‘En mi caso, los periodistas perecían mercaderes del dolor’: Clara Rojas en la JEP Clara Rojas en la JEP. Foto: JEP
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‘En mi caso, los periodistas perecían mercaderes del dolor’: Clara Rojas en la JEP

Staff ¡Pacifista! - Noviembre 8, 2018

Durante los seis años que estuvo secuestrada, Rojas tuvo que afrontar maltratos y un acto que ha sido difícil de superar: la separación de su hijo, quien nació en cautiverio, durante tres años.

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Quince días después de que Ingrid Betancourt hablara sobre su secuestro ante los magistrados de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), Clara Rojas, líder de víctimas y jefe de debate de Betancourt cuando ambas fueron raptadas, llegó al mismo escenario para contar su versión sobre el secuestro de seis años que sufrió en manos de la guerrilla de las Farc. Tanto Betancourt como Rojas coincidieron en la necesidad de que los excombatientes y altos mandos de la antigua guerrilla asuman un compromiso serio para reparar a las víctimas y garantizar que episodios como esos no se volverán a repetir.

En su testimonio hizo énfasis en la revictimización que sufrió después de quedar en libertad. El daño no solamente ocurrió entre 2002 y 2008, periodo en el que estuvo en manos de las Farc, sino que se extendió en años posteriores: cuando la prensa divulgó diferentes versiones sobre el nacimiento de su hijo en cautiverio, cuando el Estado le dio la espalda y no le ayudó con su salud ni la de su familia y cuando Jesús Santrich dijo que ella había buscado ser “prisionera de guerra”. En lo que se viene, dijo Rojas, la JEP deberá tener en cuenta todos los hechos posteriores, de lo contrario sería difícil hablar de una verdadera reparación.

Clara Rojas fue secuestrada el 23 de febrero de 2002 junto a Íngrid Betancourt, quien se encontraba en plena campaña presidencial. La guerrilla las interceptó en la carretera entre Florencia y San Vicente del Caguán. Las Farc la separaron de su hijo Emanuel, quien se encontraba gravemente enfermo en la selva, durante tres años. Pudo encontrarse con él en enero de 2008, mes en el que fue liberada. En 2014, Rojas fue electa representante a la Cámara por Bogotá con el aval del Partido Liberal. Este fue su testimonio.

Un secuestro que deja muchas dudas

Lo primero que dijo Rojas es que las cadenas, los grilletes y todo el maltrato en la selva quedaron atrás. “Son cadenas de un pasado que no quisiera volver a recordar (…)”Entiendo el sentido de la justicia restaurativa y por eso estoy aquí, porque quiero dejarles mi testimonio de vida, sobrevivencia, valor, resiliencia y coraje”.

Cuando Rojas acompañó a Íngrid Betancourt a San Vicente del Caguán lo hizo como asesora, jefe de debate y secretaria general del partido político Oxígeno Verde: “En una reunión en Bogotá traté de prevenirla por el eventual riesgo de viajar a esa zona. A lo que ella me respondió que si me daba miedo me podía quedar, que ella iría en todo caso. El fin de semana anterior ella había volado al mismo sitio y otros candidatos a la presidencia accedieron a acompañarla. El gobierno también tenía que ir a dialogar con campesinos que marchaban. Ella había conseguido ayudas humanitarias para los campesinos y me invitó como amiga”.

“Durante el vuelo nos topamos con el entonces viceministro de Salud y algunos miembros de la Cruz Roja. Llegamos temprano a Florencia, a las 9 de la mañana. Allí el jefe de seguridad nos dijo que debido a la cantidad de helicópteros solamente podíamos ir cinco personas. Después de unas llamadas, el jefe de seguridad le explicó a la candidata que el escolta no la acompañaría a San Vicente del Caguán. No entendí quién y por qué dio esa orden”, dijo Rojas.

Unas horas más tarde, contó, dijeron que no había helicópteros disponibles. “Al final de la mañana un uniformado del aeropuerto y un miembro del DAS nos indicaron que el desplazamiento de la candidata sería en una camioneta azul hasta San Vicente del Caguán, la cual se devolvería al día siguiente. Aquí hay dos hechos sobre los cuales reflexionar: no había ni escoltas ni transporte seguro para garantizar el desplazamiento de la candidata ni para las personas que trabajábamos para ella”.

Pusieron banderas blancas en el carro con el nombre de la candidata, buscando minimizar el riesgo. “En la ruta se hizo una parada para poner gasolina y luego seguimos unos 30 minutos hacia San Vicente del Caguán en una carretera casi desierta. Algunas motos iban y venían. Habían pasado unos 40 minutos cuando nos encontramos un retén militar. Un par de soldados hicieron detener el auto y le indicaron a la candidata que si seguía sería bajo su propia responsabilidad. ¿Por qué dejaron pasar un vehículo oficial con una candidata presidencial a bordo? ¿Por qué dejaron pasar ese carro a una zona de alto riesgo?”.

