Me metí a militar en las juventudes de Cambio Radical que están con Vargas Lleras
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Me metí a militar en las juventudes de Cambio Radical que están con Vargas Lleras

María Rodríguez - Noviembre 8, 2017

Un vistazo detrás de bambalinas de quienes se refieren a Germán Vargas Lleras como ‘el rey'.

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Collage: Mateo Rueda | ¡PACIFISTA! | Todas las demás fotos: María Alejandra Rodríguez

Primera reunión: la entrevista de admisión

Sentada en una de las sillas de cuero rojo de uno de los partidos con más miembros acusados o condenados por temas de corrupción que hay en este país, una imagen de Vargas Lleras me miraba fijamente, sus ojos clavados en mí desde una pancarta. Enlistarme en las filas de juventudes de Cambio Radical no iba a ser tarea fácil: iba a tener que desapegarme de algunas creencias políticas y ver a Colombia a través de otros ojos.

Fue una experiencia intensa.

De bluyín, camisa blanca y blazer, Gerardo*, un militante de juventudes, a quien había contactado previamente, me recibió con una sonrisa que transmitía confianza. Nos sentamos en la mesa de la oficina de Jorge Enrique Vélez, el presidente del partido, y hablamos de por qué yo quería pertenecer al partido.

Para poder ingresar a las juventudes, en la entrevista que me hicieron hablé de cosas que pensé que les gustarían a sus miembros: el “fallido” proceso de paz, lo “grande” que es Vargas Lleras y lo “inflado” que está el actual escándalo de corrupción. Di mi fórmula de cómo pasar la página de la corrupción del partido y armar una maquinaria política para Vargas Lleras, que, aún después de dejar la presidencia del partido, sigue siendo el candidato que ellos apoyarán en las urnas.

Sin indagar mucho más sobre mí, Gerardo me dio la bienvenida.

En 2000, Germán Vargas Lleras creó el partido Cambio Radical sintiendo que tenía ideas políticas “radicales” para cambiar el país. Por esa vía, el colectivo se ha convertido en una oposición, entre otras cosas, al acuerdo de paz. Pero también en una oscura pasarela por la que en 17 años han desfilado personajes como Kiko Gómez, el exgobernador de La Guajira presuntamente vinculado con paramilitares y condenado a 55 años de prisión por el asesinato de tres personas, así como Oneida Pinto, también exgobernadora de La Guajira, hoy en la cárcel por robar dinero a través de contratos y documentos falsos.

Todo esto sin contar los 41 otros miembros de Cambio Radical investigados hasta hoy por la justicia, 19 de ellos condenados.

Ante este pasado (judicial), las juventudes han desarrollado un esquema novedoso de descentralización que no deja que se concentre el poder en una sola persona. Para esto, han instaurado una codirección de cinco personas en Bogotá, al igual que directores en todos los puntos en que se concentran los seguidores de Vargas Lleras.

Pese a todo esto, cuando le pregunté por qué Vargas Lleras había optado por la candidatura por medio de firmas y no con aval del partido, Gerardo me dijo: “No lo puedo negar, estamos en crisis”. Me confesó, sin embargo, que “la jugada” no fue “del todo mala”, ya que con ella ganaron seis meses más de campaña, cosa que no tienen quienes necesitan el aval de un partido.

Según un reciente cálculo del semanario británico The Economist, Sergio Fajardo y Vargas Llegas irán a segunda vuelta en las presidenciales 2018, y “el candidato derechista”, como lo reseña la revista, ganará la contienda. Sin embargo, explican los redactores, su imagen negativa ha ido creciendo debido a su “mal humor” y a la relación ambivalente que mantiene con el presidente y el proceso de paz. Además explican que su estrategia de firmas busca metas claras: atraer votantes independientes, conseguir una financiación rápida y desligarse del desprestigio de los partidos tradicionales.

— ¿El partido le va a dar el aval? —le pregunté Gerardo.

—Sí, probablemente —me respondió—. Puede hacer una coalición más adelante con Cambio Radical. Además no ha renunciado, solo quiere hacer alianzas con otros partidos.

Santandereano de nacimiento, y sin una maquinaria o una ascendencia política que le haya servido para catapultarse, Gerardo dice que le han insistido en no meterse en la política. Sin contactos no iba a llegar lejos. Sin embargo, esto le importó y lo aceptó. Tanto para Gerardo como para otros militantes, Cambio Radical es una oportunidad de hacer política fresca.

Dos integrantes de las juventudes habían estado antes en el partido Conservador, en la época en que Marta Lucía Ramírez competía por ser Presidente de la República. “La experiencia de juventudes del Conservador era algo atrofiante, había algo muy complicado, porque a pesar de que había algo construido había unos egos muy grandes, unas vainas que no dejaban crecer”, me contó Simón* en mi segunda reunión, ya como militante del partido. Había “una rosca supremamente paila”, concluyó.

Segunda reunión: Vargas, “el rey del partido”

Simón es antioqueño de corazón pese a que su corazón esté también en la capital. Es una de esas personas que se refiere a Vargas Lleras como “el rey del partido”.

