Las UVAS, esos espacios de reconciliación en las comunas de Medellín Exposición itinerante de memoria. Foto: cortesía.
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Las UVAS, esos espacios de reconciliación en las comunas de Medellín

Juan Pablo Sepúlveda - Diciembre 7, 2018

En cinco barrios de Medellín se hizo una exposición itinerante sobre la memoria de la ciudad: un repaso de lo bueno y de lo malo, de lo que provocó orgullo y de lo que causó dolor.

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El Popular es uno de los barrios más elevados y remotos de Medellín. Como otros de la ciudad, este un barrio de invasión: construido principalmente por habitantes de otras regiones del país víctimas de desplazamiento forzado. El Popular alberga a 122.067 personas, según el DANE .

Las lomas escarpadas de este barrio y sus aceras empinadas han sido escenarios de confrontaciones entre bandas, comisión de delitos y líos por fronteras invisibles. En 2018, según un habitante del barrio,  se siente “un aire tranquilo en las mañanas y en las noches no se escuchan tantas balas como antes”. La comunidad del Popular está luchando por preservar la tranquilidad, la memoria y la infraestructura valiosa que tienen, como el metrocable.

El Popular hace parte de la Comuna 1 de Medellín, al noroccidente de la ciudad. Si se sigue subiendo después de llegar al barrio se llega a una zona rural, y unos metros más hacia el occidente empieza la jurisdicción de Bello, otro municipio antioqueño. En la cima de la montaña, donde solo suben el metrocable y algunos buses, queda una Unidad de Vida Articulada (UVA), creadas por la administración de Aníbal Gaviria. Las UVAS le apuestan a crear espacios comunitarios alrededor de los sitios donde hay tanques de agua que abastecen a las comunidades. Estos lugares, que antes fueron escenarios de crimen, ahora están iluminados y tienen parques a su alrededor.

Así se ven las Unidades de Vida Articuladas, UVA. Foto: cortesía.

Medellín es memoria viva 

Dentro de la UVA del Popular 1 —llamada Nueva Esperanza— hay actividades todo el tiempo: se hacen talleres con la comunidad en salones; grupos de niños corren y ríen en los juegos del parque, se dan clases en salas con computadores  y hay espacios tranquilos para pasar el rato con una buena vista. En la programación de la UVA, por estos días, hubo hay una exposición itinerante del Museo Casa de la Memoria y un conversatorio entre vecinos. La exposición se llamó Medellín es memoria viva y  tuvo un objetivo concreto: hablar de lo bueno y lo malo de Medellín, de las luces y las sombras que la atraviesan.

Dentro del salón de la UVA hay varios vecinos del Popular. La exposición comienza con una facilitadora pedagoga, de la Fundación EPM, dando una explicación: la exposición se basa en que Medellín se destacó ante el mundo tanto por sus problemas como por hacer de sus derrotas oportunidades.

Empezó un breve repaso por la historia reciente de Medellín. Años 70, 80 y 90, y los vecinos escuchaban en silencio. La idea de la conversación consistía en que no se escondiera ni se olvidara el pasado. Se habló de la migración urbana, del narcotráfico y la guerra que trajo, de los barrios de invasión, del sicariato, de las bandas criminales, del cartel de Medellín, de que la ciudad fue la ciudad más violenta del mundo en 1991 y hasta de los casos de corrupción en los últimos años.

Medellín es memoria viva, según sus realizadores, fue una “intervención cultural para la construcción de memoria y reconciliación”. Se presentó como una exposición itinerante en 5 UVAs: La Alegría (en el barrio Manrique), El Encanto (en el 12 de Octubre), Mirador de San Cristóbal (en San Cristóbal), Ilusión Verde (en El Poblado) y en Nueva Esperanza (Popular). La exposición se hizo desde el 5 de mayo hasta el 25 de noviembre pasado y benefició a más de 30.000 personas. Buscó “comprender lo ocurrido y promover nuevas narrativas desde el arte y la cultura para hacer pedagogía de paz y reconciliación”.

