“A ustedes en Bogotá por lo menos los escuchan”: estudiantes afro e indígenas
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“A ustedes en Bogotá por lo menos los escuchan”: estudiantes afro e indígenas

Natalia Márquez - Noviembre 28, 2018

Divergentes| Según el Semillero del Pacífico de la Universidad de los Andes, de cada 1.000 estudiantes que finalizan bachillerato en el litoral Pacífico, 993 se quedan por fuera de la universidad

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Van dos meses desde que comenzaron las protestas estudiantiles. La resistencia, parece, no era una promesa más de los colectivos que se movieron en las campañas presidenciales. ¿Quiénes han salido a las calles? En su mayoría los estudiantes universitarios y de los institutos técnicos. En la mesa con el gobierno se han sentado a negociar la Unión Nacional de Estudiantes de la Educación Superior (UNEES) y la Asociación Colombiana (ACREES). Gobierno y estudiantes no han logrado llegar a un acuerdo para solucionar el problema de fondo: el déficit de 18 billones de pesos de la educación superior.

En todo este proceso no se ha hecho visible la molestia de los estudiantes afro e indígenas. Ellos, a diferencia de sus compañeros en Bogotá, no han tenido un espacio de diálogo con el gobierno. El cuerpo estudiantil afrocolombiano e indígena ve con preocupación la inexistente participación de miembros de sus comunidades en las negociaciones. Desde las regiones más apartadas del país, la crisis estudiantil se vive con agravantes adicionales: la distancia, la precaria infraestructura, la violencia, el reclutamiento y la corrupción. Estos temas no se han tocado.

Existen, dicen ellos, una actitud colonialista – desde el Estado y algunas universidades – frente a los saberes y valores ancestrales que son parte transversal de la identidad estas comunidades. A los indígenas no se les pregunta sobre los currículos, sobre la distribución del presupuesto para la educación. Ellos, en este debate, simplemente no han tenido voz.

Ahora hablemos de la población afro: constituye el 10.6% de la población, según el censo del 2005 del DANE. En su mayoría se encuentra en la región de la Costa Atlántica, el Pacífico y Bogotá. Cali es la ciudad con mayor densidad de población afro, y Chocó el departamento. En este último, el Índice de Necesidades Básicas Insatisfechas está en 81.94% Y, según la Defensoría del Pueblo, en Chocó, la tasa de analfabetismo en 2014 se ubicó en 20, 9 %,  el doble del índice nacional.

En Chocó, el 37.3 % de sus habitantes alcanzan la educación básica primaria, 25.8% la secundaria y sólo el 7.3% la educación superior. Según el Semillero del Pacífico de la Universidad de los Andes, de cada 1.000 estudiantes que finalizan el bachillerato en el litoral Pacífico,  993 se quedan por fuera de la universidad. La educación en Colombia es excluyente, racista y clasista. Así lo dicen las organizaciones. Y los patrones de la educación en el país siguen una fórmula que obedece a dinámicas coloniales. Las universidades públicas y privadas no dejan de ser una fotografía en donde la comunidad afro brilla por su ausencia,  como en otros espacios —pensemos en la política— donde se toman las decisiones cruciales del país.

Las universidades con mayor población afro en el país son: La Universidad del Cauca, la Universidad del Pacífico, en Buenaventura, la Universidad del Valle, en Cali, la Universidad del Nariño, en Pasto, y la Universidad Tecnológica del Chocó, en Quibdó. ¿Cuándo se habla sobre los problemas de estas universidades en la prensa?

Ahora bien, teniendo presente el alarmante panorama en el que se encuentra la comunidad afrocolombiana, han surgido iniciativas como el Congreso Afro Estudiantil (CAES), el cual busca consolidar rutas y mecanismos que le permitan dialogar francamente con el Estado. Eso sí, teniendo voz y voto; no solo un papel secundario.  El CAES lo ha dicho muchas veces: “Es irresponsable la posición de ACREES y demás organizaciones estudiantiles, las cuales no garantizan la participación de afros e indígenas. Les pedimos explicaciones, que nos digan porqué no podemos estar en el comité por la defensa de la educación. Rechazamos con vehemencia el proceso a través del cual se eligió ese comité” .

En un comunicado dirigido a la Unión Nacional de Estudiantes de la Educación Superior (UNEES), el Congreso Afro Estudiantil afirma que  “los grupos étnicos han sido históricamente excluidos de la planeación nacional y sus exigencias sobre la educación diferencial y centrada en la conservación de los valores étnicos y ancestrales, han sido ignoradas de manera sucesiva por diversos gobiernos; nosotros pedimos que se haga la apertura de dos vocerías para las comunidades afrocolombianas dentro de la mesa de negociación nacional”. Dichas peticiones fueron ignoradas.

Desde Divergentes hablamos con Carlos Lemus, miembro del Congreso Afro Estudiantil (CAE) quien afirma que “dentro del movimiento estudiantil hay luchas que son generales y otras específicas. En el caso de las comunidades indígenas, nos preocupa que la estén excluyendo en el escenario de lucha. Como organización llevamos más de un año y la creamos  debido a la necesidad de transmitir las problemáticas de nuestras comunidades en materia de educación superior”.

A Lemus le preocupan varias cosas. Por un lado, que las políticas educativas no impacten directamente a las comunidades afro:

“Lo primero que hay que decir es nosotros existimos, hacemos parte de una comunidad universitaria y del movimiento estudiantil. No tenemos ningún inconveniente con que existan otras organizaciones. Pero nadie más que nosotros, que vivimos en las regiones, entendemos las dificultades de la educación rural. Nos molesta que el gobierno no tenga eso en cuenta en las mesas de conversaciones ni en los programas educativos”.

¿Y la Universidad del Pacífico? ¿Qué pasa con los escándalos de corrupción? ¿Con la baja inversión en infraestructura?, le preguntamos. “La universidad del Pacífico tiene una crisis económica enorme, y es mayoritariamente afro e indígena. Sólo es una y nos vemos afectados con la corrupción. En la mesa de conversaciones no conocen nuestra realidad, no la han vivido y no conocen nuestro territorio.  El Estado, ni el ciudadano común, puede olvidarse de nosotros, aunque estemos en la Colombia profunda”, concluyó.