Ser profesor y sindicalista, ese viacrusis que muchos no conocen
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Ser profesor y sindicalista, ese viacrusis que muchos no conocen

Silvia Margarita Méndez - Octubre 10, 2018

#Divergentes| Universidades públicas denuncian que oficinas de control disciplinario se han encargado de hacer justicia a su medida.

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La autonomía universitaria, un concepto consagrado en la Constitución de 1991, le permite a las instituciones de educación superior designar sus estatutos, sus programas académicos, elegir a sus directivas y definir el camino que deseen para cumplir con su función principal: educar. En esta movilización nacional por la educación, la autonomía es un pilar de resistencia, pues está en juego el intercambio libre de ideas y los proyectos de conocimiento que las universidades pueden ejecutar al margen de intervenciones gubernamentales.

El tema de la autonomía universitaria tiene varias aristas. Es fundamental para que las instituciones de educación superior gocen de libertad. Sin embargo, el concepto se vuelve difuso cuando, por ejemplo, una universidad toma decisiones que afectan a los profesores bajo el argumento de “la autonomía universitaria”.  Así lo asegura el Sindicato Nacional de Profesores Universitarios de Colombia (ASPU), quienes denuncian que por revelar irregularidades y defender los derechos de los docentes que han sufrido acoso, han sido perseguidos por las directivas, sin contar con elementos suficientes para defenderse.

Existen otros problemas estructurales que afectan a los maestros que están en los sindicatos. Actualmente, señalan, son parte de un sistema de educación que los margina por un pésimo manejo presupuestal (no olvidemos que son 15 billones de pesos de déficit fiscal en el sistema de educación superior público). Por esta razón, comentan, la situación laboral de los docentes universitarios se volvió un vaivén: no hay suficiente dinero para pagarles lo que realmente merecen; de los 38 mil maestros que tienen las 32 universidades públicas del país, solo el 40% son de planta; el resto son ocasionales y de cátedra que trabajan ocho de los 12 meses al año. Muchos de ellos no tienen recursos suficientes para cotizar salud o pensión.

Actualmente los profesores quedan atados a su propia necesidad porque cuando se atreven a denunciar les va mal, como fue el caso de María Dora Alba Sánchez, antigua profesora de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) y expresidenta de la oficina de reclamos de ASPU en la UNAD. Desde Divergentes la contactamos para que contara su caso y esto fue lo que nos dijo:

María Dora Alba Sánchez, antigua docente de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD)

¿Cómo es eso del acoso contra los sindicatos universitarios?

En el caso de la UNAD lo que pasa es que están utilizando al departamento de Control Interno como arma para callar a todas las personas que piensen distinto o quieran investigar a las directivas de la universidad. No buscan solo silenciarnos sino masacrarnos laboralmente porque cuando uno denuncia aparecen informes disciplinarios con faltas inventadas que terminan sacándote de la universidad o, en el peor de los casos, hasta dejándote inhabilitado como me pasó a mí.

¿Y qué fue exactamente lo que te pasó a ti?

Yo era presidenta de la oficina de reclamos de ASPU en la seccional UNAD y comencé a recibir una serie de denuncias que hablaban sobre estudiantes que aparecían en el sistema semestre tas semestre pero con todas las materias en cero. Es decir, no aprobaban pero seguían apareciendo como sí hubiesen pasado y así pasaba hasta 8 semestres seguidos. Esto claramente iba en contra del reglamento interno que decía que si reprobabas más de tres materias no podías cursar el siguiente semestre. Además, nos pareció una situación supremamente extraña, así que la pusimos a discusión en el consejo de profesores sindicalistas de la universidad y uno de los profesores, compañero mío del sindicato, quedó encargado de investigar.

Al cabo de unos cuatro meses y un trabajo juicioso de investigación por parte de Óscar Medina Pérez, mi compañero, encontramos que muchas de las cédulas que estaban matriculadas parecían estudiantes fantasmas, pues como dije perdían todas las clases y seguían apareciendo como matriculados. Compulsamos copia de todo a control interno y a los directivos de la universidad y luego me abordó un periodista de Caracol Televisión al que le había llegado una información al respecto. Me entrevisté con él. Eso fue a finales de 2014 y él hizo su investigación y publicó la noticia. Claro, como yo fui una de las entrevistadas principales, y fui también quien compulsó a la denuncia a Procuraduría y Contraloría, al poquito tiempo de la publicación me abrieron un proceso disciplinario.

