Cossio, el dibujante del conflicto armado en Perú | ¡PACIFISTA!
Cossio, el dibujante del conflicto armado en Perú
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Cossio, el dibujante del conflicto armado en Perú

Andrés Felipe de Pablos - Agosto 26, 2016

Hablamos con él sobre la importancia de reconstruir memoria a través del arte y de las herencias que la guerra le dejó a su país.

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El novelista gráfico Jesús Cossio. Foto tomada de Facebook

Jesús Cossio es uno de los autores de cómics más reconocidos de Perú. Su trabajo gira alrededor de la recuperación de la memoria histórica del conflicto armado que tuvo lugar en ese país entre 1980 y 2000. Este dibujante ha retratado la guerra peruana en las novelas gráficas Rupay – Historias Gráficas Sobre La Violencia Política 1980-1984, Barbarie – Cómics Sobre La Violencia Política 1985-1990 y Los Años del Terror.

En su país lo conocen, también, por ser el creador de las viñetas ácidas e irónicas Mala Onda y Las increíbles aventuras del hombre que NO se hacía dramas.

Hablamos con él para conocer su trabajo y, de paso, repasar parte de la historia del conflicto armado en Perú.

¿Cómo fueron los años de la guerra de su país?

En Perú hubo un conflicto armado interno, aunque en el país se le conoce como “los años del terrorismo”. Entre 1980 y 2000 hubo dos movimientos subversivos: Sendero Luminoso (SL) y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). SL no era una insurgencia tradicional: no usaba uniformes, se camuflaba en la población y atacaba.

Los años de la guerra comenzaron a distinguirse en 1980 con la primera acción del SL, que fue la quema de las ánforas y las cédulas de votación en el pueblo Chuschi de la región Ayacucho, durante las elecciones presidenciales. Para efectos de recopilar información, se considera que el período de violencia termina en 2000, con la caída del régimen del presidente Alberto Fujimori (1990-2000), pero en algunas zonas de Perú hay remanentes de SL aliados con el narcotráfico.

¿Ha sido víctima de la violencia?

No. Cuando era niño, SL no actuó tanto en Lima, pero sí en las regiones. Las peores matanzas ocurrieron en Ayacucho, Huancayo, Huánuco, Apurímac y Puno. Esas poblaciones sufrieron la violencia de SL y las Fuerzas Armadas.

Lima tuvo un periodo muy intenso de conflicto entre 1988 y 1993. Hubo muchos coches bomba, secuestros y asesinatos selectivos de SL contra dirigentes barriales y policías. El temor que surgió en las calles de Lima provocó que la policía procediera de manera violenta. No obstante, nunca resulté siendo víctima de la guerra.

¿De dónde nació su vocación de retratar el conflicto en historietas?

A raíz de la caída de Fujimori —un evento excepcional, porque suponía el retiro de un presidente civil— se originó una crisis democrática en el país. Esa coyuntura creó un espacio privilegiado para que las fuerzas progresistas impulsaran una comisión de la verdad que aclarara lo sucedido en las dos décadas anteriores. Esa comisión produjo un primer informe en 2003.

Con lo de Fujimori, también hubo reacciones muy virulentas de parte de algunos sectores políticos. Ahí se despertó una serie de actitudes retrógradas que querían impulsar un negacionismo a ultranza de lo que pasó en el conflicto. Esas posiciones, sumadas a la aparición de la comisión de la verdad, motivaron a muchos, me incluyo, a actuar para que la gente no ignorara lo que había sucedido y para darle la importancia que debía.

Imagen de “Los Años del Terror”, de Jesús Cossio.

¿Cuál cree que es el papel de los artistas en los procesos de reconstrucción de memoria?

Yo creo que el arte tiene un rol muy importante, pero también el periodismo, con las crónicas y los reportajes. Esos oficios tienen el valor de trabajar para evitar el negacionismo, la impunidad y la idea de que nada pasó, postulados provenientes del poder político. Las historietas que hago, por ejemplo, no cuentan la historia oficial.

