De consumidora de marihuana a jíbara: van tres días sin la dosis personal @jucaruiz
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De consumidora de marihuana a jíbara: van tres días sin la dosis personal

María Rodríguez - Octubre 4, 2018

A nosotros nos quitaron la posibilidad de portar la dosis personal, ¿qué le tocó hacer a la Policía Nacional?

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Octubre 3 de 2018: tercer día del decreto de la dosis personal

13:15

“La dosis personal ya no existe en Colombia”, me decía un uniformado en el CAI de La Soledad, en Bogotá. “Todo se decomisa, ahora solo existen sustancias psicoactivas”.

Desde el primero de octubre de 2018, a la Policía Nacional se le abrió la puerta para que, legalmente, pueda decomisar cualquier cantidad de sustancia psicoactiva. Si quiere entender el decreto, en esta nota se lo explicamos. 

¿Qué pasa ahora? Si usted está consumiendo cualquier tipo de sustancia psicoactiva en el espacio público, la Policía se la puede decomisar y multarlo con 208.000 pesos. Si es más de la dosis personal (20 gramos de marihuana, 1 gramo de cocaína), usted será judicializado inmediatamente por microtráfico. Si es menos de la dosis personal, le van a poner el comparendo, le docomisan la sustancia y después queda libre. 

12:20

Antes de llegar al CAI de La Soledad, un grupo de jóvenes que estaba rotando un porro, parecía no tener miedo alguno del decreto establecido. “Toca que carbure, toca que le empuje”, le decía un jóven de unos 20 años a otro con un saco azul que a lo lejos parecía decir Adidas y tener la hoja de la marca, de cerca nos dimos cuenta que decía Addicted y tenía una hoja de marihuana.

– “¿No les da miedo fumar en la calle?”, les preguntó alguien del equipo de ¡Pacifista!.

– “No nos azaran los tombos, preferimos fumar frente a ellos”, respondió el de saco azul.

Octubre 2 de 2018: segundo día del decreto de la dosis personal

6:30

En el CAN de la 26, el director de seguridad ciudadana de la Policía Nacional, el mayor Omar Rubiano, se dirigía a periodistas en una rueda de prensa titulada “Por las calles libres de jíbaros y ollas”. Con el cuadro de Simón Bolívar a sus espaldas, el mayor Rubiano le contó a los medios cómo actuaría la Policía frente al nuevo decreto.

La decisión, explicó,  se tomó con base en el Estudio nacional de consumo de sustancias psicoactivas en colegios de 2016. Allí, la policía descubrió que 15.9% de toda la población escolar habían usado, al menos una vez en la vida, alguna sustancia psicoactiva. Es decir que 1 de cada 6 estudiantes ha probado alguna sustancia en su vida. En cuanto a la marihuana, contó que el 11.7% de los estudiantes la han probado alguna vez. Calificó esta cifra como “preocupante” y dijo que este decreto hace parte de la “solución integral al problema de las drogas”.

Sin embargo, esta cifra no está muy lejos de la de otros países que tienen políticas públicas orientadas a la prevención y educación y no a la prohibición.De hecho, estamos dentro de los estándares de porcentajes internacionales comunes. Por ejemplo, en la última encuesta nacional de uso de alcohol, tabaco y drogas en Canadá, 17% de los estudiantes hasta grado 12 admitieron haber consumido marihuana al menos una vez. En Chile la cifra se eleva a 34.2% de estudiantes escolares que han probado, al menos una vez, esta sustancia. En países como Uruguay, donde la marihuana recreativa es legal, 20.1% de la población estudiantil declaró haber probado la marihuana. 

Durante la rueda de prensa, el Mayor Rubiano explicó que la medida se utilizará para “preservar los derechos y a los jóvenes” y reconoció que el “problema del consumo y la drogadicción hay que abordarlo desde la salud, la educación y la justicia”.

Octubre 1ro: primer día de vigencia del decreto

20:48

-“Buenas noches señor agente, vi por ahí en las noticias que salió una nueva norma donde se pueden confiscar drogas”, le pregunté a un policía por la zona de Quinta Camacho en Bogotá.

– “Si niña, empezó desde hoy”, me respondió el uniformado viéndome de arriba a abajo, “se le quita todo a los que estén por ahí metiendo vicio”.

