Fachaqueta: Aproximaciones semióticas a la fachaqueta: la percha del gobierno Duque | ¡PACIFISTA!
Aproximaciones semióticas a la fachaqueta: la percha del gobierno Duque Montaje por Natalia Torres
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Aproximaciones semióticas a la fachaqueta: la percha del gobierno Duque

Santiago A. de Narváez - Agosto 14, 2019

Esta chaqueta, asociada a la vestimenta masculina, criolla, normativa y heterosexual, acompaña a los miembros del Gobierno donde quiera que vayan. ¿Por qué?

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De más está decir que la política opera con prácticas. De más está decir que esas prácticas resultan ciegas si no hay símbolos que las acompañen.

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¿Cómo puede ser una chaqueta acolchada, que nos recuerda más al personaje inflado de las llantas Michelin que a un mandatario capaz y de primera línea, ser justamente el símbolo con el que identificamos, ya no a un Jefe de Estado únicamente, sino a todo un gabinete? (La pregunta quizás sería si ese Jefe de Estado es un mandatario capaz y de primera línea –pero eso sería desviar la cuestión muy tempranamente).

El punto está en saber en qué medida una chaqueta de plumas –usada en sus inicios para el montañismo o para soportar inviernos inclementes– puede decirnos algo (y qué) del sujeto que la usa. Más si ese sujeto ocupa un cargo público con importantes responsabilidades. Más si ese sujeto no sólo ocupa un cargo público, sino el más alto cargo del poder Ejecutivo del Estado. Más si sobre ese personaje han caído –a un año de haber empezado su mandato– críticas por su falta de experiencia al gobernar. Mucho más si sobre ese sujeto –nuestro ahora Presidente– recae el reclamo de que él no es más que uno puesto por otro. Un Presidente en cuerpo ajeno, en cuerpo de chaqueta. Una muñeca rusa. Una muñeca rusa y abrigada. Rusa y emplumada y abrigada.

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¿Dónde empieza la historia? Si hay una historia, ella habría empezado en mayo de 2015. (Si tomamos como historia la historia del origen del término,) el concepto “fachaqueta” habría tenido origen (al menos su origen en redes, que es, parece, el que realmente importa y permanece) hace cuatro años. Ese mes el tuitero Carlos Villa posteó la siguiente foto:

Era 2015 y en España debutaban dos partidos a las elecciones generales. Uno de ellos, que en campaña prometía ser la renovación de la política española (el otro también, pero de ese no hablaremos), terminó siendo la prolongación del tradicional partido de derecha pero con repetidos rostros nuevos.

La fachaqueta fue el símbolo que mostró al Partido Popular (PP) y a Ciudadanos como dos partidos que hacían parte del mismo empaquetado ideológico.

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Es marzo de 2016 y en las principales pasarelas de Europa se están desfilando las colecciones de las grandes casas de moda para la temporada de otoño-invierno. Balenciaga, una de las casas más icónicas de alta costura en el s. XX, está, desde hace un año, comandada por Demna Gvasalia. Gvasalia había sido creador de la marca Vetements, que hace parte de la estética del capitalismo tardío y que normalizó lo que antes había sido considerado de mal gusto: la estética callejera, deportiva e incluso de montaña. De la mano del diseñador Gvasalia, ahora la casa Balenciaga introduce en su colección las chaquetas acolchadas (o puffer jackets en inglés) y así entra en el alto mundo de la moda la chaqueta ahora usada por ministros y por presidentes.

Es interesante, dice Vanessa Rosales –critica, periodista y escritora de moda– ver cómo el puffer jacket aparece en las pasarelas de Balenciaga. En su momento fue un tema porque se trataba de las chaquetas más feas; las que se usan en los inviernos del midwest norteamericano, en buena medida en la América de Trump. Luego, dice Rosales, y a partir de ahí, la chaqueta tuvo una re significación hacia lo fashionable.

