Los precios de los anticonceptivos le están cerrando la puerta al feminismo en Colombia
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Los precios de los anticonceptivos le están cerrando la puerta al feminismo en Colombia

María Rodríguez - Agosto 3, 2018

Básicamente, si queremos tomar anticonceptivos tenemos dos opciones: o quebrarnos o recibir un shock de carga hormonal.

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Ilustración: Juan Ruíz

 

¿Cuál es el mejor método anticonceptivo? ¿Cuáles pastillas tienen menos carga hormonal? ¿Cuáles son los efectos secundarios más comunes? Estas son algunas de las preguntas que se nos vienen a la cabeza a la hora de elegir un método de planificación. Cada uno tiene sus beneficios y sus desventajas, pero en este tiempo de ‘liberación femenina’ muchas terminamos optando por uno de los métodos más masivos y conocidos del mercado: las pastillas anticonceptivas. ¿Por qué? Las razones varían, pero principalmente es por su efectividad del 99%.

La decisión de tomar pastillas —o cualquier método hormonal (inyecciones, anillos, implantes, dispositivos intrauterinos)— es un determinante en la vida de la mujer. Personalmente, uso las pastillas para no quedar embarazada, otras las usaran para regular ciclos, para reducir los cólicos, mejorar la piel, en fin, las razones varían de cuerpo a cuerpo. Cada forma de planificación libera hormonas de manera distinta y opté por las pastillas anticonceptivas, porque mi cuerpo no resiste un shock hormonal cada mes como funciona con las inyecciones, la efectividad de las ‘T de cobre’ es cuestionable en mujeres cercanas a mí, los anillos se salen cuando estoy teniendo sexo (una vez se me perdió uno en la mitad de mi ciclo) y soy incapaz de que me metan un implante en forma de tubito en el brazo; simplemente me da impresión.

En palabras médicas, el anticonceptivo suelta dos tipos de hormonas diariamente, que son las hormonas que naturalmente tiene el cuerpo de la mujer. Estas hormonas funcionan para que no ovulemos, la mucosa de la mujer cambie y así el esperma no puede fecundar. Según la ginecóloga Maribel Sandoval, las dosis de carga hormonal depende de cada cuerpo:“hay algunos cuerpos que reciben de mejor manera las hormonas y las dosis fuertes”, explicó, “dosis fuertes pueden generar efectos secundarios intensos, pero las dosis muy bajas generan osteoporosis a largo plazo”.

“Los métodos anticonceptivos baratos del mercado son los que tienen mayores dosis de estrógenos y los progestágenos más nosivos para el cuerpo”, me contó mi amiga médica, Mónica Venegas. Las concentraciones que tengan los medicamentos cambian los efectos, pero esto se ajusta a cada paciente, me explicó. “No entiendo nada”, le dije. “Pues Maria, es como las marcas de ropa. Te compras un Jean en Zara y te cuesta 150.000, te compras uno en Falabella a menor precio, pero son la misma vaina, las dos sirven para el mismo propósito, pero a unos les queda mejor el jean de Zara que el de Falabella”.

Para entender un poco mejor lo que hay detrás del método de planificación más masivo del mercado, devolvámonos en el tiempo. En los cincuentas, cuando la pastilla anticonceptiva nació, fue tomada como el hito de la liberación sexual femenina, cambió la escena pública de la mujer al humanizar y politizarnos  y, finalmente, terminaría por salvarnos de una sobrepoblación aún mayor que la que tenemos actualmente. En el caso colombiano, por la estrecha conexión con la Iglesia Católica, se consideraba que el método iba en contra de la Ley Divina.

Afortunadamente, las mujeres transgresoras siempre han existido en la sociedad. Mi abuela, por ejemplo —conservadora y religiosa— me contaba que a finales de los sesenta quería tener hijos por deseo y no por casualidad, esperando el momento preciso.  Entonces tuvo que pedirle permiso al padre de la Iglesia de su barrio para que le diera “el permiso de Dios” para tomar pastillas anticonceptivas. Para ella, al igual que para miles de mujeres, fue un descubrimiento liberador.

Los avances tecnológicos han sido enormes, en los últimos 60 años cuatro generaciones de pastillas anticonceptivas han sido sacadas al mercado. Las primeras generaciones tenían altos niveles de estrógenos, lo cual “hacía que los efectos secundarios fueran más severos, mientras que las de segunda generación, comercializadas en los setentas y los ochentas contenían progestinas, las hormonas que impiden la ovulación”, me contó la ginecóloga Sandoval. “El problema es que con altos niveles de progestina hay un riesgo altísimo de sufrir una trombosis. Más adelante, en los noventas, la tercera generación de pastillas tenía como objetivo minimizar los efectos secundarios, pero resultó en mayores niveles de trombosis”, me contó Maribel desde su consultorio.

Las barreras para poder planificar

Adelantémonos a la actualidad. Los múltiples usos de la pastilla ya están claros. Ahora, el impacto de estos métodos de planificación va mucho más allá del componente sexual; la realidad es que trasciende a los temas laborales, familiares y económicos. El desafío está en eliminar las barreras para acceder a estos medicamentos. La barrera en Colombia de los altos precios de pastillas de buena calidad o de última generación, no permiten que la mujer explore este método de planificación libremente.

