¿El Plan Colombia evitó que el Estado perdiera la guerra?
Leer

¿El Plan Colombia evitó que el Estado perdiera la guerra?

Juan David Ortíz Franco - Febrero 4, 2016

Entre 1997 y 1999 las Farc lograron grandes victorias militares. El Ejército aseguró que, de seguir así, sería difícil "sostener el sistema democrático".

Compartir
Durante los diálogos de San Vicente del Caguán el país conoció a varios guerrilleros que, pese a tener algún nivel de mando en las Farc, permanecían en la clandestinidad.

 

Ahora que los presidentes Juan Manuel Santos y Barack Obama se reúnen en la Casa Blanca para celebrar los 15 años del Plan Colombia, varios sectores insisten en que al apoyo de Estados Unidos fue trascendental para modernizar las Fuerzas Militares de Colombia, acorralar a la guerrilla y forzarla a negociar.

También, en otros escenarios, se reiteran las implicaciones que eso tuvo sobre los derechos humanos en Colombia, se hablará del fracaso de la guerra contra las drogas y de las consecuencias que ha tenido el poder que concentraron las tropas.

Lo cierto es que fueron más  de 9 mil millones de dólares los destinados por Estados Unidos durante los 15 años de ejecución del plan que se puso en marcha con una ley firmada por Bill Clinton en julio del 2000. Y, con todos los matices que el asunto conlleva, lo que parece difícil de cuestionar es que, luego de esa inyección de recursos, las Fuerzas Armadas no volvieron a ser las mismas.

Pero ¿cuándo se movió la balanza de la guerra?, ¿las Farc estuvieron cerca de tomarse el poder?, ¿qué lo evitó?

“No habría ninguna posibilidad de sostener el sistema democrático vigente”

En 2007, el expresidente Álvaro Uribe Vélez dijo en una conferencia de prensa, durante la visita del primer ministro canadiense, Stephen Harper, que las Farc habían estado muy cerca de la victoria, pero que su llegada al poder lo impidió.

Entonces, el general (r) Fernando Tapias, quien fue comandante de las Fuerzas Militares entre 1998 y 2002, apareció en los micrófonos de W Radio diciendo algo diferente a lo que sostenía el mandatario.

“A finales del año 97 y comienzos del año 98 las Farc habían adquirido una gran capacidad de maniobra y de despliegue que los llevaron a hechos ofensivos que el país conoce (…) Por diversas circunstancias y durante muchos años el Ejército había perdido movilidad, no tenía una capacidad de despliegue aéreo, casi ni terrestre, tenía un equipo inadecuado y realmente ese fue el momento de mayor concentración de poder de combate de las Farc”.

Esas acciones de las que hablaba Tapias incluían, por ejemplo, el ataque a la base militar de Las Delicias, en 1996, que dejó 27 militares muertos y 60 secuestrados; la de Patascoy, a finales del 97, en la que murieron 10 soldados y 18 cayeron en manos de las Farc; y la de El Billar, en marzo del 98, donde 60 militares murieron y más de 40 fueron retenidos por la guerrilla.

“Cuando sube el gobierno de Pastrana (agosto de 1998) al ministro (de Defensa) Lloreda y al presidente se les expone esa situación y se les dice que de seguir en esas condiciones no habría ninguna posibilidad de sostener el sistema democrático vigente por un largo tiempo”, dijo el militar.

Según Tapias, para ese momento las tropas del Ejército no solo eran insuficientes sino que buena parte de ellas estaban conformadas por soldados bachilleres, sin una instrucción militar sólida. Solo había cuatro helicópteros militares para apoyar las operaciones en todo el país y, en general, el equipamiento de las fuerzas era deficiente.

La situación había llegado hasta el punto de que varios comandantes de unidades militares firmaron un “pacto de honor” en el que prometían renunciar a sus cargos si las tropas bajo su mando sufrían bajas numerosas. De esa forma, decían, asumían la responsabilidad que les correspondía en ese momento de la guerra.

Danis Daniel Sierra, alias “Samir”, hoy desmovilizado de las Farc, integraba para esa época las estructuras del Bloque José María Córdova que operaba en el Urabá. Recuerda que en ese momento la guerrilla tenía la capacidad de reunir sin dificultad a más de 1.000 combatientes para ejecutar un ataque.

Se hacían acciones en bloque, se daba la orden y fácilmente se concentraban 1.000 o 1.200 hombres

“No sentíamos que teníamos más poder que el Ejército, pero sí capacidad de pelear por tres o cuatro días seguidos”, recuerda el exguerrillero.

