros somos de una vereda y se quedaba dormido en el camino y ahí así como se acostaba ahí amanecía. Pero tuvimos una infancia muy linda. Los niños lo que hacíamos era jugar y hacer deporte, de toda clase”.

“Sí, la infancia de nosotros fue totalmente diferente a la de los niños que él menciona. La infancia de nosotros fue volar barriletes, jugar trompo, bolita de esa de uñita, todo. Hasta que llegó el conflicto. Nos atropelló como… Entonces Colosó era un pueblo que era muy sano ¡Muy sano! En Colosó no había drogas, no había nada. Podían contar y aquí nadie consumía droga. Aquí nadie estaba en grupos de nada. Entonces son cosas que… inclusive yo… yo primero fui, presté servicio militar. Fui militar primero antes de pertenecer a las Farc. Pero eso pasa por cosas de la vida.  Pero ya nosotros, por lo menos, queremos darle ejemplo a niños, a jóvenes, de que los grupos al margen de la ley, eso no, no… no da nada”.

“Ya en últimas, le cuento, me tocó ausentarme de acá, pero me cuentan los compañeros que quedaron acá que los niños jugaban era a “los grupos”. Tuve unos primos, y uno de ellos vino y se puso de jefe. Entonces organizó un grupo de niños. Niños y niñas. Aquí en Calle Larga, en la vereda, tenían sus equipajes, todo como en la guerrilla, porque eso era lo que ellos veían: también al Ejército, todos esos grupos. ¡Y hacían sus campamentos en el monte!, y ahí dormían niños y niñas. Y salían: “Vamos a buscar finanzas”, y había gente que les colaboraba no más por su ignorancia. Hacían lo mismo que nosotros, pero ¿por qué? Porque ellos veían eso”.

La historia de Rafael

“Yo me crié en el campo. Yo de muy pequeño conocí a las organizaciones. La primera organización que conocí fue La Corriente [de Renovación Socialista], por allá en el año 1980. Yo tenía 10 años cuando comencé a conocer. Como uno se levanta en el campo. Es una historia diferente a la del pueblo. ¿Por qué? Porque uno se cría sin miedo a nada. Cuando pequeño, mi papá me dejaba en la finquita solo, él era muy caminador también. Entonces, pues yo me crié ahí, alrededor tenía un tío, abuelo, la familia, vecinos. Cada quien tenía sus parcelas. Llegaron [los guerrilleros]. Comencé a conocer a esas hermosas mujeres que llegaban, cabello largo, negro, blancas, muy lindas. Y ya uno se simpatiza por ellas.

“En ese entonces me fui dando, me fui dando. Mi papá me regañaba: “Cuidado con decir algo, que vio a los señores cuidadores de la selva”, era lo que él me decía. Y yo le preguntaba “¿quiénes son?”. Me decía: “Ellos son los que andan cuidando el agua por aquí”. O sea, le metían cualquier idea a uno. De ahí comencé. En el año 86 terminé la primaria con una idea: ya no quería seguir estudiando sino que me quería ir con ellos, ¡con ellos! Entonces por un tiempo me alejé con ellos, pero me regresaron porque todavía era muy niño. Pero sí, cercano sí me llevaban, cercano me llevaban. Yo me iba con ellos y me regresaban a la casa escondido de la población.

“Porque anteriormente eso era muy oculto, muy reservado. De ahí en adelante ya yo me fui dando. Y como allá en mi casa mi papá siempre mantuvo armas de fuego como escopetas y revólveres, ahí se me fui metiendo la idea, la idea, la idea. Cuando estuve más grande me mandaron para Sincelejo, para que no estuviera viendo. Allá fue peor porque me encontré con un señor que era creador de masa. De la revolución. Elenos. Se hizo amigo mío, ya me había conocido, había caminado por acá, sabía el nombre de mi familia. Me puso a trabajar con él en una zapatería y me fue entrenando más y más y me fui metiendo ideología de la revolución. Duré un tiempo, sí, aproximadamente seis años duré en el monte, con el fusil y el morral encima. Con los elenos. Después me encontré con unos mandos del Bloque Caribe de las Farc y me puse a trabajar con ellos allá”.

La historia de Pedro

“Yo tenía 17 años. Pero yo vengo de una familia cristiana, muy humilde, muy conocida aquí en el pueblo. La ovejita negra de la familia he sido yo. Mis hermanos todos son trabajadores. Tengo un hermano que es profesor. Siempre me incliné a la izquierda. Cuando eso, el comunismo, yo lo estudiaba: estudiaba lo de Lenin, esa historia. Pero, bueno. Yo tuve mi compañera, tenía mi familia. Y uno comienza colaborando, haciendo los mandados. Yo llevaba droga, pero de farmacia. Cuando vine a ver ya estaba adentro. Y un día llegaron y allanaron la casa de mi mamá, y mi mamá cristiana, mi papá.. figúrese. Qué pena. Entonces yo no tuve más explicación. “No hombre –me decían–, cómo es posible, qué necesidad tienes tú de esto”. Pero ya me perseguían, ya tuve que irme, dejar a mi familia y pues irme pa’l monte. Me tocó caminar casi que toda Colombia.