La verdad es que, el precio de las pastillas anticonceptivas en Colombia es un atentado contra el feminismo y claro, para el bolsillo. El Ministro de Salud, Alejandro Gaviria, aseguró este mes en una entrevista con City TV, que Colombia está pagando los anticonceptivos más caros de América Latina. Los precios duplican y triplican a los de nuestros países vecinos; eso sin mencionar que en muchos países las pastillas son enteramente financiadas por el Gobierno.

Entonces, ¿por qué tomar anticonceptivos orales que sueltan hormonas en mi cuerpo, si se puede usar condón o simplemente no tener sexo?, me preguntan algunas mujeres que me rodean.

Tirar sin condón se siente mejor, aceptémoslo. Además no pienso dejar de tener sexo. Tengo una pareja estable, entonces mi método de planificación no busca prevenir enfermedades de transmisión sexual, pero sí protegerme de un embarazo no deseado. Tristemente, preciso el método que me sienta bien y me funciona es de los más caros del mercado. Ahora, ¿por qué tengo que gastar 60.000 pesos mensuales para explorar mi sexualidad libremente?

Este es un tema recurrente entre mujeres, nos recomendamos marcas, contamos nuestra experiencia y nos quejamos de los precios. Mi amiga Daniela lleva tomando pastillas más de siete años, Yasminiq específicamente. En 2012 las pastillas le constaban 48.000 pesos y hacía ‘maromas’ para que la plata le alcanzara todos los meses. Tomar pastillas de manera intermitente es lo más peligroso que se puede hacer, ya que esto “aumenta las posibilidades de embarazo y deja al cuerpo desorientado”, me explicó mi ginecóloga Maribel Sandoval. Ahora, las pastillas le cuestan a mi amiga Daniela 67.000 pesos :“es mucha plata, son demasiado caras, pero no me puedo cambiar de marca porque mi cuerpo ya se acostumbró a esas”, me dijo.

“Me buscaba la plata donde fuera, pedía prestado, en una ocasión vendí una cartera porque no quería quedar embarazada y mi novio —ahora ex novio— no tenía un peso para ayudarme”, me dijo Ana, otra amiga, sobre su experiencia con los altos precios de las pastillas Bellaface de Abbot. A Ana la regañé porque la planificación es de dos personas, así como el tema sexual. Si una mujer decide tomar pastillas para poder tener relaciones sin condón con su pareja, entonces la pareja también debe ser parte de toda esa transformación hormonal que sufre el cuerpo y el peso económico mensual. Eso es igualdad de género, ¿no?

A todas estas quejas  hay que sumarle que este método de planificación ha mostrado tener un alto impacto en la salud pública y reproductiva de las mujeres. Por ejemplo, según la Organización Mundial de la Salud, una de las maneras más eficaces para combatir el embarazo adolescente es aumentando el uso de anticonceptivos. En países como Estados Unidos los embarazos adolescentes se redujeron en un 40% en menos de cinco años cuando los anticonceptivos empezaron a ser financiados enteramente por el Estado. A este reto de salud pública se han sumado otros países como Argentina, Paraguay y Ecuador; donde todos los métodos son entregados de manera gratuita.

De hecho, el tema de los altos precios a comparación de los otros países ha sonado tanto en los últimos años, que el Ministro de Salud, Alejandro Gaviria, publicó a mediados del mes de julio un borrador de la circular que reduce los precios de varios medicamentos anticonceptivos en un 50 %, entre los cuales hay 89 marcas distintas. En el borrador se explica que “los anticonceptivos tienen un especial interés de salud pública” al ser una de las estrategias del plan decenal de salud que se extiende hasta el 2021. Por ejemplo, Yasminiq pasará de costar 58.000 pesos a costar alrededor de 26.000 pesos, menos de la mitad del precio. Para ilustrar, en Canadá, los precios de las Yasminiq oscilan alrededor de los 27.000 pesos (además eso no es nada para una canadiense) y en Noruega alrededor del los 21.000 pesos.

Con respecto a esto, un vocero del Ministerio de Salud me explicó que en esta resolución los anticonceptivos será una novedad, ya que esta sexta ronda de regulación se centró en “los medicamentos más costosos del mercado, las anteriores rondas fueron de medicamentos institucionales, es decir lo más utilizados por la gente”.

– “¿Qué decían organizaciones como Profamilia y empresas como Bayer de bajar los precios en tanto porcentaje?”, le pregunté.

– “No les gusta. Escuchamos sus argumentos, pero la resolución sale porque sale”, me dijo.

De hecho, el Ministerio blindó las pastillas al cobrarlas por ciclo mensual y no por miligramos hormonales. Por ejemplo, si unas pastillas tienen 100 miligramos de la hormona Levonorgestrel y la farmacéutica la reduce a 98 miligramos, estas saldrían de la regulación y volverían a su precio normal. Eso no lo van a poder hacer con las nuevas normas.

El último adiós del ministro Gaviria en el gobierno Santos, fue un paso enorme para las mujeres del país y la liberación femenina que buscamos. Es un paso que nos acerca a la liberación sexual y le abre la puerta al feminismo en Colombia. Sin embargo, la regulación de precios de los métodos anticonceptivos es solo el comienzo de una batalla de liberación sexual. Con mi pareja nos imaginamos el día que él sea el que tenga que tomar las pastillas, ponerse un implante o sentir el pinchazo de una inyección en la cola. Nos reímos de lo sensible que se podría poner o las actitudes que tomaría frente a la situación. Por ahora, todos es risas, pero esperaré con ansias el momento en el que el rol de la anticoncepción quedé relegada al hombre.