Cinco películas poco conocidas sobre la guerra en Colombia | ¡PACIFISTA!
Cinco películas poco conocidas sobre la guerra en Colombia
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Cinco películas poco conocidas sobre la guerra en Colombia

Staff ¡Pacifista! - Mayo 13, 2016

Más allá de lo que llega a las salas de cine, en Colombia se han producido muchas películas que intentan hacer memoria del conflicto.

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Se podría decir que en los últimos años, más que nunca, el conflicto armado ha estado presente en las producciones audiovisuales de Colombia. Desde documentales —como Pizarro, hecho por María José, la hija del exguerrillero del M-19 Carlos Pizarro, o Carta a una sombra, de Daniela Abad, nieta del médico Héctor Abad Gómez— hasta piezas de ficción —como Los colores de la montaña, que desde la mirada de unos niños retrata la vida en una vereda minada, o Jardín de amapolas, que muestra cómo casi sin querer muchos campesinos terminan metidos dentro de toda la maquinaria de violencia del narcotráfico—, varias películas sobre ese tema han dejado huella.

Los alcances que ha tenido la guerra en Colombia han permitido que se le pueda explorar desde perspectivas muy distintas: un documental íntimo sobre una familia, una historia de terror, una película animada en 3D donde los niños son protagonistas, una investigación periodística que destapa un caso. Y no hay duda de que en esta época, atravesada por diálogos con las guerrillas y una conciencia de la necesidad de hacer memoria del conflicto, es en la que más relevancia ha alcanzado ese tema en el cine.

Sin embargo, el hecho de que en los últimos años las salas de cine comerciales se hayan llenado para ver algunas de esas películas no quiere decir que antes no se le hubiera dado una buena mirada al conflicto desde lo audiovisual. La conclusión que quizás se podría sacar es que no había tanto interés, o tantos medios de divulgación, y las películas se estancaban en el público especializado.

Entre este 12 y 24 de mayo, el Cineclub de la Universidad Central, un espacio con más de 40 años de trayectoria, dará la prueba de que hay decenas de películas que desde hace muchos años han tratado de registrar, interpretar y explicar por qué este país tiene casi ocho millones de víctimas de la guerra. Con el propósito de ampliar el espectro de lo que se conoce y se discute, le pedimos a Sergio Becerra, el coordinador del Cineclub, que nos recomendara cinco producciones audiovisuales poco conocidas sobre este tema.

Todas se presentarán en el ciclo “Memoria Audiovisual del Conflicto Armado”. La programación se encuentra aquí.

El potro chusmero

“En 1950 estalló en los Llanos una rebelión contra la dictadura conservadora. Éramos los liberales defendiéndonos de la violencia del Gobierno […] Después nos quedamos los campesinos, peleando solos contra la chulavita: así se llamaba la policía de la dictadura. Gente violenta, amaestrada, enseñada a ver en todo lo que no fuera gobiernista un enemigo de Dios, del orden y de la patria. Nosotros solo peleábamos por el derecho a la vida y a un pedazo de tierra llana”.

Foto: colarte.com
Con ese relato arranca El potro chusmero. La película, sin embargo, no es un registro documental de las guerrillas liberales y los combates contra la policía conservadora. Cuenta la historia de una yegua recién parida. Es la yegua de uno de los guerrilleros campesinos que cabalgaban el Llano. El potro, al que no quieren dejar abandonado, se vuelve un encarte para el grupo, que es perseguido por los chulavitas. El centro de la narración es el potro, sí, pero bajo ese pretexto el guion logra explicar, por fuera del discurso de los grandes políticos, cómo se vivía en los territorios la violencia bipartidista de mediados de siglo.

Se iba a estrenar por televisión pero, a dos meses de elecciones parlamentarias, Belisario Betancurt le prohibió a Focine, financiador de la película, tener “sesgo político”. La interpretación de ese mandato por parte de Focine fue prohibir el estreno de una película de corte liberal. Luis Alfredo Sánchez, quien dirigió El potro chusmero, dijo que había sido censurado.

El baile rojo: memoria de los silenciados

Baile rojo fue el nombre con el que empezó el macabro plan para exterminar a la Unión Patriótica. El 30 de agosto de 1986, en los brazos de Lucho Garzón, murió asesinado en Barrancabermeja Leonardo Posada, uno de los 14 congresistas de la UP. Esa fue la primera acción del plan, que pocos años más tarde contó los muertos por miles. Las cifras oficiales dicen que fueron alrededor de 3 mil. La mayoría de los que se salvaron de la matanza se exiliaron.

