El significado del acuerdo sobre desminado
Se completaron cuatro meses desde que las Farc y el gobierno anunciaron un acuerdo para desminar gran parte del país. Es hora de recordar las preguntas que hacía Álvaro Sierra a propósito de este desafío.
Columnista de opinión: Álvaro Sierra *
El acuerdo de desminado que anunciaron el gobierno y las Farc en La Habana el sábado 7 de febrero tiene implicaciones de fondo que no se han mencionado. Algunas van, quizá, más allá de lo que las partes prevén:
- La primera, obvia pero clave, es que se trata de la primera medida de desescalamiento del conflicto acordada, no unilateral. Esto es una señal de madurez del proceso y de confianza entre las partes. Que tendrá importantes consecuencias para la negociación.
- La segunda es que acordar un paso de desescalamiento del conflicto genera encadenamientos. Por ejemplo, ¿cómo se va a descontaminar de minas y explosivos Barbacoas, en Nariño, uno de los lugares más minados del planeta y teatro de operaciones militares contra el frente 29 y la columna Daniel Aldana de las Farc, sin que militares y guerrilleros se pongan de acuerdo para no atacarse mientras se adelanta la operación?
Este es un significativo paso más allá del cese unilateral decretado por las Farc, y lleva al gobierno –y a los militares– a tomar decisiones audaces.
Como dijo el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, para desminar será necesario hacer, de facto o formalmente, ceses bilaterales de hostilidades en los lugares que se escojan. Es decir, una medida –el desminado– lleva a otra –cese bilateral local de hecho o formal–, pues la una sin la otra difícilmente funciona.
Todo un desafío: las partes no solo tienen que convenir las condiciones sino, además, acordar cómo verificar que ambas cumplan y resolver los eventuales líos que surjan en el camino.
- Otro efecto de encadenamiento es que militares y guerrilleros van a trabajar juntos –juntos, óigase bien– por primera vez en su vida. ¿Qué efecto puede tener esto?
- ¿Y si lo que se desmina son campos cocaleros? ¿Se van a erradicar? ¿Ayudarán los guerrilleros? ¿Se hará junto con la comunidad? Todo eso sería un adelanto del acuerdo sobre cultivos ilícitos. Y una primera ruptura del mantra de la negociación de que nada se aplica hasta el acuerdo final (“nada está acordado hasta que todo esté acordado”).
- El desminado conjunto no es el primer desescalamiento. Las liberaciones de policías y soldados capturados por las Farc durante la negociación ya lo han sido. Más puntuales, pero que han contribuido a reforzar la confianza entre las partes.
En especial, la liberación del general Alzate y de dos soldados en Arauca, en noviembre del año pasado, se hizo con un mecanismo que no se había empleado y que puede considerarse la primera piedra en el camino del desescalamiento y el reforzamiento de la confianza mutua entre los enemigos. Para liberar al general y a dos soldados en operaciones separadas, viajaron desde Cuba, uno al Chocó y otro a Arauca, en un periplo coordinado por el gobierno y los garantes, los miembros del Secretariado Pastor Alape y Carlos Antonio Lozada.
Semejante paso requiere una alta dosis de confianza. Se hizo sin sorpresas y salió bien. Lo que refuerza la confianza.
- La negociación necesita producir resultados. Pero está en el punto más difícil de todos: Justicia Transicional y armar el tinglado de cese de hostilidades y dejación de armas. Eso se va a demorar. Por eso, lo que el proceso puede producir mientras hay acuerdos sobre esos puntos espinosos son más medidas de desescalamiento.
Las cuales, a su vez, generan nuevos encadenamientos y siguen reforzando la confianza.
Así, paso a paso, se acaban los conflictos armados.
* Esta columna fue publicada originalmente en el portal procesodepaz.fnpi.org de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.
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