La moda se rige por un principio de búsqueda de novedad y ese principio de novedad ha cambiado. Muchas veces, dice Rosales, lo que es unfashionable, feo o adverso a lo fashionable atraviesa un proceso de transfiguración que lo vuelve deseable.

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Es llamativo el nombre: facha-queta, fa-chaqueta. Se asocia la prenda con una ideología política de extrema derecha. ¿Qué diría Mussolini si le dijeran que 100 años en el futuro una chaqueta de invierno, fabricada en China, es el nuevo icónico de su fascismo? ¿Y sí? ¿Es acaso la fachaqueta un ícono del fascismo?

La escritora de moda Elizabeth Wilson dice que el fascismo (en los años 30, al menos) erotizó el uniforme y creó una idealización fetichizada del cuerpo masculino. Una filosofía del dominio y la crueldad visible en la figura del hombre ario y rubio, un hombre-valkirio, vestido en cuero negro reluciente con una silueta agresiva.

A los uniformes del fascismo, sigue Wilson, la izquierda se ha enfrentado con el estilo bohemio. Pero mientras que el fascismo logró crear una mezcla de romanticismo, misticismo y paranoia para crear un movimiento nacional que sobrepasaba los límites de clase, el estilo bohemio de la izquierda se ha mantenido enmarcado como un estilo propio de una cierta clase (trabajadora o intelectual).

Es muy diciente, finaliza Wilson, que mientras la izquierda ha planteado ideas rebeldes o revolucionarias, su vestimenta nunca ha resultado hegemónica. Incluso, cuando la izquierda llega al poder es común ver a esos políticos vestidos con trajes elegantes de tres piezas, al estilo de la burguesía empresarial; que sugiera una pérdida del espíritu revolucionario y una sumisión a la burocracia y a los ideales del capitalismo.

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Digamos que la fachaqueta aterrizó en suelo patrio como la conjunción del término con el uso y el concepto acuñado en España y se mimetizó con el uso reiterado de la prenda por parte de representantes del gobierno y, entre ellos, el Presidente.

Vimos en los Talleres Construyendo País –una suerte de Consejos Comunitarios– cómo la chaqueta empezó a ser utilizada por Duque y sus ministros, directores de agencias y direcciones, a lo largo y ancho del territorio nacional.

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Vanessa Rosales menciona al menos tres factores en su análisis semiótico de la fachaqueta.

  1. Asocia esta chaqueta a un tipo de vestimenta masculina, criolla, normativa y heterosexual en la que, como consecuencia de la idea tradicional de que los “hombres de verdad” no cultivan su apariencia, se desentienden de la estética y optan por la uniformidad funcional en ropa de este estilo.
  2. Además, está asociada con sectores del conservatismo en distintos países. La chaqueta ha sido usada en ocasiones por políticos como Mariano Rajoy, Mauricio Macri, Theresa May y Emanuel Macron.
  3. La chaqueta abullonada responde a un clima frío. Es ubicua dentro de muchos sectores de Bogotá y podría asociarse al conservatismo cachaco. Tanto así, dice Rosales, que en sus ingeniosas y cómicas parodias de las señoras de Carulla, la escritora Carolina Sanín menciona esta chaqueta –que también tiene una destilación en chaleco. Y se pueden recordar incluso las escenas que traza Antonio Caballero en su novela Sin remedio cuando retrata a esa oligarquía bogotana de los años 70.

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Para el ensayista, periodista y crítico de televisión Omar Rincón, se trata del estilo que tiene este Gobierno. Si uno ve, dice Rincón, los últimos tres presidentes que ha tenido el país se apropiaron de un estilo para mostrar un tipo de acercamiento al ciudadano. Uribe se disfrazaba al lugar al que iba. Si iba a tierra fría, usaba ruana; si iba a la costa, se disfrazaba de costeño. Y así. Una suerte de camuflaje desde lo popular.

Álvaro Uribe visita el municipio de Aquitania en Boyacá, 2007. Imagen: Presidencia.

