El único periodista que se preocupa por los indígenas del Vaupés
Leer

El único periodista que se preocupa por los indígenas del Vaupés

Colaborador ¡Pacifista! - Septiembre 14, 2017

Emerson Castro creó 'La Marandúa', un periódico que escribe, diagrama y distribuye entre las comunidades indígenas de su departamento, uno de los más abandonados del país.

Compartir

Según una lista en la página del centro de prensa de la Presidencia, en Colombia hay al menos siete medios de comunicación nacionales impresos y nueve regionales. Todos se publican a diario. Ninguno llega a Vaupés, uno de los departamentos que mayor territorio tiene entre sus fronteras. También uno de los más olvidados.

A veces llega una edición de El Tiempo, o de El Espectador, gracias a la gestión de algún ciudadano de Mitú. Usualmente ediciones de días pasados. Y aunque el protagonismo de los medios impresos se ha revaluado desde hace más de una década,  cuando la información empezó a circular sobre todo en internet, las cosas son muy distintas en Vaupés. El acceso a internet móvil es mínimo y el Wi-fi es un lujo que muy pocos tienen. Solo hay un periódico cuya circulación está un poco más asegurada en el departamento: La Marandúa, una publicación creada hace apenas un año por Emerson Castro, un periodista de Mitú que escribe, ilustra y diagrama el único medio impreso que circula en la región. El nombre del periódico, que viene de las lenguas indígenas de la Orinoquía y la Amazonia, significa ‘el mensajero de la selva que porta buenas noticias’.

Así se ven las páginas de la ‘La Marandúa’

Emerson Castro tiene 33 años y se ha dedicado a las labores de prensa en el Vaupés desde los 19: primero en la Alcaldía, luego en la Gobernación, después con asociaciones de comunidades indígenas y finalmente con su propio proyecto periodístico, La Marandúa, que financia con los réditos de su empresa —una agencia de producción audiovisual— y que distribuye gratuitamente entre varias comunidades indígenas.

“El periódico no tiene mucho tiempo de duración en las comunidades indígenas, por su material. Acá llueve constantemente, hay humedad. Entonces vamos a intentar convertirlo en una revista, hacerlo en otro papel”, me dijo Castro por teléfono, como quien deja claro que la vanidad periodística y la preferencia por los formatos poco importan cuando lo necesario es la presencia y la perdurabilidad de la información.

Cada edición de La Marandúa tiene más o menos 16 páginas de información exclusiva del Vaupés: noticias e historias sobre salud, crimen, política, procesos judiciales y culturales. Una sección de humor, otra de entrevistas y otra de consejos prácticos —tipo ‘hágalo usted mismo’—. En cada edición, alguna que otra página es ocupada por contenido institucional: la propaganda y promoción de organizaciones y entidades gubernamentales, tal vez un rezago del pasado institucional de Castro o seguramente una estrategia para financiar la publicación.

Las demás páginas las ocupan las dos esferas que parecen definir la región: la riqueza cultural tradicional indígena, y una larga lista de problemas que azotan el departamento: problemas de acceso a la salud, malas gerencias, violencia en las comunidades indígenas, narcotráfico, consumo de sustancias, problemas de suicidio.

Vaupés es un departamento grande habitado por muy pocos. Según el Departamento Nacional de Población, DNP, el departamento tiene una población de apenas 43.665 personas —casi una tercera parte de la gente que vive en Chapinero—. Más de la mitad de ellos viven en zona rural, y cerca del 70% de su población es indígena, miembros de alguna de las 27 etnias presentes en el territorio: cada una con una lengua y una tradición cultural particular. La mayoría desconectadas de los centros municipales y de sus servicios por la ausencia y precariedad de medios de transporte.

Castro es la única persona que se ha pensado una propuesta de periodismo para ese contexto: uno que no solo cuente las historias del departamento sino que se preocupe por contárselas a ese mismo departamento, una región donde reina la desconexión y la incomunicación.