¿De qué te acusaban?

Decían que yo le di información privada del sistema a un tercero, en este caso el periodista de Caracol, para que él consultara las cédulas de los estudiantes y pudiera ver las calificaciones y así recolectar pruebas para la nota periodística. Sin embargo, todo eso fue inventado porque como dije, esa indagación realmente la hizo mi compañero Óscar, la de coger un listado de cédulas y mirar las calificaciones semestre por semestre. Ni siquiera lo hice yo porque como era la presidenta de la seccional del sindicato en verdad tenía muchas otras cosas que atender.

Lo que pasa, y esto lo sabían desde control interno porque luego de todo este embrollo cambiaron el reglamento estudiantil para permitirle a los estudiantes matricular sin importar el número de materias perdidas, es que para ese entonces cualquier persona, interna o externa, solo con el número de la cédula de un estudiante podía consultar sus notas. Entonces, no necesitabas ni siquiera loguearte a la página de la UNAD para hacer este tipo de consultas académicas. Eran totalmente abiertas al público.

Cortesía ASPU.

¿Solo fue lo de las notas de los estudiantes lo que despertó todo este incidente, o pasó algo más?

A ver, como profesores y más como miembros del sindicato en donde atendemos todos los atropellos  que la comunidad siente por parte de la universidad, constantemente recibimos denuncias. Nosotros empezamos a ver cosas extrañas y recuerdo bien uno de los primeros casos que llegó por Óscar sobre una joven en Pereira.

Ella llegó pidiendo información sobre los programas de la UNAD, especialmente el de psicología, y una vez se le informó y explicó quedó entusiasmada por lo que prosiguió a inscribirse en los meses siguientes. Lo preocupante es que cuando intentó hacer todo el proceso de inscripción no fue posible. Lo intentó muchas veces y no pudo, el sistema rechazaba su cédula. A una de las profesoras se le dio por mirar la cédula en el sistema, como te digo que lo podía hacer cualquier cristiano, y nos llevamos la sorpresa de que ya estaba matriculada como estudiante de la UNAD. ¿Cómo? Buena pregunta ya que era una persona que nunca había estudiado antes y esa era la primera vez que se iba a inscribir a un programa virtual de la universidad. Luego, hablando con ella, nos dijo que de lo único que se acordaba era de una vez que en La Guajira alguien fue a ofrecer información de la UNAD y a los asistentes les pedían una lista de asistencia con nombre y cédula.

¿Qué más encontraron?

Además de muchos estudiantes en situaciones sospechosas pero sin muchas pruebas más que el registro de notas cero, un año después nos llegaron denuncias sobre unos plagios en una publicación institucional que estaba firmada por el rector Jaime Alberto Leal Afanador y un grupo de decanos y vicerectores.

En ese momento esa denuncia también fue investigada y publicada en medios, diciendo básicamente que en la nueva cartilla “Campounad: Sembrando un país en red para la paz”, la cual hacía parte de uno de los más recientes libros que lanzó la Editorial UNAD, había coincidencias de hasta un 36 % con 168 fuentes distintas, entre ellas con artículos del Banco de la República, la revista indexada Entramado, de la Universidad Libre de Cali, y el Plan de Desarrollo 2012-2015 de Florencia (Caquetá).

Esa fue una investigación que en el momento fue polémica y fue la razón por la cual reactivaron mi proceso disciplinario, el del año anterior por la nota de Caracol, con el mismo cargo por supuestamente haber permitido a terceros ingresar al sistema virtual de la universidad, una acusación que nunca pudieron probar. De ahí en adelante todo fue por fast track. Me hicieron un proceso verbal interno que no me dio tiempo de conseguir defensa y al cabo de nada me despidieron y me inhabilitaron por 12 años para ejercer cargos públicos.

¿Qué pruebas tenían en tu contra?