“Duré casi veinte años pa’ volver acá. Yo no tenía casi contacto, ni por teléfono, con mi familia. Dejé los hijos. Dejé todo. Por eso es que digo, detrás de nosotros, de cada uno, hay una historia. Porque uno comienza colaborando, por ignorancia, porque uno cree que las cosas no van a pasar y vamos a ver que detrás de uno hay gente que lo está persiguiendo, saben todos los movimientos de uno. Por eso me tocó irme. Entonces dejé todo. Vea, yo anduve en las ciudades, en todo lado, y yo siempre anhelé volver a mi pueblo. Y le doy gracias a Dios que estoy aquí, y le pido a mi Dios que nunca vuelva a suceder esa guerra, ni conmigo, ni con mis hijos, ni con mis nietos”.

 

Querer huir

“Sí, muchas veces sí se le pasa uno por la mente quererse volar y huir de la guerra, porque es que no es nada hablar aquí a estar en un combate. Muchas cosas se le vienen a uno encima. Hasta se me viene a la mente que muchos compañeros se suicidaron porque no aguantaron la presión”.

Esto es lo más lindo

“Hoy, desde que estamos en la reincorporación, yo no cambio este momento por nada. Lo digo porque esto es lo más lindo. Yo cuando oigo que hay violencia, que están matando, vea, a mí se me eriza la piel porque yo digo: “¿Usted sabe lo maluco que uno vive allí?”. Uno en la tierra de uno, aquí, por ejemplo, en este municipio podemos vivir como unos reyes. Aquí si uno no tiene una cosa, la consigue con el compañero, y uno por fuera no consigue nada porque ya el otro no lo conoce. Desgraciadamente nos tocó esa vida y este pueblo se dañó, cuando era un remanso de paz. Ya yo tengo nietos, tengo mis hijos. Y pues uno ya está aquí en el pueblo nuevamente y esto es muy bonito. Esto no tiene palabras. No hay cómo describir lo contento que uno se siente”.

Las negociaciones de paz en La Habana

“Yo, a título personal, anhelaba la paz porque yo, fuera de que no soy muy estudiado, siempre estoy pendiente de la noticia. La mayoría de los compañeros queríamos este momento porque nosotros tuvimos un objetivo que era lograr el poder, y no se había podido por la vía de las armas, entonces pues ya uno quería la paz. Cuando las negociaciones, aunque hubo muchos altibajos, nosotros anhelábamos la paz porque ¿sabe lo bonito que es que uno pueda estar aquí libremente y tener a su familia? Ya hoy en día estamos pensando en trabajar. Ya todos trabajamos, todos estudiamos.

Volver a estudiar

“Yo estoy haciendo el grado séptimo. Y pues, somos ejemplo aquí en el colegio. A mí me ha tocado en el colegio pararme delante de los alumnos nuevos y darles consejos, porque los niños ahora quieren es explorar lo que uno vivió. Y yo me les paro y les digo: “Miren lo que yo viví, no se lo deseo a nadie. Ustedes están pensando en irse para el lugar equivocado”.

“Todos estamos estudiando y somos ejemplo. Servimos como modelo para los otros niños que no son aplicados”.

Reconciliarse con las víctimas del conflicto

“Los primeros días aquí fueron duros, la gente nos rechazaba. Yo vivo en el barrio La Paz. Lleva el nombre de La Paz. Ahí fue donde iniciamos la iniciativa con la comunidad. Nos fuimos reuniendo con la gente y eso no fue fácil porque entre la gente hay resentimiento, porque pasaron muchas cosas en el pueblo. Pero bueno, nosotros nos sentamos con las víctimas y les dimos nuestro punto de vista y llegamos a hacer muchas integraciones”.

“Primero los ex-combatientes nos reunimos y estábamos explorando cómo sería llegarle a la gente. Hacíamos actividades, hacíamos encuentros con las víctimas, esa fue la forma. Cuando vinimos a ver, ya jugábamos con ellos, hasta hacíamos las reuniones. El camino es por ahí. A nosotros nos falta, lo que ganamos es poco, y quisiéramos tener algo más. Pero todos llegamos a un acuerdo, que lo que a nosotros nos llegue (una finca, proyectos productivos) lo vamos a partir con las víctimas. Y eso le ha gustado mucho a la comunidad, por lo que nosotros hemos sido los únicos que estamos con las víctimas”.