Sería ideal, le dijo Rojas a los magistrados de la JEP, “que se indague por esas situaciones, por la escolta asignada a la candidata, por la camioneta que se prestó en ese momento y en general por la seguridad que nos quitaron. Quedamos en una zona roja, éramos civiles y estábamos desarmados. En la siguiente elección presidencial, en 2006, dos candidatos presidenciales volvieron a ese sitio y sí se les brindó la seguridad. Hablo de Rafael Pardo y Antonio Navarro. Volvieron a sus casas y siguieron sus vidas normales hasta el día de hoy”.

Después del retén militar, un grupo de “supuestos campesinos”, como dice Rojas, los pararon en un nuevo retén: “Resultaron ser guerrilleros. Se les estalló una bomba, se subieron al carro y nos llevaron camino al secuestro de seis años. Más adelante nos cambiaron de carro y al conductor y a dos periodistas extranjeros los dejaron en la carretera y nos subieron a otro carro camino a las selvas profundas. Yo nunca entendí por qué las Farc me secuestraron. Yo no ocupaba ningún cargo público, ni como diputada ni como aspirante a un cargo de elección popular. Literalmente yo le cargaba la maleta Íngrid, y lo hacía con el mayor cariño”.

Las consecuencias

“A mí literalmente se me acabaron las lágrimas, estuve seis años llorando para que me liberaran. Ni el partido para el cual trabajaba ni la campaña reconocieron algo, ni las prestaciones sociales, ni las gracias por haber acompañado a la candidata, ni los seis años en cautiverio. Nada. En 2009 me enteré por los medios que Íngrid Betancourt presentó una demanda de indemnización contra el Estado y el país le cayó encima. A mí me tocó abstenerme de presentar algún tipo de demanda al Estado, a la campaña o al partido”, dijo Rojas cuando habló del secuestro.

Viendo todo esto en retrospectiva, Rojas dijo que “el secuestro de seis años interrumpió mi proyecto de vida. ¿Qué decir de mi hijo que nació secuestrado? ¿De la familia que quedó sin noticias nuestras durante seis años? Fueron seis años de aislamiento, de tortura, maltrato, cadenas. Sobre el tema de mi hijo recuerdo que me tocaron situaciones extremadamente precarias. Me resulta difícil entender cómo pudimos sobrevivir. Sin embargo quiero rescatar que además de la bendición de Dios algunos hombres y mujeres de aquella época me prestaron su atención durante el parto de mi hijo y las primeras semanas de su nacimiento”.

Cuando su hijo Emmanuel nació, el Ejército ya sabía dónde estaban ubicados los secuestrados. Por esta razón las Farc comenzaron a moverse entre la selva, obligando a Rojas y a su hijo a pasar por largas caminatas. “Ellos iniciaron una larga travesía entre las selvas. Ya no éramos 60 prisioneros sino que éramos un grupo de 10 personas. Yo estaba con cuatro militares, cuatro políticos y mi bebé. Cuando a mi bebé le dio leishmaniasis y no había medicina para suministrarle me engañaron. Me dijeron que lo iban a traer en 15 días y pasaron tres años y medio hasta que lo pude volver a ver. Realmente los guerrilleros nunca me devolvieron a mi hijo, se lo entregaron a un campesino en San José del Guaviare, quien lo llevó a un centro médico y el ICBF se lo quitó porque estaba totalmente desnutrido, al borde la muerte”.

La historia de su hijo la vino a conocer Clara Rojas estando en libertad. “Es curioso el desconocimiento por parte de las Farc. Meterme en un grupo de canjeables y cuando anuncian que me van a liberar pretenden devolverme a mi hijo. Lo tiene el ICBF y misteriosamente aparece asesinado el defensor de familia que llevaba el caso de mi hijo. Mi hijo, por fortuna de Dios, ya estaba en Bogotá”. Cuando habló sobre el daño moral que le causó las Farc, Rojas dijo que “los seres humanos no somos ni cosas ni animales, y así fue el trato que nos dieron a todas las personas secuestradas”.

Un escenario de revictimización

Clara Rojas mencionó varios daños que sintió después del secuestro. Primero, uno pecuniario: “Ninguna entidad del Estado ni nadie me reconoció nada por seis años, tampoco a mi hijo. Por más de 10 años estuve por fuera del sistema: no se pagaron mis aportes y me tocó recuperarme y reestablecerme y volver a trabajar. Fue un proceso de adaptación. En el caso de mi hijo de terapias físicas bajo el amparo del ICBF, de múltiples terapias físicas, nutricionales. Su proceso de aprendizaje nos ha tomado años. Ha sido un proceso largo, hemos sido objeto de matoneo, aunque esa no es la palabra correcta, sino de maltrato en redes sociales por personas inescrupulosas”.

