La paz, el tema que enfrenta a Gina Parody con su antiguo jefe político
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La paz, el tema que enfrenta a Gina Parody con su antiguo jefe político

Juan David Ortíz Franco - Julio 6, 2015

La ministra de Educación bombardeó al uribismo con una seguidilla de críticas vía Twitter. Una antigua alfil de las ideas de Uribe, ahora lo cuestiona por su discurso frente a la paz y los vínculos de sus colaboradores con el paramilitarismo.

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Duarnte sus más de seis años en el Congreso Gina Parody fue una de las más frontales defensoras de las tesis de Álvaro Uribe Vélez. Foto Ministerio de Educación.

 

Era agosto de 2008 y Gina Parody decía en una entrevista para El Tiempo que le había preocupado la extradición de los jefes paramilitares -que el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez ordenó en mayo de ese mismo año- por la condena que los antiguos cabecillas de las AUC podrían recibir de la justicia de Estados Unidos. “La experiencia es que no colaboran lo suficiente y a los tres años están viviendo en Palm Beach. Yo no quiero ver a Mancuso así”.

Esa, junto con las críticas que formuló a la ley de Justicia y Paz –que permitió la desmovilización paramilitar–, y a la posibilidad de una segunda reelección del presidente fueron algunas de las pocas diferencias que dejaba entrever la entonces senadora, una de las figuras más visibles del uribismo para ese momento.

En las demás líneas que aparecen publicadas en esa nota de prensa, Gina no escatima en elogios para Uribe. Dice que es una persona tranquila, que ella, pese a su desacuerdo, le ofreció votar a favor de la ley de Justicia y Paz, y que el mandatario le respondió que jamás le pediría actuar en contra de sus convicciones. Para ese momento tenía en un lugar destacado de su oficina en el Congreso una foto de la familia presidencial y dijo que en un su casa también tenía su “uribito”; pero aclaró que, de concretarse una segunda reelección, el uribismo se quedaría en su corazón, pero se iría a estudiar.

Pasaron los meses, y mucho antes de una decisión de fondo sobre la viabilidad de un referendo para permitir una segunda reelección de Uribe –que finalmente fue declarado inexequible por la Corte Constitucional en 2010- Gina renunció al Congreso y le tiró la puerta en la cara al uribismo y a su propia colectividad, el Partido de la U. En efecto, se fue a estudiar.

Ocurrió hace ya más de seis años. Gina Parody, una de las senadoras más activas de la coalición de Gobierno que se formó alrededor de la figura de Álvaro Uribe Vélez, dejó entrever mayores diferencias con el proyecto político que la había llevado a la Cámara de Representantes en 2002. Porque si bien su credencial la obtuvo como candidata de un movimiento independiente, fue Uribe quien promovió su figura y luego la convirtió en una de sus legisladoras más consentidas.

“No puedo seguir siendo parte de un proyecto político en el que no me siento cómoda y ya no comparto”, dijo la senadora al explicar su renuncia en un programa radial. También ratificó su desacuerdo con otros asuntos de gobierno y, entre ellos, puso énfasis en la forma como se manejó el proceso de desmovilización de los paras.

Pero la política, además de ser dinámica, también da revanchas. Hace poco más de una semana la justicia de Estados Unidos condenó a 15 años de cárcel a Salvatore Mancuso, el jefe paramilitar que Gina puso de ejemplo en su entrevista de 2008 para cuestionar, con algo de timidez, la decisión de Uribe de extraditar a un grupo de cabecillas de las autodefensas para que respondieran primero por sus cargos de narcotráfico en Estados Unidos que por sus delitos de lesa humanidad en Colombia.

Tal y como lo predijo la actual ministra de Educación del gobierno de Juan Manuel Santos, el temor de las víctimas es que una vez Mancuso cumpla su condena –en menos de cinco años por el tiempo que ya lleva recluido- su colaboración con la justicia de Estados Unidos le sea tenida en cuenta para que ese país le conceda autorización para permanecer en ese territorio, tal vez en Palm Beach, y no regresar a Colombia a responder por los procesos que tiene pendientes.

Y ahora, en medio del panorama de polarización alrededor del proceso de paz, la ministra abrió un paréntesis en los temas de su cartera y convirtió sus críticas en trinos. El domingo, durante dos horas, se dedicó a lanzarle dardos al propio Uribe y al gobierno que antes defendió desde su curul en el Congreso.

Aseguró, entre otras cosas, que los vínculos entre el uribismo y el proyecto paramilitar siempre fueron evidentes. Volvió sobre el tema de Justicia y Paz, el foco de su desencuentro con el gobierno anterior, y dijo que mientras ahora se cuestiona la posibilidad de que exista impunidad en el proceso de paz con las Farc, “(…) A los paras le dieron un acuerdo de amigotes con impunidad, sin justicia y con beneficios para narcos”. Y agregó que el acuerdo con esa organización, que se ratificó en la denominada zona de ubicación de San José de Ralito, fue un “desarme con perdón y olvido sin verdad, justicia ni reparación”.

El uribismo juzga por su condición. A los paras le dieron un acuerdo de amigotes con impunidad, sin justicia y con beneficios para narcos.

También recordó el episodio del ingreso a la Casa de Nariño del paramilitar Antonio López Jiménez, alias “Job”, uno de los hombres más cercanos a Diego Fernando Murillo Bejarano, alias “don Berna”, otro de los jefes paramilitares extraditados.

Habló de los procesos judiciales que avanzan en contra de muchos antiguas fichas clave del uribismo, de la existencia de un computar de Salvatore Mancuso con pruebas sobre algo que no precisó y, finalmente, afirmó que “hacer la paz con enemigos es una cosa. Eso hace el presidente Santos con las Farc. Fácil era proceso con paras para perdonar a los amigotes”.

La justicia persigue a criminales por sus relaciones con los paras. Que muchos sean uribistas no habla mal de la justicia…

En fin. El memorial de agravios en contra de su antiguo jefe político fue extenso y la relación con los paras, el tema de la paz y la negociación con la guerrilla aparecieron como eje central.  Por supuesto, el uribismo respondió.

El expresidente lo hizo sin referencias directas. Aseguró que las palabras de Gina surgían para “distraer” el “fracaso” del gobierno Santos. Otros, como el excandidato presidencial Óscar Iván Zuluaga fueron más explícitos y dijeron que “un ministro de Educación responsable y educado no maltrata la verdad haciendo señalamientos injuriosos e irrespetuosos”.

Pero las reacciones subieron aún más de tono y pasaron al plano personal. El senador José Obdulio Gaviria trató de convertir las preferencias sexuales de la funcionaria en un argumento en su contra. “Lagarta rica y gay es una ‘estadista santista’. Lagarta pobre y heterosexual es una “pobre politiquera” ¡Pero son lo mismo! #GinaLagarta”, escribió Gaviria en su cuenta de Twitter. El intento le salió mal. Borró el trino pocos minutos más tarde, pero su comentario alcanzó a desatar una oleada de críticas. Algunas de ellas, incluso, pidieron investigarlo por discriminación.

 

Horas después de su seguidilla de trinos, la ministra aseguró que no tiene nada que rectificar. Desde el uribismo le preguntan por qué estuvo durante más de seis años en un gobierno al que ahora acusa de vínculos con la ilegalidad. Ella respondió que tan pronto lo supo renunció. Más allá de la altura o de la bajeza de los argumentos, en el fondo lo que queda de la más reciente pelea vía Twitter entre el santismo y el uribismo es que el tema de la paz y el camino para conseguirla sigue siendo un campo de batalla.