Sin extradición, a Estados Unidos no le gusta la paz de Colombia
Sin extradición, a Estados Unidos no le gusta la paz de Colombia Ilustración: Juan Ruiz - !Pacifista!
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Sin extradición, a Estados Unidos no le gusta la paz de Colombia

Colaborador ¡Pacifista! - Mayo 17, 2019

OPINIÓN | Es obvio: Estados Unidos entrega una serie de beneficios, la gran mayoría medidos en millones de dólares y Colombia, como buen prestador de servicios, hace caso.

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Por: Jorge Malo

Estados Unidos le llama “cooperación” a la colaboración que, históricamente, el gobierno colombiano le ha prestado en sus intereses geoestratégicos, pero bien podrían llamarle “servicio”. Servirle a alguien o trabajar para alguien no es algo necesariamente malo, pero en situaciones como las que estamos viviendo –por cuenta del hambre de extradición de Washington– es evidente que eso de la cooperación es un eufemismo.

Que quede claro que en la opinión del suscrito -“el suscrito”, le oí esa forma de referirse a sí mismo al fiscal ¿exfiscal? en estos días y me quedó dando vueltas– cualquier ayuda que venga de afuera le sirve a este país inacabado.

Pero es obvio: Estados Unidos entrega una serie de beneficios, la gran mayoría medidos en millones de dólares y Colombia, como buen prestador de servicios, hace caso. Y toda esa “ayuda” –también le llaman así– se le cobra a quién sea y cómo sea: disponiendo a voluntad de las visas de los magistrados de la Corte Constitucional que estudian las objeciones de la JEP; invitando a desayunos a congresistas para decirles cómo ‘al jefe’ le gustaría que votaran x o y; pidiendo pruebas a las autoridades de cualquier proceso y negándolas cuando el pedido viene de acá; e incluso adelantando operativos judiciales –a veces sin las debidas autorizaciones– como quien pasea por el patio de su casa.

Entonces llega un momento en el que aparece un caso como el de Santrich y la relación de servidumbre se desnuda.

Que quede claro también que el suscrito no va a defender a Santrich, ni mucho menos. Incluso lo considera un hombre de sobrado prontuario, de sobrada arrogancia, de sobrada soberbia, y de sobradas otras cosas que lo hacen caer muy gordo. De hecho, el último video que dieron a conocer los medios de comunicación, lo dejan muy mal parado.

Sin embargo, en toda la controversia de este caso que desató el escándalo, sí es por lo menos raro que teniendo tanta evidencia, tanta claridad en las pruebas y tanta seguridad de su culpa, ni Estados Unidos, ni la Fiscalía hubieran accedido a los pedidos de la JEP. Pero qué atrevimiento ¿en qué momento la JEP se volvió tan igualada, ola?

Y luego sale el fiscal NH a posar de hombre digno y a decir que no soporta semejante injerencia de la JEP, como si los principios le hubieran brotado de repente en esa alma prístina. Y luego sale el embajador Whitaker, con su discurso de ‘make Colombia our backyard again’, a decir que ve en NH a un verdadero patriota.

Mucha cantinela y mucho cinismo juntos. No obstante, a ese relato le falta algo. Le falta, por ejemplo, una explicación de por qué el fiscal de principios selectivos no construyó un proceso en la justicia ordinaria si estaba tan seguro de las pruebas contra Santrich y por qué hace más de un año acusó tener esas pruebas, y después dijo que no las tenía él sino Washington. Y Washington, claro, no se rebaja a darlas.

Parece más entonces que la falta de voluntad de Washington, quién sabe si concertada el Fiscal, apuntaba justamente a generar todo este caos. A crear un maremoto previendo las actuaciones de la JEP, para entonces sacar el discurso de que nada sirve si Estados Unidos no puede tener interrogando a la gente que quiere, cuando quiere. Nada sirve. Sin extradición, se pregunta el Washington de Trump, ¿para qué coños nos sirve un proceso de paz en Colombia?

Y todo el panorama se entristece. Llevamos casi siete años pensando en cómo podríamos llegar a esa cosa etérea que llamamos paz. Siete años en el ejercicio de intentar dejar atrás esa tendencia nacional a darnos en la jeta que se despierta cuando nos sentimos contradichos, puestos en duda, desafiados en nuestra lógica. Meses y meses tratando de decir que podemos seguir dándonos duro, pero con palabras. No con armas.

Pero ¿eso pa’ qué si aquí hay gente que ganó la guerra y no le sirve que el relato nacional llegue a decir nuevas cosas?

¿Eso pa´ qué si Estados Unidos prefiere que no haya paz para extraditar a los exjefes de las Farc que tienen información sobre cómo los inundan de coca? Las comunidades no importan, ni el desarrollo rural, ni los crímenes de guerra cometidos por las partes, ni las víctimas, ni nada… Sin extradición, el Tío Sam está sacando su escopeta para bajarse la paz a lo ‘duck hunt’ y que los demás se cubran del perdigón.

Ya no sabemos si el patrón nos va a descertificar o si nos va a cortar la liga con tan buena voluntad y altruismo nos entrega todos los años. Tanto tiempo posando de niños buenos y vaciando a Venezuela para acabar también en la lista negra de Washington, como en los viejos tiempos. Qué injusticia, por Dios, y todo por culpa de los guerrillos…

Qué pase lo que tenga que pasar, ya veremos. Mientras tanto sigamos agradeciendo al destino el haber nacido en este país maravilloso. Si algo de enseñanza nos deja todo esto, es que nos pueden quitar todo, menos el orgullo de ser colombianos. ¡Pfffff!