Por casi una hora, con imágenes de archivo y entrevistas a familiares y políticos sobrevivientes, Yesid Campos, documentalista colombiano, cuenta la historia que empezó en 1985, cuando se creó la UP después de un proceso de diálogo con las Farc, y que no acaba mientras haya impunidad y no exista campo para la memoria. El documental cuenta la historia política, revela detalles de los que poco se ha hablado, le da la voz a las víctimas e investiga sobre el proceso judicial.

En 2003, cuando se estrenó El baile rojo, la posibilidad de un futuro para la Unión Patriótica era incierta. La mayoría seguía en el exilio. En 2013, sin embargo, volvieron a tener personería jurídica y el año pasado participaron nuevamente en elecciones. Ese resurgimiento, sumado a la reciente ola de violencia contra líderes de izquierda, hace que sea urgente recordar y reflexionar sobre uno de los capítulos más sucios de la historia del país.

Guerilla Girl

Hace más de diez años, sin pedir permiso, un equipo audiovisual danés cruzó la frontera colombiana y se metió a la selva en busca de un campamento de las Farc. Un año atrás, Frank Poulsen, un joven cineasta recién egresado, había enviado una solicitud a esa guerrilla para filmar un documental. Para su sorpresa le respondieron que sí y, después de encontrarse con “Iván Márquez”, más tarde que temprano estuvo filmando por tres meses la vida al interior de las Farc.

Su intención, más allá de registrar la guerra entre el Estado colombiano y la guerrilla, era tratar de probar que, contrario al imaginario colectivo, las Farc tienen un lado humano. El eje del documental es la preparación de Isabel, una joven de 21 años, para convertirse en guerrillera. La cámara siempre está cerca de ella y logra captar desde cómo decide dejar a su familia y amigos hasta cómo practica con un fusil de madera.

Guerilla Girl hila la experiencia de Isabel a partir de sus diarios y las cartas que escribe y recibe. A partir de ahí, y de estar todo el tiempo registrando la vida del campamento móvil, logra captar cómo una joven guerrillera vive desde adentro los dilemas que el resto del país interpreta desde afuera: desde las charlas sobre métodos anticonceptivos obligatorios hasta la tensión entre la ideología política y los crímenes que han cometido las Farc.

Heridas

Cuando Roberto Flores presentó Heridas al Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, no recibió apoyo. Ellos dijeron que había sido por cuestiones de calidad. Él dijo que se trataba de un rechazo a los temas que abordan el conflicto armado de manera descarnada. Y es que en esa película, que fue pensada como una trilogía, aparecen retratados de cerca guerrilleros, militares y paramilitares. Hay combates, motosierras y angustia.

Al principio, la trama está partida en dos lugares aparentemente lejanos. Por un lado, hay una masacre paramilitar donde una niña campesina logra huir después de ver cómo asesinan a toda su familia. Por otro lado, una pareja de la ciudad viaja en carro hacia una zona roja para buscar a un pariente que les dejaría una herencia, pero acaban secuestrados por un grupo guerrillero. Las dos historias, en un punto, se terminan encontrando, en medio de escenas de violencia donde la frontera entre “los armados” empieza a volverse difusa.

Cuerpo 36

Una pequeña inspección llamada Puerto Torres fue tomada por miembros del Frente Sur Andaquíes del Bloque Central Bolívar de las Autodefensas. Hubo confinamiento y desplazamiento, desapariciones y asesinatos. La casa cural, la iglesia y el colegio se convirtieron en escenarios de tortura y violencia. Todo pasó en algo menos de un año, entre 2001 y 2002.


Foto: CNMH
Varios años después, con el propósito de investigar para un informe, llegaron allí miembros del Centro Nacional de Memoria Histórica. “Textos corporales de la crueldad”, que fue el nombre de ese trabajo, se acercó a esa historia a través del lente de los antropólogos forenses que participaron en las diligencias de exhumación de 36 de los cadáveres de víctimas de la barbarie paramilitar. El trabajo de la Fiscalía pretendía enlazar esos cadáveres con identidades de personas desaparecidas.

Inicialmente, sin embargo, eran 35 cuerpos. El 36 apareció justo antes de irse. Una señora les dijo a los investigadores que había un cadáver enterrado en su patio. Separado de los otros 35, el último cuerpo también fue trasladado al cementerio de Florencia, pero 12 años después está desaparecido entre los demás cadáveres. El documental, producido por el Centro de Memoria, cuenta la historia de la búsqueda, a la vez que explica el contexto de la incursión paramilitar en Caquetá y reflexiona sobre el drama que representa buscar a los desaparecidos.