Camilo Torres: en campos de batalla, Dios es ciego y sordo
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Camilo Torres: en campos de batalla, Dios es ciego y sordo

Staff ¡Pacifista! - Julio 10, 2015

El Teatro la Candelaria, que a propósito cumple 50 años de nacer el próximo año (y Camilo 50 de muerto), presenta desde hoy y hasta el 18 de julio, la obra de Patricia Ariza, Camilo Torres: el cura guerrillero. Un delirio, una constante danza con la rebeldía y la inquietud.

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En campos de batalla Dios es sordo y ciego, Camilo. En campos de batalla Dios es sordo y ciego, Camilo.

Camilo Torres, no el de la época de la independencia colombiana, sino el cura guerrillero, tuvo una vida delirante.

Se debatió entre una cosa y la otra, nunca se conformó con su presente y siempre fue un rebelde que se apresuró a encontrarse con la muerte. Escapó de la élite bogotana en la que había nacido el 3 de febrero de 1929. Desde antes de su sacerdocio (el 29 de agosto de 1954) hasta su muerte, vivió la religión a su manera, igual que el derecho y la sociología, con los que montó su propia facultad de sociología (y la primera en América Latina) en la Universidad Nacional (de la que fue rector en 1962).

Armó el partido el Frente Unido de Movimientos Populares, a principios de 1965, para luchar contra las elecciones del Frente Nacional y cuando iba a viajar a Bélgica ordenado por su obispo, en mayo de ese año, se unió a una apoteósica marcha estudiantil y decidió quedarse. Fue estigmatizado por los católicos, los conservadores y los de clase alta y, dos meses después de la marcha, terminó enlistándose en las filas del ELN. Cuatro meses luego, el 15 de febrero de 1966, a sus 37 años, murió en su primer combate en Patio Cemento, Santander. Vivió y murió por la causa: luchar contra la injusticia social.

Y así como la vida de Camilo fue un delirio —una constante danza con la rebeldía y la inquietud —, la obra de teatro sobre Camilo, también lo es.

El Teatro la Candelaria, que a propósito cumple 50 años de nacer el próximo año (y Camilo 50 de muerto), presenta desde hoy y hasta el 18 de julio, la obra de Patricia Ariza, Camilo Torres: el cura guerrillero.

 

El escenario está alumbrado con amarillos, violetas y visuales que recrean el paisaje de momentos de la vida del cura guerrillero. Las acciones están acompañadas de tango, música popular y coreografías. Los diálogos, entre muchos, son pensamientos de Camilo extraídos de diarios, cartas, libros, películas y conversaciones, llenos de delirio, de contradicciones que él no soportaba, de decisiones que no podía tomar.

13 actores y actrices le dan vida de nuevo a Camilo Torres desde una perspectiva teatral, que aunque raya en lo biográfico y lo histórico es, ante todo, una pieza artística porque es en el cuerpo de estos 13 que el espectador logra delirar junto a la historia, y entender su debate entre la mística y la rebeldía, la ciudad y el campo, la élite y la igualdad social, la democracia y la protesta, la vida y la muerte.

“En el grupo no somos católicos ni sociólogos, pero Camilo es un personaje maravilloso que representa lo que es Colombia. Él es un mapa de Colombia. En su vida se reúnen el catolicismo, el conflicto armado y social, el afán por hacer justicia, la necesidad de la insurgencia para hacer un cambio y la muerte en combate”, dice Patricia Ariza y cuenta que Camilo siempre predicó el amor del catolicismo “pero desde su pureza, desde lo que implica el amor al prójimo”, y recuerda que cuando lo veía en las fiestas, dictando clase o dando discursos, nunca lo pudo asociar con un sacerdote porque su porte y actitud eran muy diferentes a lo convencional.

Patricia, que siempre se ha caracterizado en sus obras por resaltar a los rebeldes de Colombia que han intentado luchar por la igualdad del pueblo, es precisamente la abanderada de la creación de esta obra. El proceso de investigación duró un año y consistió en el estudio de documentos históricos pero también de escarbar en las entrañas de la vida de Camilo para poder encarnar al personaje desde su intimidad, su debate mental y emocional. De la unión de datos históricos, conversaciones con cercanos, cartas, libros y propias intuiciones, el grupo armó a un Camilo en cada época de su vida contando lo que cada actor interiorizó del personaje.