Interpuso una denuncia ante la Fiscalía por las personas que la atacaban en las redes sociales, sin embargo, ésta fue archivada. “Nos hemos armado de mucho coraje para superar esto”. Al hablar sobre las ayudas, Rojas reconoció que la antigua oficina de Acción Social les entregó 40 millones a ella y a su hijo. “Durante los primeros días me dieron ayuda humanitaria mientras lograba organizarme”. No obstante, la excongresista considera que la atención estatal no fue la mejor y que en varias oportunidades le cerró las puertas.

“A veces es difícil hablar de esto, pues aunque he perdonado, en su momento me hicieron sufrir. Hablo de la maledicencia de algunos periodistas inescrupulosos que contaron una historia novelada a través de sus publicaciones. No asumieron ninguna responsabilidad al hablar del tema de mi hijo. Directores de cine extranjeros realizaron una película con el nombre de mi hijo y me enteré por las noticias. Utilizaron esa historia de dolor para lucrarse, y ante esta situación el Estado fue complaciente”.

Rojas interpuso una acción de tutela ante la justicia ordinaria para proteger los derechos de su hijo. Se la negaron. “Los derechos fundamentales de los niños deben prevalecer sobre cualquier otro derecho, y el tema quedó archivado. El director de cine sacó la película, el periódico El Tiempo publicó la historia clínica de mi hijo sin respetarle sus derechos. La revista Semana sacó punzantes caricaturas de las que fuimos objeto. Los periodistas perecían todos mercaderes del dolor, máxime cuando a muchos los había conocido o había hablado con ellos telefónicamente, cuando habían mostrado interés genuino por nuestra situación. Luego me increparon como si fuera culpable no sé de qué”.

El libro que publicó el periodista Jorge Enrique Botero sobre el nacimiento del hijo de Clara Rojas en cautiverio es visto hoy, por la misma Rojas, como una ofensa. “Me generó problemas al interior de mi familia. Es difícil de explicar, de entender”. Cuando habló sobre la película que hicieron sobre su hijo, dijo que la anterior ministra de Cultura, Mariana Garcés, “aceptó darles su autorización para publicar una película novedosa sobre mi bebé. Aquí deberíamos hablar de la dignificación de las víctimas. No todo vale. Algunos periodistas se equivocaron”.

Por otro lado, Rojas mencionó a Jesús Santrich, quien en 2014 “hizo público un artículo en el cual se me sindicaba de no ser víctima de secuestro, sino que decía que yo había pedido que me secuestraran. Al ver esa declaración me dio preocupación de que las Farc estuviesen pensando en desconocer a las víctimas del conflicto. ¿Por qué después de tantos años querían hacerme nuevamente daño o mortificarme de esa manera? Por fortuna en su momento mis compañeros en el congreso fueron muy especiales e hicieron públicos sus mensajes de apoyo y solidaridad”.

Otro punto que tocó Clara Rojas fue el de la impunidad: “En más de 10 años del retorno a la libertad, el proceso penal por el delito de secuestro no ha avanzado en la justicia ordinaria. Tardé muchos años buscando un abogado, y muchos se negaron por miedo a las Farc. Me tocó pedirle ayuda a la Defensoría del Pueblo para que me asignaran uno que tuve hasta 2014”.

A pesar de estas dificultades, Rojas dijo que era necesario “reconocer que algunos miembros de las Farc han pedido perdón, como alias Martín Sombra y otros comandantes. En julio de 2016 Pastor Alape me dio las gracias por ir a Cuba y recientemente uno de los voceros de las Farc en la Comisión Primera me agradeció por el apoyo que les había brindado en los proyectos de ley sobre paz”.

¿Cómo ha superado todo esto? Clara Rojas respondió que, desde el punto de vista económico, “está la generosidad de algunos empresarios, el libro que publiqué, best seller en todo el mundo, también me dio una fuerza enorme para superar todos los desafíos que se me presentaron hasta el día de hoy (…) Cuando me preguntan que si mi vida cambió pues claro que cambió. Y lo he ido afrontando a pesar de toda la sobrexposición mediática y todas las consecuencias que ello ha conllevado. Cada persona vive y trabaja su propio dolor. Pero para todos es muy importante que las Farc reconozcan que causaron este delito, que pidan perdón y que se comprometan a que esta práctica nunca va a volver a ocurrir. Es una práctica inhumana. Las Farc tiene que reconocerlo y tener un compromiso para exigir que liberen ya a todos los secuestrados en el país ”.