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Radio encendida

Staff ¡Pacifista! - Febrero 19, 2015

Esta es la historia de Santiago Pavi y la emisora Nasa Estéreo al suroccidente de Colombia. 19 años informando y esquivando “tatucos”. Lecciones para hacer radio en medio del conflicto.

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Por: Edilma Prada Céspedes.

“Hemos visto varios impactos en las paredes, aquí adentro”, dice Santiago Savi en su oficina en la emisora Nasa Estéreo. Está a pocos metros de la Alcaldía de Toribío (departamento del Cauca) y de la Estación de Policía. Es un lugar emblemático para entender la resistencia del departamento del Cauca y, en especial, de los periodistas de la zona.

Santiago tiene 42 años, ojos oscuros, dos hijas y  desde hace 14 años trabaja en una de las emisoras más afectadas por ataques de la guerrilla. Las paredes, ya se sabe, son una clara evidencia de la guerra pero a él le gusta hablar de las “luchas” que ha tenido que librar para mantener al aire la 99.4 FM.

“A veces nos toca bajarnos, encerrarnos o apagar porque acá, en la emisora, no hay algo que nos proteja. Las balas nos pasan por encima”, dice y luego trata de explicar las razones naturales de su maldición: Toribío queda enclavado en las montañas de la cordillera Central, en el nororiente del Cauca. Está próximo a los departamentos del Valle del Cauca, Tolima y Huila, lo que lo convierte en corredor estratégico que conecta el interior del país y el Pacífico.

El frente sexto de las FARC es uno de los protagonistas de un municipio cuya población es indígena casi en su totalidad (97%). Recorrer las principales calles de Toribío es constatar la presencia guerrillera: grafitis y mensajes en las paredes alusivos a los líderes de las FARC. Las cifras de La Defensoría Regional y de La Unidad de Víctimas son otra evidencia: en los últimos 15 años se han presentado más de 600 hostigamientos y tomas guerrilleras.  Desde 1985 a noviembre de 2014, el conflicto afectó a más de seis mil personas. Su arma preferida: los ‘tatucos’.

Fuente: Defensoría del Pueblo y Unidad de Víctimas.

En la memoria de Santiago, sin embargo, los “tatucos” pasan a un segundo plano. La “chiva bomba” del 8 de julio de 2011 es la gran cicatriz en sus recuerdos. La explosión mató a cuatro personas, centenares de pobladores quedaron heridos y generó daños en más de 400 viviendas. Dos de los comunicadores de Nasa Estéreo resultaron lesionados y la emisora casi en ruinas.

Esa ha sido solo una de las tantas ocasiones en las que los 99.4 FM ha estado fuera del aire. Santiago perdió la cuenta de las veces que le ha tocado cambiar la antena o reparar los transmisores: “En ese ataque de la ‘chiva bomba’ nos tocó levantar la emisora de nuevo (…) por ese hecho estuvimos fuera del aire por más de dos meses”. Todo esto sin contar con la suspensión de la energía eléctrica por culpa de las explosiones de los “tatucos”.

Una de las tareas de los comunicadores indígenas es la de informar la realidad del conflicto armados en sus pueblos y territorios.

Transmitir las amenazas

Nasa Estéreo nació en 1996 gracias al apoyo de la propia comunidad y hace parte de los colectivos de comunicación de las 12 emisoras que componen la red de la Asociación de Medios de Comunicación Indígenas de Colombia (AMCIC). También es filial del Tejido de Comunicación de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca.

Con Santiago trabajan tres indígenas más que se han hecho comunicadores de manera empírica frente al micrófono: Manuel Julicue, Trino Pavi y Claribel Pavi. Están al aire los siete días de la semana mezclando los tambores y las flautas de las chirimías con las franjas noticiosas y los programas educativos y culturales que transmiten en lengua Nasa

Pero, ¿de qué hablan en las franjas de noticias? De la realidad: atentados, reclutamiento de menores de edad, hostigamientos, panfletos bajo la puerta de las casas, crímenes selectivos, narcotráfico. Es un micrófono de denuncia y el solo hecho de transmitir ya los convierte en blancos de amenazas.

Y las amenazas llegan de cualquiera de los actores que operan en la zona: “He recibido mensajes en mi contra pero no hay que tenerles miedo. Aquí la comunidad nos respalda y estamos comunicando para fortalecer nuestros procesos”, dice Santiago.

La más reciente fue el 7 de noviembre del año pasado, días después del asesinato de dos guardias indígenas a manos de las FARC. A través de un panfleto, la guerrilla declaró como “objetivo militar” a 26 indígenas –entre ellos a tres comunicadores– tras señalarlos de “haber afectado por diferentes vías nuestra organización”.

 

Claro, el problema no es solo de Nasa Estéreo. Radio Pa’Yumat, de Santander de Quilichao; Voces de Nuestra Tierra, de Jambaló; y Radio Libertad, de Totoró, comparten el reto de transmitir en medio de la guerra.

Según el Programa de Comunicaciones del Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC (organización que reúne a los ocho pueblos étnicos de la región: Páez, Totoró, Guambiano, Yanacona, Kokonuco, Eperara Siapiadara, Inga y Pubenense, los cuales están establecidos en 26 de los 42 municipios del departamento), de 2011 a 2014 se presentaron cuatro amenazas de manera colectiva y ocho nativos tuvieron que salir de la región para proteger sus vidas.

Reporteros Sin Fronteras, la Fundación para la Libertad de Prensa y la Federación Colombiana de Periodistas han reseñado más de 20 casos sobre crímenes, ataques, amenazas colectivas, señalamientos y estigmatizaciones contra comunicadores, colectivos de comunicación y emisoras comunitarias de los indígenas del Cauca (entre 2003 y 2014).

Es puro periodismo en medio del conflicto que contrasta con la imagen que cualquiera puede tener desde el balcón sin barandilla de la emisora. Desde ahí se pueden observar los andariegos que bajan de la montaña, algunos hombres descansando en la tienda de la esquina, madres indígenas cargando sus hijos en la espalda y murales que hacen referencia a la cosmogonía indígena.

Toribío tiene un estigma con el que cargan varios pueblos del Cauca y que, lamentablemente, la realidad enfatiza, semana tras semana, a través de los medios de comunicación: “Tropas fueron recibidas con fuego en Cauca” fue el titular en prensa esta semana. Pero, pese a esa realidad –o gracias ella–, la labor de Nasa Estéreo no solo es informar sino resistir.

Las balas, los tatucos, las amenazas, los panfletos no han logrado apagar la radio en Toribío. Santiago y sus colegas no lo permiten. Lo dicen de manera enfática: “Las ondas seguirán transmitiendo los procesos comunitarios, las historias de supervivencia de los pueblos y nuestra cosmogonía”. Sueñan, eso sí, con llegar a la cabina un día, ver las paredes intactas e informar noticias sin plomo.