La distribución de la información en Vaupés ha tenido sus momentos. O más bien un solo momento. Según me contó Castro, 2009 fue el año de la producción televisiva: había un canal regional en el que la Alcaldía y la Gobernación empezaron a transmitir contenido informativo y cultural hecho en la región producido con la ayuda de Emerson, una de las pocas personas que contaba con cámaras y equipos. “Hacíamos videos, noticias, notas institucionales. Eso fue un boom, generó mucho impacto porque la gente se veía en televisión”, me contó. Sin embargo, luego la televisión por cable —en realidad solo presente en los municipios— empezó a ser reemplazada por televisión satelital: una opción que ofrecía más contenido pero que quitó de las pantallas el canal regional. El cambio significó más información, pero menos posibilidad de acceder a la que se ocupaba de la región. Lo que queda es la radio: un par de emisoras regionales sin mucha cobertura y la emisora del Ejército que, me contó Castro, solo transmite música.

Otro ejemplo de ‘La Marandúa’.

“Hay muchas necesidades de comunicación. (…) Por eso me surgió la idea de crear un mecanismo para esa población dispersa: imprimir un periódico que les hacemos llegar a las comunidades a través de las comisiones de salud y de los vuelos que llevan a los profesores a esas comunidades”, me dijo Castro hablando en plural sobre un trabajo que en realidad solo hace él con el apoyo de un joven indígena. Él involucró a su ayudante en el equipo de La Marandúa, en parte, como un esfuerzo por alejarlo del consumo de bazuco, un problema que afecta a muchos jóvenes del departamento.

“Hace poco hicimos una denuncia sobre un posible laboratorio de droga y la presencia de rutas de narcotráfico que atraviesan algunas comunidades y han terminado enviciando a los niños en el área rural. Luego los niños llegan al pueblo con la necesidad de comprar y consumir”, me dijo Castro sobre un problema del que no se encuentra nada en prensa.

Para él, el departamento está abandonado por el resto del país: por sus políticas, sus relatos de nación, sus promesas y proyectos. En 2016 el MinTIC se comprometió a llevar la conexión de internet de banda ancha para finales de ese año. También prometió que Movistar y Claro aumentarían la capacidad de sus antenas de servicio telefónico. Vargas Lleras prometió, como Vicepresidente, unos proyectos de vivienda gratuita. Y hasta ahora, cuenta Castro, nada de eso se ha visto.

“Yo creo que no contribuimos al potencial elector, a los intereses políticos, porque somos muy poca población, muy dispersa, difícil de reunir. Quizás ese sea nuestro problema, que somos muy poquitos. Suscitamos poco interés”.

El olvido en el que el departamento se siente inmerso, para Castro, es un reflejo de la actitud del país frente a sus orígenes, a su pasado indígena. “Tenemos 27 grupos étnicos que nadie conoce, con necesidades totalmente diferentes que deben ser cubiertas con un enfoque diferencial en educación, en salud. (…) Necesitamos hacerle pedagogía al país, estamos obligados a recordar que hay pueblos indígenas marginados. Siempre hemos estado tratando de darle la espalda a nuestros orígenes y Vaupés es el resultado de eso”.

A Castro ya lo conocen en las comunidades indígenas. Los varios proyectos documentales en los que ha participado, contactado por la Asociación de Autoridades Tradicionales, lo han acercado a varias comunidades indígenas, a sus prácticas, tradiciones y también a sus problemáticas. Contar sus historias se ha vuelto su misión, una que no está dispuesto a soltar fácilmente. Recientemente, me contó, recibió una oferta de RCN, medio con el que ha colaborado, para trasladarse a Barranquilla. “Me dijeron, ‘Emerson, realmente el interés nacional está en el centro del país, con gusto lo ubicamos en Barranquilla, pero aquí no lo podemos ayudar porque [en Vaupés] no se genera mucho contenido. Yo me quedé, a pesar de que mi esposa es barranquillera. Ella no sabe que les dije que no”, me dijo entre risas.

Aunque no niega que luego sus planes puedan cambiar, Castro asegura que lo suyo es quedarse en Vaupés contando las historias de la región en que nació, que pocos cuentan afuera y que no le llegan a sus mismos pobladores.

“Mi expectativa es poder informar, construir un Vaupés que sea más evidente a nivel nacional. Por ahora aquí me quedo”.