Para el homófobo del Andino: pensar en los niños no es darles ejemplo de discriminación Montaje: Lady Chaparro
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Para el homófobo del Andino: pensar en los niños no es darles ejemplo de discriminación

Isabela Sandoval Vela - Abril 15, 2019

OPINIÓN | La reciente agresión por parte de un hombre a una pareja gay en un centro comercial muestra los miedos que todavía tenemos como sociedad para aceptar la diferencia.

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El fin de semana recibimos la noticia de que un hombre golpeó y agredió verbalmente a una pareja homosexual en un centro comercial con el argumento de que allí había niños.

Los hechos se dieron el pasado domingo en el Centro Comercial Andino de Bogotá en horas de la tarde. Una pareja de hombres homosexuales que, según testigos, iban cogidos de la mano, fueron agredidos por un hombre que los tildó de pedófilos y pervertidos y, según ellos, los golpeó.

El agresor se llama Pedro Costa. De acuerdo a fotos suyas que circulan en redes sociales sabemos que es un fiel seguidor de Iván Duque.

No parece coincidencia, si se tiene en cuenta que Duque llegó a la presidencia con el apoyo de sectores cristianos y conservadores, que abanderan “la familia tradicional” en la que no está aceptada la homosexualidad, pero aparentemente sí la violencia y la discriminación. Juzguen ustedes:

Aunque la agresión física no fue captada en video, un video del hombre agrediendo a la pareja verbalmente se hizo viral. En él se puede ver a Pedro Costa, el agresor, y a su esposa insultando a la pareja, llamándolos animales y “pedofilios”. En otros videos compartidos por Esteban Miranda, uno de los hombres agredidos, se puede ver a una empleada del centro comercial diciendo que vio la agresión y que Costa efectivamente los empujó y amenazó.

Los hombres agredidos se llevaron, además, un comparendo de la policía por exhibicionismo. Un comparendo que no solo ignoró la agresión de la que fueron víctimas y las amenazas que les hizo Costa de esperarlos afuera, sino que ignoró también el artículo 134A del Código Penal, en el que se rechazan los actos de discriminación por, entre otras cosas, la orientación sexual.

Pensemos esto: la policía multó a dos personas por andar cogidas de la mano. Tal vez por darse un abrazo. ¿Ahora está prohibido también no solo comer empanadas en la calle, sino abrazarse en espacio público?

Costa actuó, según él, llevado por la presencia de niños en el centro comercial, entre ellos su hijo. Pero, ¿por qué este hombre considera peor que su hijo vea a una pareja del mismo sexo cogida de la mano, que ver a su padre golpear, insultar y agredir a dos hombres frente a un público de curiosos?

Tal vez porque estamos más dispuestos a aceptar la violencia que la diversidad.

Tal vez porque nos han inculcado que la única familia posible es aquella que se rige dentro de unos parámetros tradicionales, incluso en un país de madres solteras y padres ausentes.

O tal vez porque, como afirmó alguna vez Freud en su teoría de la formación reactiva, la homofobia se encuentra más latente en individuos con una atracción homosexual reprimida. 

Estos actos de discriminación, entonces, se darían por un enorme miedo a enfrentarse a uno mismo. Y es eso precisamente lo que camufla la agresividad de Costa en los videos: miedo. Miedo a que le desestabilicen lo que él considera que debe ser el orden correcto de las cosas: que las parejas deben ser conformadas por un hombre y una mujer. Miedo a que sus hijos un día le digan que son homosexuales y él tenga que culpar a la pareja de hombres que caminaba de la mano aquella vez en un centro comercial.

Lo único lamentable del hecho no fue la agresión de Costa, sino también la reacción de la policía: siempre tan dispuesta a ejercer la fuerza por encima de la reflexión y siempre tan dispuesta a ignorar sus propias leyes. Sea como sea, es lamentable que se sigan presentando estos actos de discriminación en un país que se jacta de ser pluriétnico y multicultural. Donde, se supone, todos tenemos el derecho al libre desarrollo de nuestra personalidad.

Costa argumenta que la pareja estaba incurriendo en actos obscenos. Ellos, sin embargo, aseguran haberse abrazado. Para Costa puede ser fácil juzgar como obsceno el que dos hombres se paseen por un centro comercial cogidos de la mano. Pero no parece darse cuenta que, según esa lógica, él tampoco podría andar por los pasillos de ningún lado cogiéndose de la mano, abrazando o besándose con su esposa.

El problema, entonces, no era con la demostración de afecto, sino con el hecho de que fuera entre dos hombres.

Y aun así hay quienes dicen que no fue un acto de homofobia.

En un comunicado oficial el Centro Andino rechazó los actos discriminatorios de Pedro Costa, pues los videos de seguridad revelaron que, efectivamente, no hubo actos obscenos entre la pareja. Sin embargo, el daño ya está hecho: la pareja de hombres fue multada y su agresor pudo irse tranquilamente, con la falsa tranquilidad de conciencia de haber protegido a su hijo de la “ideología de género”. Como si la orientación sexual fuera una ideología. O una enfermedad. O, francamente, algo de nuestra incumbencia cuando se trata de los otros.

Así que, con el mismo argumento del agresor, hoy decimos: pensemos en los niños. Pensemos en el ejemplo que les damos cuando juzgamos a las personas basándonos en apariencias. Pensemos en el daño que les hacemos cuando ven la violencia de primera mano. Cuando les enseñamos a resolver las diferencias con golpes y con insultos. Cuando somos ejemplo de intolerancia y de discriminación. Si hay algo en lo que estoy de acuerdo con Costa es en que hay que pensar en los niños: que no sean perpetuadores de la violencia que por tanto tiempo nos ha caracterizado.