¿Cuál ha sido el impacto de su trabajo?

Yo creo que el mensaje que dejan mis obras —como Los Años del Terror— es que, aunque parezca elemental, no está mal averiguar lo que sucedió durante la violencia, no está mal cuestionar el rol de las Fuerzas Armadas y redimensionar el conflicto.

En Perú se piensa que la violencia pasó hace 30 años y que no ha habido consecuencias de esa época. La realidad es que todo lo que hoy viven los peruanos son las consecuencias de ese conflicto. Nos guste o no, vivimos con los efectos económicos, sociales, políticos y culturales de la guerra. Mientras más conscientes seamos de eso, mejor podremos asumir el futuro. Y la mejor forma de lograr esa conciencia es haciendo memoria; yo la hago con mis historietas.

¿Qué ha sido lo más difícil que ha enfrentado como autor de cómics?

Las sensaciones de injusticia e impotencia. El sentimiento de creer que las cosas no han cambiado, o que han cambiado muy poco, para dejar atrás las causas de los crímenes, la discriminación y el centralismo.

Yo veo que la sociedad peruana no ha hecho lo suficiente para que la violencia no vuelva a ocurrir. Sin embargo, el hecho mismo de que se pueda hablar de lo ocurrido demuestra que ha habido alguna transformación.

Imagen de “Los Años del Terror”, de Jesús Cossio.

Los lectores de cómics, en su mayoría, son jóvenes. ¿Qué tanto sabe la juventud peruana sobre el conflicto?

A los jóvenes les he dictado talleres de cómic apoyado por la Comisión Multisectorial de Alto Nivel para la Reparación (CMAN), del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. Allí fui profesor de Dibujo de Historietas. Dicho proyecto me permitió visitar, durante tres años, diversos colegios secundarios de las regiones más golpeadas por la violencia política.

Esos cursos nos permitieron, a mí y a la Comisión, descubrir lo que saben y no saben los muchachos en el Perú sobre lo que fue el conflicto. Muchos conocen parte de lo sucedido porque los papás o abuelos les contaron. En las generaciones mayores, la guerra dejó una huella indeleble. Lo que aprendí con los jóvenes fue el insumo de mi libro Los Años del Terror.

¿Ha recibido amenazas por su labor?

No. Mi trabajo, al ser cómic, no es percibido como una amenaza. Las historietas pueden ser más directas y agudas, pero pasan desapercibidas. Lo que sí he recibido son ataques virtuales. Hay gente que cree que por dibujar a las Fuerzas Armadas soy un izquierdista o un simpatizante de los terroristas. Lo que no ven es que en mi obra también he criticado a esas facciones.

¿Ha pensado en retratar otros conflictos, aparte del peruano?

Sí, tengo un proyecto sobre casos de Sudamérica. Lo pienso enfocar en los casos de violencia policial en Argentina y los “falsos positivos” en Colombia. Ambos temas son similares porque hablan de cómo la fuerza pública arresta a chicos de barrios o pueblos pobres, los tortura y luego los mata con impunidad.

El tema de los “falsos positivos” me parece terrible y un fenómeno perfectamente aplicable a Perú o Chile. Cuando cuento en mi país lo que pasó en Colombia, hay sorpresa en la gente, pero a la vez hay identificación. La violencia institucional y autoritaria es común en nuestras naciones.

Ahora estoy en el proceso de construir redes que me permitan viajar por esos países, conseguir información y luego dibujar.

Imagen de “Los Años del Terror”, de Jesús Cossio.

¿Qué le quedó a Perú después de la guerra ?

Polarización. Se ha hecho aún más visible el racismo, el centralismo de Lima, el autoritarismo y la deficiencia del sistema judicial. Pero no toda la herencia es mala. En Perú ha habido reivindicaciones, se han conocido historias relevantes de víctimas y los partidos políticos de derecha, sobre todo después de las últimas elecciones, han reconocido sucesos de la guerra. Todo eso lo expreso en mis viñetas.