Y en efecto, las características de algunos de los golpes más fuertes de las Farc contra el Ejército ponían en evidencia la ventaja militar que estaría acumulando la guerrilla. Por ejemplo, el combate de Tamborales, una zona en límites entre Antioquia y Chocó, enfrentó a cerca de 150 soldados contra más de 600 guerrilleros del bloque del que hizo parte “Samir”. Cerca de 70 soldados murieron.

Las cuentas, sin embargo, fueron aún más desiguales en casos como el de Mitú, en noviembre de 1998, cuando casi 2.000 guerrilleros atacaron a un grupo de 120 policías en la primera toma guerrillera a una capital de departamento. Sin embargo, ese momento fue, a juicio de Tapias, un momento de inflexión que cambió el curso de la guerra.

Las guerrillas móviles

La toma de Mitú, denominada por las Farc Operación Marquetalia, ha sido considerada uno de los golpes más fuertes contra el Estado en la historia de la confrontación militar entre el Ejército y la guerrilla. Murieron 11 civiles y 30 miembros de la Fuerza Pública. Además, 61 policías fueron secuestrados y las Farc mantuvieron el control de la ciudad durante cerca de 72 horas.

Sin embargo, de acuerdo con Tapias en su entrevista de 2007, ese episodio y la retoma por parte del Ejército en la que, asegura, murieron cerca de 300 guerrilleros, fue el punto de partida de un cambio de doctrina que ya estaba en marcha y le permitió a las Fuerzas Militares inclinar la balanza a su favor.

“Mitú, en noviembre del 98, fue el punto de quiebre de las Farc, pretendían mantener esa posición y constituir allá una zona liberada para establecer un gobierno independiente. Pero la reacción del Ejército le produjo a las Farc más de 300 bajas”.

Para ese momento ya estaban bastante avanzados los acercamientos que llevaron a instalar de manera formal los diálogos de paz de San Vicente del Caguán en enero de 1999. Y, a diferencia de la idea según la cual esos diálogos le permitieron a las Farc fortalecerse militarmente, “Samir” sostiene que esa guerrilla cometió una cadena de errores que empezó por la aparición pública de muchos comandantes que permanecían en la clandestinidad. Por ejemplo, dice, muy pocos sabían quién era “Timochenko” antes de que su cara se conociera durante ese proceso de negociación.

A eso, según la idea de Tapias, se sumó que la modernización de las Fuerzas Militares ya se había puesto en marcha con el reemplazo de cerca de 80 mil soldados bachilleres por profesionales. Finalmente, los recursos del Plan Colombia aceleraron el proceso. De acuerdo con el Ministerio de Defensa, entre 2002 y 2008 el pie de fuerza aumentó en cerca de un 40%.

Entonces, las grandes victorias militares de las Farc se hicieron cada vez más escasas. La guerrilla empezaba a perder las posiciones que habían logrado alrededor de algunas de las ciudades más importantes del país.

“Cuando estuve en el Caguán salió la cartilla militar ‘Nuevo modo de operar’.  Las Farc crearon un modelo de guerra de guerrillas móviles que formulaba que ya no se operaría en bloques y unidades grandes, sino en unidades pequeñas, lo que se llamó comandos. La idea era tener grupos pequeños que pudieran hacer presencia en muchos puntos del país para no mostrar debilidad”, dice Samir.

Es así como, según el desmovilizado, esa estrategia trataba de camuflar el debilitamiento de la capacidad armada de la guerrilla. Finalmente, para febrero 2002, cuando se levantó la mesa del Caguán, dice “Samir”, la Fuerza Pública ya tenía una clara ventaja sobre las Farc. “Sabíamos que el Plan Colombia era un refuerzo muy grande de los gringos como instrumento para tratar de neutralizar a las Farc”.

El general Tapias afirmó en su entrevista que para ese momento ya se habían modificado los esquemas de entrenamiento, había crecido la capacidad de la aviación del Ejército, había nuevas brigadas móviles y una fuerza de despliegue rápido.

“Cuando el presidente Pastrana entrega en el 2002, después del fracaso del Caguán, las Farc realiza un intento desesperado por la toma del poder colocando todos sus recursos en una oleada terrorista sin precedentes”.

Y esa oleada se mantuvo durante varios años, sin embargo, la posición en la que estaban las Farc era diferente. Sus tropas empezaron a reducirse, no solo por las bajas en combate, sino por estrategias de desmovilización que premiaban la deserción. Así, la capacidad de concentrar centenares de guerrilleros quedó en el pasado y su repliegue acabó con la intención de acercarse a las grandes ciudades para la toma del poder. Su mejor momento militar ya había terminado.