– “¿Qué hacen con la droga que decomisan”, le pregunté con inocencia

Se frotó las manos como lavándoselas y me dijo “la desaparecemos y si es más de la dosis personal, la dejamos a disposición de la inspección”.

Tan solo en su primer día de funcionamiento, la Policía decomisó en todo el país 543 gramos de marihuana, 12 de bazuco, 8 de cocaína, 4 de ‘otras sustancias’, 3 de base de coca y uno de heroína.

Expidió 652 comparendos por porte de sustancias, 637 comparendos por comportamientos contrarios al cuidado e integridad del espacio público y 15 comparendos por afectar la tranquilidad de las personas. Bogotá, Medellín, Cali y Pereira fueron los lugares donde se establecieron más sanciones. 

14:55

Llamé al jefe de prensa de la dirección de seguridad ciudadana, el mayor Miguel Arévalo, para que me explicara cómo funcionaba la destrucción de la droga decomisada. Me explicó que cuando se captura a la persona con menos de una dosis personal, esa sustancia “se dejan a disposición del comandante y cuando reúna todas esas pequeñas dosis, se destruyen en presencia de los protocolos estandarizados”, me contó por teléfono. Pero, ¿cuántas pequeñas dosis? ¿Dónde se dejan las muestras mientras se espera a que se reúnan las dosis suficientes?

“No se destruye en el patio de la casa o en la estación, obviamente, se lleva a unos incineradores del distrito donde se destruyen cosas de riesgo biológico como las inyecciones. En el caso de la cocaína, se diluye en mucha mucha agua”, me explicaba el Mayor. Pero, ¿cada cuánto se pueden usar estos incineradores? ¿Cuesta usarlos? ¿Dónde quedan?

“En el protocolo queda establecido que la sociedad civil participa en esta incineración, ¿verdad?”, le pregunté al mayor en las oficinas de Pacifista. “El comandante de la estación puede invitar a quien quiera, alcaldes, líderes de la comunidad, cualquiera, luego debe levantar un acta”. Pero, ¿y si quiero participar en una incineración? ¿no es contraproducente quemar marihuana? ¿Cómo hacen los policías que decomisan drogas en lugares rurales donde no hay incineradores de este tipo?

Su respuesta a todas mis preguntas fue “no estás lo suficientemente informada y se nota que no cubres los temas de Policía”.

08:20

– “Señor agente, si una persona está fumando marihuana en su casa pero yo alcanzo a oler el humo desde la mía, ¿le pueden decir algo?”, pregunté a un uniformado del CAI de Pasadena.

– “Claro, ahí entramos a la casa porque te está afectando directamente y lo multamos”, respondió.

– “Ya..¿cómo hacen para saber quién está consumiendo drogas que no sean fumadas y no se puedan oler?”, le pregunté.

– “Uno sabe más o menos quienes consumen y quienes no”, respondió, muy seguro de sí mismo.

Cuando le preguntaron al representante a la Cámara e hijo de Pacho Santos, Gabriel Santos sobre este decreto, dijo que esta nueva política “no se trata de quitarle la dosis personal al consumidor recreacional en El Chicó. Se trata de confiscar de manera efectiva la droga a los jíbaros alrededor de los parques y colegios en localidades como Suba, Ciudad Bolívar, Tunjuelito y Engativá…”.

La Policía, según el decreto, tendrá la facultad de requisar a la persona que desee sin la necesidad de contar con algún tipo de autorización. Lo que no pueden hacer es registrar una casa sin autorización previa del dueño.

Así como la ley cambia, los jíbaros también encontrarán la manera de seguir delinquiendo y vendiendo, como lo han venido haciendo después de 60 años de lucha prohibicionista. El decreto le quitó sus derechos a los consumidores ocasionales, ya que se le persigue, discrimina y estigmatiza.

16:20, año 2014

En mis días universitarios, mi grupo de amigas y yo estábamos bastante entusiasmadas con la marihuana; fumábamos casi todos los días entre semana en un famoso parque cerca a nuestra universidad. La marihuana la comprábamos en un parqueadero cerca a la universidad, ni siquiera teníamos que armar el porro.

En todos nuestros años como fumadoras recreacionales nunca nos requisaron. Las carteras de marca y los celulares caros nos diferenciaban de los niños que a pocos metros, pero igual de trabados que nosotras, de mochila y pelo largo, se mostraban más sencillos, pero nada tenían que ver con un tráfico de drogas.