‘A uno se le olvidan muchas cosas, se le queda solo lo malo’

En Nueva Esperanza se habló aún más de Medellín. Además de sus problemas, también se repasó la historia de la duplicación de la población de la ciudad en los años 70, la marcha de los claveles rojos, la importancia de Héctor Abad Gómez para la ciudad, la revolución urbana y arquitectónica que se dio a finales del siglo pasado, las luchas por conseguir la instalación de servicios básicos por parte de las comunidades, el “enroque paisa” (empresarios que se unieron en 1972 para defender el patrimonio industrial de Antioquia), el Nadaísmo como corriente cultural y filosófica, y otros hitos de Medellín. “Se trata de resaltar las resistencias”, explicaron los realizadores del proyecto.

La conversación terminó entre vecinos hablando de sus familias, de sus problemas personales y hasta de alcaldes y presidentes. Lo que comenzó como una especie de clase de historia terminó como un espacio de socialización comunitaria, de aclaración de dudas y esparcimiento. Fue un espacio de construcción de confianza.

“A uno se le olvidan muchas cosas”, decía Yuri, de unos 30 años. Ella, como asistente de la exposición, hizo un resumen de lo que sintió: “A uno se le queda es lo malo: que Pablo Escobar, la violencia, el narcotráfico, la prostitución. Debería ser también lo bueno”. Jaime, otro vecino, apuntó que “siempre que haya desigualdad se va a producir intolerancia y violencia”, y Estela dijo que “yo creo que nos vulneran los derechos porque no leemos, por falta de educación”.

La exposición en la UVA Nueva Esperanza. Foto: Cortesía.

Lina Velásquez es una de las mediadoras del proyecto, una de las personas que acompañan la exposiciones.  “Lo que más me gustó fue el carisma de las comunidades. Les gusta ser muy partícipes en todas las actividades, como una forma de construcción de paz”. Para Velásquez, la importancia de estas actividades está en que “el conflicto se vivió fuertemente en Medellín, especialmente en la década de los 80 y 90. Ahora  queremos integrar a la comunidad y generar un espacio de diálogo y reflexión acerca de toda esa violencia. Es importante conocer la historia de la ciudad que habitamos, es importante recordar y hacer memoria porque esto es una forma de reconocernos como sobrevivientes a las situaciones complejas que hemos vivido y generar aprendizajes sobre cómo hemos avanzado”. Lina es estudiante de Trabajo Social, y vive a cinco cuadras de la UVA Nueva Esperanza. 

Brian

Brian. Foto: cortesía

A Brian Rojas no le tocó la peor etapa del conflicto como a otras personas de Medellín. Tiene 13 años: nació cuando Álvaro Uribe ya era presidente y Pablo Escobar llevaba 12 años muerto. Brian quizás no vivió la época de la ciudad de las bombas, los toques de queda ni los sicarios, pero sí ha vivido entre fronteras invisibles, microtráfico y bandas. Le gusta ir a las exposiciones a la UVA porque su curiosidad e interés por Medellín.

“Para mí la ciudad es muy progresiva”, opina Brian. “Medellín tiene mucho potencial para salir de los problemas, resolverlos y ser mejor (…) Conozco de Medellín porque vivo acá, porque mi abuelo me cuenta historias y por esta exposición. Estar aquí me permitió ver la historia de Medellín y compararla con el presente. Siempre que había un problema grave, la ciudad iba buscando una solución. Luego otro problema, y así”.Brian quiere escribir un libro con sus memorias motivado por la exposición de Medellín es memoria viva.

“Hay mucha gente que no conoce la historia, y esta exposición abrió los ojos para que se vea cómo fue la situación de Medellín hace unos años”, dijo Jaime Carmona, habitante del barrio Manrique y abuelo de Brian. El joven vive con su abuelo y sus dos tíos en una casa de Manrique y hace el viaje hasta el Popular para participar de las actividades en la UVA.

“Yo quiero ser astrónomo”, sigue Brian. “Creo que Medellín puede tener esa oportunidad para mí, y cuando salga del colegio, seguro deben haber más oportunidades”. La ciudad son las historias de su pasado y la memoria que aún tiene por contar.