 

Santos, en cambio, iba elegante, como el patrón que visita la finca. Con sacos oscuros y camisas en tonos en degrade. Duque, en el fondo, dice Rincón, sigue siendo un chico de esa moda neutra traída de los montañistas. Una moda que llegó con (la marca) North Face y que luego se volvió común para todos. Es el tipo estudiante que va para Estados Unidos y hace el Power Point.

Duque no es cercano ni distante, continúa Rincón. No es el pueblo, pero tampoco es el poder. Es el chico que está estudiando todavía. No en vano todos los medios evaluaron su primer año de gobierno como el de un aprendiz. Los planes de gobierno no tienen anclajes con la realidad. La fachaqueta demuestra que ellos son turistas que se van a ver cómo es la realidad.

¿En qué medida sería una estrategia de los asesores de Duque para hacerlo vestir con fachaqueta?

Rincón responde que puede haber partes de la estrategia de comunicación que tengan que ver con distanciarlo de Uribe. Pero el que sigue mandando es Uribe. La descripción de la BBC lo dice todo: Duque es el subpresidente. Pero aunque en términos de comunicación lo están tratando de distanciar de Uribe, el distanciamiento se da con ideas, planes de gobierno y autoridad. Ninguna de las cuales ha puesto en práctica Iván Duque.

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A pesar de que el término aterrizó en Colombia en abril de este año (2019), la susodicha prenda ya había sido utilizada por distintos representantes de la clase política nacional.

En las elecciones de 2014, Santos le disputaba al candidato del (recién creado) Centro Democrático la Presidencia de la República. En esas elecciones –las segundas para Santos– fue recurrente el uso de la fachaqueta en campaña.

Mientras Uribe hacía como jefe de debate de Oscar Iván Zuluaga, el expresidente Gaviria hacía lo propio con Santos. Se subía a las tarimas de cuanto municipio hubiera para arengar al candidato que defendía la paz. Al característico tono agudo del expresidente se le sumaba una prenda que asociarían en adelante con la campaña Santos.

La fachaqueta como prenda de campaña.

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Sigamos con esto último. Porque si bien es cierto que políticos de (casi) todas las pelambres han vestido alguna vez la fachaqueta –o su hermano gemelo, el fachaleco–, no es menos cierto que cuando lo han hecho ha sido en un momento muy preciso de sus carreras: durante campaña electoral.

Santos la uso en 2014 para las presidenciales. De la Calle la usó para las de 2018. Uribe la usó ese mismo año mientras apoyaba la campaña de Duque. Mockus igual con el fachaleco. En la Alianza Verde ha sido usual el uso de fachaleco y fachaqueta durante campaña: Claudia López, Angélica Lozano y Juanita Goebertus la han usado cuando de impulsar campañas propias y/o ajenas se trata. German Vargas y Juan Carlos Pinzón la usaron durante la campaña presidencial. Lo mismo que Martha Lucía Ramírez.

Todos estos políticos han vestido la mentada prenda en momentos de campaña. Una vez han quedado electos (o se han quemado en las urnas), se han despojado hábilmente de la chompa abullonada. Es como si, una vez alcanzado el poder, ya no les fuera necesaria.

Duque, en cambio, se ha mantenido fiel a ella.

No puedo dejar de pensar (qué hago, no puedo, no puedo) en el hecho de que la fachaqueta sea de uso común para los políticos en campaña y que al mismo tiempo este Gobierno se empeñe en usarla estando ya en el poder.

Sería ramplón decir que el mero hecho de seguir usando la chaqueta es prueba de que el Gobierno no ha entendido que está en el Gobierno. Que la campaña terminó hace más de un año y ahora le toca gobernar. Que siguen, sin saberlo, en campaña todavía. Sería ramplón, digo, pero qué le vamos a hacer. Es lo que se viene a la cabeza.

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(Antes de dejarlos con la canción de la fachaqueta, hay que decir que no encontramos registro de los siguientes políticos usando la descrita prenda: Enrique Peñalosa, Holman Morris o Gustavo Petro).

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