“Desde un principio el señor Pedro y mi persona, nos comprometimos los dos a llegar primero a la comunidad de La Paz. Cuando llegamos los dos, y después, ya al tiempo, le íbamos diciendo a la gente que teníamos un grupo. Varios reaccionaron de diferente manera, pero sí tuvimos aceptación, acogida con la comunidad. Conseguimos una malla de voleibol, refrigerio y hacíamos actividades los sábados, a veces los viernes. Pintamos el parque, lo limpiamos y hacemos el aseo. También tuvimos varias charlas con psicólogos, con víctimas, con niños. Ahora estamos haciendo acercamiento con la comunidad de la vereda Maratón, donde viven algunos compañeros reincorporados”.

“Estamos enfocados también en el tema de prevención del consumo de drogas psicoactivas. Les damos charlas a los jóvenes, a los niños, para que sepan que esos no son los caminos a seguir. Ni los grupos al margen de la ley, ni las drogas, ni nada de esas cosas”.

“El año pasado, el 31 de octubre, celebramos el Día de los Niños, aquí en Colosó. Nosotros como reincorporados conseguimos los recursos y le hicimos una fiesta a los niños”.

“Esa es la meta que nosotros llevamos, tener un acercamiento más a las víctimas y también tratar de que las víctimas que tengan sus seres queridos desaparecidos, hacerles canal para que puedan recuperarlos. Eso es lo que nosotros queremos, ese es el trabajo que estamos haciendo para que así haya perdón y, digamos, se disminuya el odio, el rincón que existe”.

Los planes y las alianzas

“A veces hacemos reuniones en La Casa de la Cultura, que dirige una monja, una madre. Ella se ha portado muy bien con nosotros. La agencia ARN (Agencia para la Reincorporación y la Normalización) también se han portado muy bien con nosotros. Pero no hemos tenido el apoyo de la Alcaldía Municipal de Colosó para nada; ni siquiera hemos podido hablar con el alcalde”.

“Nosotros acá tenemos una asociación y tenemos una cooperativa y por medio de eso nos organizamos, hacemos planes de trabajo y nos reunimos”.

Merecemos una oportunidad

“Yo diría que nosotros como personas, como seres humanos, merecemos también una oportunidad. Nosotros estamos dispuestos a colaborar y a hacer todo lo posible para que esas cosas no se vuelvan a repetir. A nosotros también nos duele todo lo sucedido, nosotros somos seres humanos también y perdimos familiares”.

“La verdad es que a veces en la vida cometemos errores y que, como dijo el compañero, somos unos seres humanos que sentimos y que vivimos en carne propia lo que sucedió. La verdad es que estamos arrepentidos por lo sucedido. Estamos dispuestos a perdonar y anhelamos que las víctimas también nos perdonen. Queremos seguir trabajando con ellas y con todos y si podemos ayudar, ayudamos”.

“Detrás de cada uno de nosotros hay una historia. Nosotros venimos de hogares humildes, somos de origen campesino. El mensaje que le mandamos a todo el mundo es que nosotros estamos dispuestos a cambiar, que ya hemos cambiado”.

“Nosotros ya miramos las cosas de una manera totalmente diferente y estamos un poco más cerca de la población. Tenemos bastante aceptación. No del todo porque es prematuro que, de pronto, acepten a una organización al margen de la ley que de una u otra forma le causó daño a una población, que lo reciban a uno con los brazos abiertos así de un día para otro. Pero estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para tratar de resarcir los daños que la organización hizo en su momento”.

“Nosotros lo que queremos es que esto no se vuelva a repetir. Que esto no vuelva otra vez. Hoy en día nosotros queremos esta paz con las víctimas que fueron atropelladas por la violencia. Entonces nosotros estamos dispuestos a trabajar con las víctimas y perdonar. Eso es lo que queremos nosotros”.

La vida sin el fusil

“Quizás, acá afuera, ahora mismo vivimos una experiencia más peligrosa que allá adentro. ¿Por qué? Porque la experiencia que nosotros vivimos allá adentro fue así: estábamos armados, estábamos acompañados, estábamos en grupo. No teníamos este temor que tenemos acá afuera, un temor por la seguridad”.

“Para mí ha sido un inmenso placer acabar esa guerra. Estoy muy orgulloso de sentarme acá, diferente a lo que yo era. Primero que todo están mis hijos. Ya eso me ha hecho cambiar mucho la ideología que tenía yo cuando estaba en la organización. Ya acá vamos a luchar es con nuestras mentes, no con las armas”.

*Koleia Bungard es periodista y editora en Diario de Paz Colombia. Apoyo editorial para este artículo: Jean Carlos Severiche. Fotografías: Lina Flórez y Jean Carlos Severiche