Las fallas de la ONU en Sudán: lecciones para el sostenimiento de la paz | ¡PACIFISTA!
Las fallas de la ONU en Sudán: lecciones para el sostenimiento de la paz
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Las fallas de la ONU en Sudán: lecciones para el sostenimiento de la paz

Staff ¡Pacifista! - Junio 23, 2016

Médicos Sin Fronteras asegura que el equipo de la ONU en Sudán del Sur se quedó de brazos cruzados durante una masacre en un campo de refugiados.

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La Misión de las Naciones Unidas en Sudán del Sur opera un Centro de Protección de Civiles en la ciudad de Malakal. Foto: Médicos Sin Fronteras

Una vez el Gobierno y las Farc pongan en marcha el cese bilateral del fuego, quien vigilará que las partes cumplan su palabra de parar la guerra será una misión política del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU). El nuevo cuerpo estará integrado por civiles provenientes de algunos de los 33 países de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), y se sumará a las 16 misiones de mantenimiento de la paz que la ONU sostiene en igual número de países de África, Medio Oriente y Centroamérica.

Pero la ONU llegará a Colombia con un duro cuestionamiento a sus espaldas. Justo este martes, un día antes de que el Gobierno y las Farc anunciaran que llegaron a un acuerdo parcial sobre el punto del fin del conflicto, la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) dio a conocer un informe en el que asegura que la Misión de las Naciones Unidas en Sudán del Sur (Unmiss) falló en su misión de proteger a los civiles y se cruzó de brazos frente a una masacre ocurrida en un campo de refugiados.

Y aunque la misión que llegará a Colombia, a diferencia de la Unmiss, sólo tendrá labores de monitoreo y verificación y no podrá contar con personal militar, lo ocurrido en Sudán del Sur es un campanazo de alerta frente a las serias fallas que pueden presentar los esquemas de asistencia y protección a cargo de Naciones Unidas, cuya labor también se ha visto gravemente empañada por acusaciones de violencia sexual por parte de personal militar en Congo y Haití.

El caso de Sudán del Sur ocurrió los pasados 17 y 18 de febrero, en el Centro de Protección de Civiles que tiene la Unmiss en la ciudad de Malakal. Según Médicos Sin Fronteras, en días previos a la masacre, esa y otras organizaciones humanitarias notaron tensiones entre las comunidades étnicas que habitan el Centro y cuyos dirigentes sostienen una guerra por el poder político en Sudán desde 2013.

Las oenegés también se enteraron del ingreso clandestino de armas e insurgentes disfrazados y de la ruptura de las vallas que protección del refugio, donde conviven cerca de 47 mil personas. Ante esos problemas y, pese a estar enterada, la Unmiss no habría tomado medidas efectivas.

Es por eso que, asegura MSF, en la noche del 17 de febrero empezó una confrontación dentro del refugio, con armas de fuego y granadas, lo que ocasionó el desplazamiento de 600 personas. Luego de una tensa calma, y a las 11 de la mañana del día siguiente, hombres armados provenientes del exterior le prendieron fuego a buena parte del campo. Mientras tanto, los refugiados se movilizaban a la puerta que comunica el Centro con el área donde se aloja el personal de la ONU, que durante buena parte del tiempo les habría prohibido la entrada y habría movilizado sus tanques para protegerse de posibles saqueos.

Así quedó el Centro de Protección de Civiles de Malakal después del ataque. Foto: Médicos Sin Fronteras

Los reportes de MSF indican que 180 personas resultaron heridas mientras huían o recibieron disparos y cortes con machetes. Al menos 18 personas que alcanzaron a llegar al hospital de MSF murieron, incluyendo dos funcionarios de esa organización humanitaria. En cuanto a los cuerpos hallados en terreno, Naciones Unidas informó que se trataba de 25, mientras que los líderes de las comunidades reportaron 65. La acción del fuego también destruyó el 35% de las estructuras del Centro y los refugios de 6.700 familias. Más de 30 mil refugiados resultaron desplazados dentro de las instalaciones.

De acuerdo al informe de MSF, la Unmiss le habría dicho a varias agencias internacionales que no pudo actuar la noche del 17 de febrero porque la oscuridad no les permitía ver a los soldados. En cuanto al día siguiente, todo apunta a que el personal militar tuvo que esperar a recibir órdenes del más alto nivel, por lo que la respuesta fue tardía: sólo hasta empezada la tarde ingresaron al Campo, cuando ya había ocurrido la devastación.

Teniendo en cuenta esos retrasos e irregularidades, Médicos Sin Fronteras concluyó que la Unmiss “incumplió su mandato de salvaguarda de la población” y cuestionó el hecho de que los demás organismos humanitarios que trabajan en la zona dependieran de la ONU para poder actuar en el Campo, lo que los dejó “con las manos atadas e incapaces de responder a las tremendas necesidades de los desplazados durante esta crisis”.

Por eso, dijo que “hay problemas fundamentales cuando las agencias humanitarias operan bajo el paraguas de seguridad de un organismo que no es suficientemente capaz de medir el riesgo en relación con las necesidades humanitarias. Esto es problemático y claramente inadecuado para el manejo de situaciones en las que hay un alto potencial de recrudecimiento de la violencia”.

Raquel Ayora, directora de operaciones de MSF, declaró que “la Unmiss no cumplió con su mandato de protección de la población civil tal y como se estableció en el Consejo de Seguridad. Antes del ataque, no pudieron evitar la entrada de armas en el campo, eligieron no intervenir cuando el enfrentamiento inicial comenzó y cuando el ataque llegó desde el exterior fueron extremadamente lentos para repelerlo”. Todo ello habría ocurrido, según esa organización, por “la normativa de seguridad de Naciones Unidas”, que busca proteger a toda costa a sus funcionarios.

Por ahora, la ONU no ha hecho públicas sus investigaciones sobre la masacre, que ocurrió en el seno de sus instalaciones, donde se supone que estaría a salvo la población civil.