Tenían el registro de cuántas veces yo me había logueado al sistema en los últimos meses y con eso pretendían decir que al entrar yo verifiqué las cédulas de los estudiantes para pasarle información al periodista, como si hubiera ‘hackeado’ el sistema. Es decir, no tenían nada porque eso nunca pasó. Solo tenían el conteo de las veces que entraba virtualmente, pero en calidad de profesora para ejercer mis funciones.

Incluso, en el proceso de recolección de pruebas hay una carta del gerente de innovación y desarrollo que dice claramente que no hay forma de saber, con esa información que tenían, si yo fui quien investigué la denuncia. Lo más paradójico es que empezaron a hacerme la vida a cuadritos pero todo lo que nosotros revelamos, las sospechas que teníamos, eso nunca lo tocaron desde control interno. Claro, cuando uno se va a ver el reglamento, lo que sucede es que la segunda instancia de esa oficina es el rector de la universidad. O sea no hay chance de denunciar a tu jefe porque es juez y parte.

¿Has sido la única vez en esta universidad que pasa por algo similar?

No, mi compañero Óscar Medina Pérez también sufrió algo parecido. Él ha sido el único al que verdaderamente le ha importado mi caso. Tanto, que por querer ayudarme resultó también inhabilitado y están que lo despiden. No han podido hacerlo porque aún mantiene su fuero sindical.

Resulta que cuando estábamos en todo el proceso de reintegración porque yo gané en segunda instancia y un juez ordenó a la UNAD reintegrarme, la universidad metió un recurso de tutela contra sentencia alegando vulneración al debido proceso. Al final eso se fue a la Corte Suprema de Justicia, que muy extrañamente le dio la razón a la universidad incluso funcionando como tercera instancia y aceptándoles supuestas pruebas nuevas en mi contra. Cuando en definitiva fallaron pero sin la prueba reina que comprobara que yo sí había cometido una infracción, le compartí a Óscar el expediente de mi caso.

Desde la primera hasta la última página él se estudió ese expediente sin encontrar las supuestas pruebas de las que hablaba. Entonces, desde su correo institucional le envió un comunicado a la universidad pidiendo que con el fin de elaborar una nota periodística de denuncia en las Dos Orillas sobre el caso de María Dora, le mostraran en qué parte del expediente estaba la prueba contra ella. Pues le abrieron un disciplinario a Óscar alegando exceso de sus funciones y diciendo que como lo envió desde su correo institucional estaba actuando como docente y eso que pedía no estaba dentro de sus labores en la UNAD. Lo mismo que me pasó a mí: seguido de eso le hicieron un proceso verbal rapidísimo y en menos de seis meses lo despidieron y lo inhabilitaron por diez años.

¿Cómo has llevado todo este proceso?

Sinceramente me he apoyado mucho en ASPU, pues han sido los que han estado ahí, dándome orientación jurídica, ayudándome. Desde hace dos años que estoy inhabilitada y no he podido volver a conseguir un trabajo estable. Pasé de ganarme 5 millones a sobrevivir con uno y medio. Recibo un subsidio de ASPU, una plata que tenía ahorrada y diariamente miro a ver cómo hago.

Pero no creas, esta es una situación muy difícil. ¿Qué cara le pongo yo a mis dos hijos cuando ven lo que le pasa a su mamá por tratar de hacer las cosas bien? Este es el triste ejemplo que le estamos dando a nuestra juventud. Que si no compra algo no gana, que si no tiene poder pierde, que si denuncia la lleva. Sé que no soy la primera ni la última. Hace poco a más de 130 profesores del Colegio Mayor de Medellín los echaron sin justa causa, y muchos eran parte del sindicato. Una situación similar pasa en la Universidad de Pamplona y así con varias de las seccionales que tiene ASPU a su cargo. Solo pido que el grito de hoy se haga sentir con fuerza, porque nuestra educación es valiosa y nosotros los profesores no merecemos ser vulnerados de esta forma en nuestros derechos.

*La UNAD ha preferido mantenerse al margen de estas denuncias, pues no reconocen el sindicato del cual los dos profesores de esta historia hacen parte. 

Este artículo hace parte de Divergentes, un proyecto sobre movilización y organizaciones sociales. Para ver todos los contenidos haga clic acá.