Así cambió el discurso de Santos, “Timochenko” y Uribe en este año que termina | ¡PACIFISTA!
Así cambió el discurso de Santos, “Timochenko” y Uribe en este año que termina
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Así cambió el discurso de Santos, “Timochenko” y Uribe en este año que termina

Staff ¡Pacifista! - Diciembre 29, 2015

2015 fue un año de tensiones, pero también de puntos de encuentro entre las distintas posturas sobre la paz.

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El presidente que le dio la mano al jefe de las Farc

Juan Manuel Santos, el mismo que como ministro de Defensa ordenó ejecutar la operación Odiseo, en la que murió “Alfonso Cano” en 2011, es el presidente que se hizo un lugar en la historia de Colombia el 12 de septiembre de 2015. Ese día, Santos firmó un acuerdo parcial con las Farc en el tema de justicia y le dio en un apretón de manos a Rodrigo Londoño Echeverri, alias “Timochenko”, el sucesor de “Cano” en la comandancia de esa guerrilla.

Ese acto, que simboliza los avances en la negociación, hace parte de una serie de declaraciones y posturas públicas que demuestran un cambio en el discurso del jefe de Estado en relación con las Farc y con la terminación del conflicto armado.

En 2015, el logro de acuerdos en cinco de los seis puntos de la agenda llevó a que se escuchara cada vez menos a Santos cuestionando la ‘verdadera voluntad de paz de las Farc’ o diciendo que la ‘paciencia de los colombianos se estaba agotando’, como se le oyó decir en otras ocasiones. En cambio, adoptó un tono optimista, de cara a un acuerdo definitivo.

“Nunca habíamos estado tan cerca a la paz. Las negociaciones han adquirido un nuevo ritmo y avanzan hacia la firma del acuerdo que pondrá fin al conflicto armado en Colombia”, dijo en una alocución, luego de que se anunciara el acuerdo en el punto de víctimas a comienzos de diciembre.

Sin embargo, hechos como la muerte de 10 soldados en una ataque de las Farc en Cauca, en una época en la que la que esa guerrilla se encontraba en cese unilateral del fuego, fueron respondidos con expresiones de rechazo.

En esa oportunidad, Santos no solo levantó la orden de suspender bombardeos que había dado semanas atrás, sino que ordenó una ofensiva militar que produjo, entre otras, la muerte de 26 integrantes de las Farc en el Cauca, en mayo de 2015.

Sobre ese hecho, el Presidente sorprendió pocas horas después, cuando dio paso a un lenguaje mucho más conciliador y dijo que los guerrilleros ‘también eran colombianos’ y que era necesario “dejar de alegrarnos por (sus) muertes”.  Igualmente, reconoció el dolor de sus familias y dijo que le había ordenado a Medicina Legal identificar los cadáveres. “No más guerrilleros enterrados como NN, las familias podrán reclamarlos como corresponde”, dijo en esa ocasión.

Un mes más tarde, en una entrevista concedida al canal RCN, Santos declaró que era necesario “desescalar el lenguaje” contra las Farc y dejar de llamarlos “bandidos”, “narcotraficantes” y “terroristas”, calificativos que se usaron frecuentemente durante el gobierno de Álvaro Uribe, del que el hoy Presidente fue ministro de Defensa. Todo un revolcón en el discurso que se irradia desde la Casa de Nariño, que ya ha tenido efecto en las comunicaciones externas de las Fuerzas Militares.

Un guerrillero de guayabera

Un guerrillero recio, radical, vestido de camuflado. Escupía un discurso casi a los gritos, en medio de la selva. Hablaba de “la victoria de la causa popular”, de la “asquerosa campaña mediática contra las Farc”. Era mayo de 2008 y Rodrigo Londoño Echeverri, alias “Timochenko”, confirmaba en un video la muerte de Manuel Marulanda Vélez, alias “Tirofijo”, fundador y comandante de esa guerrilla.