De camisa, blazer y bluyín, parecía una versión antioqueña de Gerardo, pero con un cargo menor. Me encontré con él antes de la segunda reunión una tarde en un café abajo del edificio Tequendama. Nos reunimos con otras tres personas en unas mesas cerca al edificio, porque en el partido no nos prestaron un salón. Era viernes, y a la secretaria que recibe a las personas en el partido no la entusiasmaba mucho tener que esperar a que se acabara la reunión de los jóvenes vargaslleristas.

El actual edil de Chapinero, Andrés Acosta, que milita en el partido, me explicó que en las bases de datos hay 1.823 jóvenes anexados. El partido busca descentralizarse, y para que el poder no se concentre en un solo individuo, como suele ocurrir en Colombia, según él, existe una codirección en distintas partes del país.

De los catorce a los 28 años, uno puede pertenecer a este segmento de la militancia y después  transformarse en un “líder profesional”, me contó Acosta por teléfono. La idea de las juventudes es “fortalecer la democracia, dados los bajos índices de participación electoral”. La apuesta es acertada, pues, según el Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes, ocho de cada diez colombianos con bajo nivel de escolaridad y alejados de los medios de comunicación se abstienen a votar.

En las bases de datos hay 1.823 jóvenes

A los más fieles seguidores de Vargas Lleras les pregunté en este segundo encuentro también por el ya famoso coscorrón que su líder le dio a un escolta a finales del 2016. “La mayoría de cargos públicos tienen mucho estrés, así que moralmente es cuestionable pegarle a la gente… Pero es mucho estrés”, me dijo Simón. “Igual el man va a ser buen presidente”.

—Pobrecito Vargas, es que le tiran mucho— continuó Simón mientras comía papas con la boca abierta.

—¿Tú quieres ser político? —le pregunté.

—Claramente quiero ser político, pero las juventudes sirven para hacer un grupo chévere de amigos, y si los amigos de uno están bien ubicados y tienen buena proyección, se puede hacer burocracia.

Tercera reunión: una foto con el próximo presidente

“¡Vargas Lleras presidente, carajo! ¡Juventudes Vargas presente, carajo!”, gritaba una mujer afrodescendiente contratada por el partido para darles chispa a los aburridos capitalinos.

Era el día en que Vargas Lleras entregó oficialmente las firmas recolectadas en la Parque Nacional. Repartieron gorras y chalecos rojos que me recordaban la campaña de Donald Trump y traían un eslogan simple que decía #MEJOR VARGAS LLERAS en letras blancas.

La cita era a las 8 de la mañana a pocas cuadras del edificio del partido. Vargas Lleras llegó hasta las 9:30 de la mañana con una sonrisa obligada. Caminamos a la velocidad de quien va a ser atracado por la Séptima junto al candidato, mientras docenas de celulares y cámaras grababan el corto recorrido al Parque.

Según la revista Semana, el comité recogió en 52 días 1.557 firmas por hora, 37.383 al día, y así Vargas Lleras se volvió el primer candidato con candidatura sin aval. Hasta el próximo 13 de diciembre, los candidatos podrán inscribir ante la Registraduría 400.000 firmas; la cifra de Vargas Lleras ya ronda los 2 millones.

Y no piensa detenerse. O al menos así lo asegura, pues, según anunció ese mismo día, quiere duplicar sus firmas a 4 millones.

Cuando llegamos a la plaza empezó a sonar un reggaetón que hablaba de Vargas Lleras. Me dirigí a Gerardo y le pregunté: “¿No te parece ridículo tanto show para la entrega de unas firmas?”. Me respondió: “¿No quieres mejor tomarte una foto con el próximo presidente de Colombia?”.

Al día siguiente, un contratista del Sena en Santander denunció que su contratación del próximo año dependía de su apoyo a Cambio Radical y la recolección de firmas para Vargas Lleras. La cuota para cada contratista era, supuestamente, de cien firmas. Siguieron varios testimonios que afirmaban lo mismo. Por miedo a quedarse sin trabajo, la gente no denunciaba.

Cuarta reunión: los peones del rey

En mi última reunión, volvimos a la sede del partido en el edificio Tequendama. Nos sentamos siete personas en la gran mesa de la sala y con una vista a Bogotá desde un piso 26. Durante las primeras reuniones no había habido cohesión entre los miembros de las juventudes, pero siempre prudencia. Esta vez, sin embargo, sí hubo debate. Como en cualquier jerarquía mal establecida, se dieron las quejas de que siempre los mismos iban a los viajes y salían en las fotos con “el rey del partido”, mientras que los demás se sentían como “peones” en esta maquinaria política del movimiento llamado Mejor con Vargas.

— ¿Hay juventudes de Vargas Lleras? — les pregunté.

— Somos nosotros. La idea es hacer una mesa multipartidista, pero eso es más adelante. Son cosas en la sombra, es una estrategia política, esto no se dice— me explicó otro integrante que nunca había estado en las reuniones.

— La gente no entiende eso. Vargas no nos ha abandonado. Él nunca se fue, pero la gente lo quiso tomar, como lo quiso tomar— concluyó un joven pastusa.

*Los nombres fueron cambiados.