 

“La historia de Camilo Torres ha sido tapada por la oligarquía que se ha mantenido en el poder. Esta obra me ha dado la opción de acercarme a Camilo y entender por qué tomó la decisión de irse de la religión para unirse a la política con justicia social. Tal vez si él existiera hoy no se hubiera levantado en armas, pero seguro, con más argumentos, hubiera sido el rebelde que fue”, dice Camilo Ernesto Amórtegui, que apropósito le debe su nombre a dos revolucionaros, el cura guerrillero y Ernesto ‘El Che’ Guevara.

Camilo Torres, que hoy es un personaje más lleno de olvido que de memoria, es la encarnación de la rebeldía que deja hoy muchas lecciones: sacó la religión a las calles, a los barrios más pobres, a los obreros y campesinos, y fue castigado por eso. Pero también llevó al límite sus acciones, fue extremista, como los de izquierda de su época y se apresuró a encontrar la muerte.

Sus contradicciones, su afán, su vida terminada prematuramente, dejan ese sinsabor tan propio de la guerra que arrebata a grandes personajes. Hoy, la obra Camilo Torres: el cura guerrillero, es un acto de memoria que excusándose en el teatro logra unir materiales didácticos, elementos surreales, música que aliviana el discurso ladrilludo político-social, permitiendo, no solo a los actores encarnar los diferentes Camilos, sino al espectador meterse también en sus entrañas.

“Camilo no es víctima, ni victimario, Camilo es una posición. En esta obra me surge una pregunta: ¿Qué es ser rebelde hoy? Más allá de ser Camilo, o cualquiera, se trata de aprender de ese pasado. ¿Qué es la rebeldía hoy? Es reconocer el discurso de la diferencia, es reconocer al otro, es lograr un socialismo poético casi que mamador de gallo, porque por ser trascendental y totalitario, como en la época de Camilo, fue que terminó de esa manera”, explica César Badillo, otro de los actores, que se faja uno de los monólogos que reúne la esencia de la obra:

¿De quién son todos esos cuerpos que encima de otros: izquierda derecha, izquierda derecha, de quién son todos esos cuerpos que encima de otros cuerpos llevan a enterrar? De quién son todas esas lágrimas que nadie secará? Señor obispo, graaaaah, ¿cree que no hay sangre en sus botines? Ahí tiene una escalera con cráneos y tibias para que suba al cielo que es lo que usted pretende.

 

En el escenario del Teatro la Candelaria volverá a la vida el Camilo sociólogo, el Camilo sacerdote, el Camilo profesor, el Camilo activista, el Camilo opositor, el Camilo cura, el Camilo guerrillero, el Camilo muerto en combate, el Camilo buscado por su madre Isabel, el Camilo NN…

“Él creyó, así como creía en Dios, que la salida era la lucha armada. En ese momento, las insurgencias de izquierda estaban triunfando en América Latina. Claro, ahora estamos en otra época, en medio de un proceso de paz, y por eso, de alguna manera en el grupo, queremos que esta obra sirva para explicar que para hacer la paz necesitamos el relato, comprender los orígenes de la guerra, y no solo desde la historia, sino desde el arte también, porque es por medio del arte que las personas están más dispuestas a entender”, dice Patricia. “El arte indaga terrenos otras disciplinas no indagan, porque este trabaja sobre la singularidad y las emociones”.

El Teatro abre sus puertas hoy, a la espera de un público expectante que delire con la historia de Camilo. Tal vez acudan católicos, derechistas, izquierdistas, rebeldes… No importa, porque algo queda claro y es transversal a todos: el amor no puede ser una declaración política, porque en campos de batalla Dios es sordo y ciego, Camilo. En campos de batalla Dios es sordo y ciego, Camilo.

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Lugar: Calle 12 no. 2-59
Hora: 7:30 p.m.
Horario de venta de boletas: 9:00 am a 5:00 pm
General: $24.000
Estudiantes y tercera edad: $12.000
Más información aquí.