Sin embargo, desde 2012, cuando se hizo público el inicio del proceso de paz, su tono tomó un aire diferente. En otro video habló de la participación de los colombianos en los diálogos, de la “entereza de los soldados y policías”, de que era un error pensar que la derrota del enemigo era el único camino a la paz. Aunque todavía de camuflado, sus palabras parecían tener un norte distinto.

Pero seguramente fue desde septiembre pasado, con la firma del acuerdo inicial sobre el tema de justicia, cuando Colombia conoció una faceta completamente distinta del comandante guerrillero. Un hombre de guayabera, con un tono mucho más pausado, habló en La Habana sobre los derechos de las víctimas, la justicia restaurativa y la reparación.

Luego, en una entrevista con la exsenadora Piedad Córdoba para Telesur, “Timochenko” insistió en muchas de sus posturas sobre la vigencia de lucha armada y dijo no querer pedir perdón a las víctimas, pero sí reconoció que las Farc tenían muchas responsabilidades por asumir y ratificó su voluntad de lograr la firma de un acuerdo final antes de marzo de 2016.

El opositor a los acuerdos

Que el proceso de paz es “un chiste” dijo en mayo el expresidente y senador por el Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez. Esas palabras, que en muy poco se diferencian de las que ha utilizado desde el inicio de los diálogos entre el Gobierno y las Farc, llegaron luego de que el presidente Juan Manuel Santos anunciara que se había facilitado un encuentro en La Habana entre los máximos líderes de esa guerrilla y los del Eln.

El 2015, sin embargo, sí trajo algunas sorpresas en relación con el discurso del expresidente. Una de ellas ocurrió en junio, cuando en uno de los momentos de mayor confrontación armada Uribe habló de suspender las conversaciones.

Vea también: De la Calle y Uribe, el encuentro que parecía imposible

Se trató de un comunicado conciliador, tal vez más propositivo de lo acostumbrado: “el avance del diálogo debe suspenderse sin levantar la mesa, quiere decir que por respeto a las Fuerzas Armadas y a nuestra democracia, el diálogo debe congelarse mientras se cumple la condición del cese de actividades criminales, con concentración de los integrantes de Farc y con vigilancia.  Sin levantar la mesa significa mantener toda la voluntad de dialogar, mantener la presencia de delegaciones dedicadas a buscar, de manera exclusiva, el cumplimiento de la condición”. De esa forma, planteó la idea de concentrar a los guerrilleros para declarar un cese al fuego bilateral.

Luego,  Uribe presentó varias críticas y propuestas al acuerdo final sobre víctimas y justicia transicional  al que llegaron el Gobierno y las Farc.  En esa línea, el senador asombró a la opinión pública cuando declaró que “no aceptamos tratar esto como un conflicto interno, pero si necesitan tratarlo como tal para garantizar la paz, que lo traten como un conflicto unilateral”.

Pocos días después reafirmó su postura y dijo que aceptaba tratar a la guerrilla “como actor político unilateral”, lo que traería como consecuencia el sometimiento de sus integrantes a la Jurisdicción Especial para la Paz, excluyendo de ese sistema a miembros de las Fuerzas Armadas y a civiles que hayan participado en el conflicto.

Dos propuestas controversiales, porque un solo bando no puede hacer la guerra y, además, porque el extenso conflicto colombiano ha involucrado a múltiples y variados actores, que han victimizado de muchas maneras a la población civil. De ahí que las Farc y el Gobierno hayan considerado someter a todo los participantes al mismo sistema, aunque con tratamientos diferenciados para el caso de policías y militares.

De cualquier manera, Uribe y sus copartidarios ya empezaron a esbozar una campaña por el NO a la refrendación, toda vez que no comparten la manera como las partes han negociado y lo que han pactado hasta ahora.

El verdadero pulso se dará en 2016, cuando a través de distintos discursos el Gobierno y las Farc, por un lado, y el uribismo, por el otro, se embarquen en la difícil tarea de convencer a los colombianos de apoyar o rechazar los acuerdos en las urnas.